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CADA MES, EN ESTA PAGINA, GRATIS Y POR GENTILEZA DE JORDI SIERRA I FABRA, UN POEMA, UN CUENTO, O EL FRAGMENTO DE UNA OBRA RECIEN EDITADA


 
    Queridos amigos y amigas:

    Durante casi 40 años, me habéis regalado vuestra amistad a través de la lectura de mis libros. La mejor forma que tengo de agradeceros esta fidelidad es abriendo esta ventana a través de la cual yo también os podré regalar un poco de mí a vosotros y a vosotras. Como dice el encabezado, cada mes tendréis aquí un avance de alguna novela, un poema... algo con lo que acercarnos más y seguir compartiendo aquello que más amamos, los libros, y toda la esperanza que despositamos en ellos. 
     Gracias y hasta siempre.

    Jordi Sierra i Fabra


   A PETICION DE NUMEROSAS Y NUMEROSOS FANS, QUE CUANDO SE INICIO ESTA SECCIÓN AUN NO VISITABAN ESTA WEB, RECUPERAREMOS DE VEZ EN CUANDO ALGUNOS DE LOS POEMAS APARECIDOS EN LOS AÑOS ANTERIORES INTERCALADOS CON LOS NUEVOS. 


EL POEMA DE SEPTIEMBRE 

                   
No me hagas daño
La inseguridad provoca más cicatrices que la guerra
La seguridad es un gran pájaro de alas de plomo
                    No me hagas daño
Me he sentido alto mucho tiempo sin ver el sol
Me he sentido bajo mucho tiempo sin ver el suelo
                    No me hagas daño               
Gandhi dijo: «La peor violencia es la indiferencia»
Yo digo: «La peor soledad es la de mi amor por ti»
                    No me hagas daño
Mis brazos son un ánfora de barro húmedo al abrazarte
Mis piernas se doblan como una caña al sentirte
                    No me hagas daño
Cuando hayamos destruido el mundo descubriremos
que el dinero no se come ni sirve para sembrar
                    No me hagas daño
El amor es un cántaro con cien agujeros
Bebes por uno pero el agua se te escapa por los restantes
                    No me hagas daño
La vida es una novela que siempre acaba mal
Muere el protagonista
                    No me hagas daño

EL POEMA DE AGOSTO

Siento rabia.
La furia de la tormenta
interior.
Lengua de fuego que me devora,
consume.
Rabia del tiempo perdido.
Rabia de tanta ausencia.
Cada  luna es una noche que se ha ido.
Ningún sol te da calor
bajo el hielo de la muerte.

                    (Central Park, 10-5-08) 

EL POEMA DE JULIO

    Bip

Bip-bip-bip
Soy Jordi
Bip-bip-bip
Comunicando
Bip-bip-bip
¿Dónde estás?

Espera
No me escuchas
No te escucho
Bip-bip-bip
Bip-bip-bip
Bip-bip-bip

Jordi, Jordi, Jordi
Constructor de ilusiones
Creador de sueños
Escritor de vacíos
      que se van llenando
            perdiendo
                   olvidando

Bip-bip-bip
Comunicando
¿Estás ahí?
Hola, soy Jordi
Bip-bip-bip
Jordi-bip-Jordi
Bip-Jordi-bip
Soy...
(¿Quién ha apagado la luz?)

   
Capítulo 1 de "Historia de un segundo", editado por SM en mayo de 2010


1
El arrebato del amor

   
En el preciso instante en que la vio, quedó prendado de ella.
    Lo más hermoso, lo más singular, fue que la muchacha también le vio a él en ese preciso momento.
    Y sus ojos fueron un reflejo de los suyos.
    Era morena, de cabello muy negro, azabache. Lo adornaba con unas cintas de colores que caían sobre sus hombros, a ambos lados de la cabeza, perdidas entre rizos sobre los que su ligero tocado semejaba flotar, navegar en aquel mar armónico. Su rostro era puro, muy blanco, de tez pálida en la que los ojos parecían dos perlas incrustadas por un toque divino y los labios una pincelada rosada aportando el toque de color más dulce. Vestía un hermoso traje estival, igualmente blanco, con la falda rozando el suelo y una docena de brocados como único adorno. Sus manos sostenían un libro de cubiertas rojas que apretaba contra su pecho al andar.
    Delante, a un par o tres de pasos, iban sus padres. Bueno, Eliseo dedujo que lo eran. Sin duda gentes de noble cuna. Tanto el hombre como la mujer vestían de forma impecable. Muchas de las personas que acudían al pueblo en verano, para descansar y disfrutar de sus aguas medicinales, descuidaban su apariencia, incluso en domingo, como era el caso. Un toque aquí, una permisiva dejadez allá, un descuido... Ellos no. El hombre llevaba una levita que, aunque de paño ligero y apropiado, confería a su aspecto una nobleza peculiar y le dotaba de la necesaria calidad. Sin duda en la capital era alguien importante. La mujer lucía con encanto y donaire un vestido igualmente apropiado, de moderado escote, talle ceñido, la larga y acampanada falda rozando también el suelo. Se tocaba con una sombrilla con la que se protegía del inclemente sol en aquel cielo sin nubes, tan azul como debían de serlo los mares de los que hablaban los viejos del lugar, los que un día fueron a la guerra en grandes barcos y sobrevivieron a ella. El rostro del hombre denotaba rigor, gravedad, la seguridad de los fuertes y los que nunca han recibido una orden porque siempre las han dado todas. El de la mujer reflejaba dulzura. Bien mirado, se parecía a su hija. Quizás se casase con sólo unos pocos años más que ella, porque era joven y hermosa.
    Junto a la muchacha, caminaba una institutriz perfectamente uniformada, de rostro severo. Sus ropas eran negras, con un delantal y una cofia blancos. Parecía un perro de mejillas flácidas y caídas a los lados, las cejas formando un sesgo oscuro por encima de los ojos, la nariz prominente.
    Eliseo ya no iba a olvidar jamás aquel segundo.
    Aquella mirada.
    La suya.
    La de la muchacha.
    Nunca hubiera imaginado que en un abrir y cerrar de ojos, la vida pudiera cambiar tanto, volverse del revés, como un calcetín.
    Se olvidó de todo, de su mandado, de la hora, del día o el año. Sólo fue consciente de que su corazón latía más rápido. Nada más. Que sus piernas cambiaran de rumbo, que su mente se adentrara en un espacio blanco suspendido del tiempo, que perdiera toda razón, fue ajeno a su voluntad.
    Les siguió.
    Por la calle, la plaza, en dirección a la iglesia.
    Porque en un domingo por la mañana, las gentes de buena cuna acudían al templo para escuchar la palabra de Dios y renunciar por unos minutos a su nobleza. Allí todos eran iguales.
    O lo creían.
    Unos minutos no hacían daño a ninguna cabeza coronada.
    Eliseo no apartó los ojos de la muchacha.
    Le calculó su edad, más o menos.
    Su corazón se paralizó cuando ella volvió la cabeza la primera vez. Se aceleró la segunda, y estalló en su pecho la tercera.
    Porque fue la de su sonrisa.
    Dulce, evanescente, igual que un suspiro de la naturaleza.
    Estaban ya en la plaza, a unos pocos pasos de las escalinatas del templo. Los padres caminaban despacio, confiriendo a su porte todavía más prestancia. Inclinaban la cabeza aquí y allá cuando les saludaban, sin detenerse. Pero a los pies de los sillares de piedra que conducían a la puerta de la iglesia si lo hicieron, para hablar unos segundos con otro matrimonio de no menos relieve social. Intercambiaron palabras, gestos, sonrisas, y luego presentaron a sus hijos. Por un lado, la muchacha, por el otro, dos niños pequeños, de unos nueve o diez años, gemelos, acompañados también por su institutriz, delgada y nudosa como una vid, con cara de estar visiblemente agotada.
    Eliseo estaba a unos pocos pasos.
    Pero no podía escuchar la voz de su rayo de sol.
    Otras dos miradas.
    La segunda sonrisa, tímida, arrebolando sus mejillas de porcelana.
    Luego entraron todos en el templo.
    Eliseo no supo qué hacer. Iba descalzo, nunca había tenido zapatos hasta unos meses antes, y no tanto por viejos como por incómodos, prefería caminar sin ellos, sobre todo cuando tenía prisa y había que correr. Pero más allá de su desnudez en la parte de su cuerpo que tocaba la tierra, estaban sus ropas, viejas, pantalones gastados y anudados con una simple cuerda para que no se le cayeran, la camisa raída, el pelo revuelto.
    Su única luz era su rostro.
    Las mujeres se lo decían:
    —Mira que eres guapo, tunante.
    —Dentro de muy poco ya las llevarás a todas prendidas de ti.
    —Si eres listo, que lo eres, conseguirás que la vida te de sus dones.
    —Te guardaré a mi hija. Quiero tenerte por yerno.
    —Tu madre debió de ser sin duda una hermosa mujer.
    Eliseo desafió a su suerte y penetró en el templo.
    Después de todo, era la casa de Dios.
    Su casa.
    La de todos.
    Caminó por el lateral, oculto por la penumbra de la zona más oscura. Los gruesos muros, las columnas, impedían casi que la luz llegara hasta allá abajo. El tono de recogimiento era absoluto y el silencio un grito superior al de las vendedoras en el mercado. Cada pasó sobre las frías losas, a veces caminando por encima de tumbas selladas hacía decenas o cientos de años, le hacía estremecer. Pero nadie reparó en él.
    Les localizó nada menos que en la segunda fila. La primera era para las autoridades locales. La segunda y la tercera para los feligreses más destacados. Quizás en el cielo también hubiese categorías, ¿cómo saberlo? No le importó el detalle, salvo por el hecho de que tenía que acercarse más al altar, quedar casi a descubierto.
    Estaban sentados por orden. Primero el cabeza de familia, junto al pasillo central. A continuación su esposa. Luego ella. La institutriz debía de haber quedado más atrás. En su banco estaban solos. Eran de cuatro personas y había cuatro filas de ellos. La muchacha ya no sostenía su libro de cubiertas rojas. Sus manos sostenían uno de tapas negras. Un misal o una Biblia. Todos los bancos tenían cuatro de ellos situados en un cajetín frontal, debajo del apoyabrazos.
    Ella sabía que estaba allí.
    Le buscó.
    De manera comedida, discreta, sin apenas mover la cabeza. Primero por la derecha, después por la izquierda. Al verle asomado detrás de una columna sonrió de forma aún más acusada.
    Eliseo se ocultó.
    No era un juego, era...
    Se asomó de nuevo.
    Cuanto más la miraba, más deseaba verla. Cuando más la sentía, más gozaba del dolor de aquella herida. Cuanto más recibía aquellas sonrisas, más desnudo percibía su cuerpo y su mente se deshacía como un azucarillo.
    Le costaba respirar.
    Entonces salió el sacerdote y dio comienzo la misa.
    Durante los siguientes minutos, quizás media hora, quizás sólo unos segundos porque el tiempo dejó de contar, los dos mantuvieron aquel juego de miradas y roces en la distancia, ajenos al mundo, al margen de todo lo que no fuera su nueva realidad. Siguiendo el rito de la misa, se arrodillaron, se incorporaron, rezaron, se santiguaron, volvieron a arrodillarse, volvieron a incorporarse, volvieron a rezar...
    Hasta que el oficiante anunció:
    —Ite misa es.
    Eliseo echó a correr para llegar de los primeros a la puerta de la iglesia. La cruzó raudo y llegó al pie de la escalinata, donde se sentó a esperar. Por primera vez sentía sus piernas agotadas, incapaces de sostenerle, como si el amor pesara.
    Extraña palabra.
    Nunca antes había pensado en ella.
    La muchacha y sus padres, con la recuperada institutriz, salieron de los últimos, y al hacerlo, en la explanada superior, se detuvieron de nuevo para intercambiar algunas palabras con otras parejas. Aquel sería un buen verano, sin duda alguna. Cada vez eran más las personas que acudían al pueblo para tomar las aguas, y llegarían todavía muchas más, de otras clases y condiciones, cuando se inaugurara el balneario que ya estaban construyendo junto al río.
    Prosperidad para todos.
    Con la escalinata de por medio, aquella fue la mirada más larga de cuantas se hubieran dirigido por el momento.
    Abierta.
    Radiante y viva.
    Hasta que la muchacha abrió su libro de tapas rojas, extrajo un lápiz de la parte dura de su cubierta, y pareció escribir algo en una de sus páginas.
    Segundo a segundo.
    Cerró el libro casi un minuto después. Sus padres no se habían dado cuenta de nada. La institutriz permanecía a un metro de distancia. Sólo Eliseo vio como la muchacha arrancaba la hoja en la que había estado escribiendo algo.
    La dobló en cuatro partes.
    La ocultó en su mano.
    Cuando los padres dieron por terminada la conversación e iniciaron el descenso de la escalinata, siguiendo el mismo orden que a su llegada, es decir, ellos delante y su hija y la institutriz detrás, Eliseo se puso en pie.
    Podía seguirles.
    Arriesgarse.
    Ver...
    Los cuatro cruzaron la plaza. La muchacha volvió la cabeza por última vez, sólo para estar segura de que él seguía pendiente de su paso.
    Entonces se detuvo y se agachó.
    Fingió atarse un zapato.
    Y depositó la página arrancada del libro bajo una piedra antes de incorporarse de nuevo y alcanzar a su institutriz.
    La sangre de Eliseo empezó a correr a toda velocidad por su cuerpo. Una carrera desbocada que le provocó sudores, le dejó la garganta seca y le azuzó las sienes hasta el punto de que su cabeza amenazó con estallarle si antes no lo hacía su corazón.
    Echó a correr hacia la piedra.
    Se agachó, miró a su alrededor, y recogió la página del libro.
    Ni siquiera la miró. La guardó en el bolsillo izquierdo de su pantalón, porque el otro tenía un roto, y al enderezarse vio como el padre, la madre, ella y la institutriz subían a un carruaje que les esperaba en una de las esquinas más alejadas de la plaza.
    La última mirada fue fugaz.
    Luego el carruaje se alejó y Eliseo se quedó solo.
    Lleno.
    Vivo.


    Capítulo 1 de "Tester" (Probador)", editado por Edebé en mayo de 2010

   
Abrió un ojo cuando sonó el teléfono.
    Sólo uno.
    Las nueve y media de la mañana.
    ¿Quién podía llamar a las nueve y media de la mañana en domingo?
    Por entre las brumas de su somnolencia intentó hacer una lista mental de posibles candidatos a pelma. Los amigos no porque estaban tan o más sobados que él. A su madre ni se le ocurriría. Así que... ¿Un error?
    —Que te den —farfulló sin hacer siquiera un intento por levantarse.
    Porque, encima, el maldito aparato no lo había dejado al lado de la cama, sino con la ropa. Y eso implicaba levantarse en caso de que quisiera cogerlo. Levantarse, o arrastrarse, lo justo para desvelarse.
    A la quinta señal sónica dejó de zumbar y se acabó.
    Ya oiría el mensaje después.
    Después.
    Volvió a cerrar los ojos y se abandonó, boca abajo, atravesado en diagonal, desnudo y absolutamente privado de consciencia a los cinco segundos.
    Lo malo de los buenos sueños es que nunca volvían. Lo peor de los horribles es que eran cíclicos. Su mente atravesó las brumas finales y se sumergió en una nada oscura pero plácida. Un vacío que, de pronto, se llenó de luces y sonidos.
    Tan inesperadamente que...
    El teléfono. Otra vez.
    Abrió el mismo ojo y lo depositó en el reloj que, algunas veces, le servía para despertarse en caso de necesidad.
    Las nueve y cuarenta y dos.
    —Mierda...
    ¿Por qué no había desconectado el maldito móvil?
    Con la quinta señal enmudecería, pero le echó la almohada rabioso, deseando asesinarlo, moviendo tan sólo un brazo de arriba abajo lateralmente. La almohada cayó encima del aparato y amortiguó el tono. Nada más.
    De nuevo el silencio.
    Otra vez la lista mental de candidatos.
    La última vez que a su madre se le ocurrió telefonearle en domingo, y eran las doce y pico, se las tuvieron. Encima ella estuvo de morros una semana, con toda su retahíla de reproches y reconvenciones elevadas al grado sumo. No podía ser ella. No era tonta. Los colegas... No, no, seguro. De entre todas las bromas pesadas que pudieran gastarse aquella era sin duda la peor.
    Fuera quien fuera volvería a telefonear, eso fijo.
    Insistente.
    El sueño roto por segunda vez amenazó con desvelarle. Más por la irritación que por falta de ganas de volver a cerrar los ojos y escapar de la realidad. Era como cuando ladra un perro de noche. Aunque se calle de golpe estás esperando que vuelva a ladrar. Te dices que si lo hace te levantarás, te asomarás a la ventana y le pegarás cuatro gritos, pero te resistes, le das una oportunidad, y el maldito animal insiste, ladra, ladra, ladra...
    Sintió los irrefrenables deseos de orinar propios de cada mañana.
    —Lo que faltaba...
    Tenía que ir al baño. Eso sí resultaba inevitable. Una presión vejigal como aquella no se vencía únicamente cerrando los ojos para volver a dormir. Si no vaciaba el depósito sería peor. Conocía su cuerpo.
    Se levantó intentando no enfadarse, ni hacer gestos bruscos ni nada. Iría al baño, orinaría, regresaría a la cama y a sobar otra vez.
    Calma.
    Pasó junto a su ropa y el móvil oculto por la almohada. Le bastaron tres pasos para alcanzar su minúsculo baño. Se alivió, manteniendo los ojos cerrados, igual que si deseara dormirse de pie, y cuando se dispuso a volver a la cama se dio un golpe con la silla. “La” silla. Porque era la única.
    Abrió los ojos y contempló su mini-apartamento.
    Veintisiete coma nueve metros cuadrados.
    Siendo tan pequeño la sensación de caos aún se hacía más evidente. Parecía un trastero. Por lo menos tardaba poco en arreglarlo. Todo lo malo tiene cosas buenas y viceversa. De haber vivido en un piso mayor, un verdadero piso, el caos sería el mismo y poner orden un infierno.
    Recogió el móvil antes de derrumbarse sobre la cama.
    Nada de SMS. Dos llamadas perdidas.
    Mejor lo desconectaba.
    Se resistió a hacerlo. Por lo menos saber de quién eran.
    Vaciló.
    —Te arrepentirás... —masculló a media voz.
    Su sentido común no le hizo caso.
    Marcó el Uno Dos Tres y esperó.
    —Tiene dos llamadas —la voz de la chica de la telefónica era tan impersonal como siempre. A veces se preguntaba cómo era, qué aspecto tendría. Un misterio—. Primera llamada. Recibida hoy a las nueve horas y treinta minutos...
    La voz de Sony reemplazó a la de la chica.
    Sony, el muy...
    —Lennon, tío... despierta... —la pausa fue dolorosa, flotó en medio de un extraño rumor de fondo antes de que reapareciera él—. Oye, que ha sucedido algo gordo... Mira, paso de decírtelo así, ¿vale? Llámame en cuanto oigas esto, ¡pero ya! Coño que es... Venga tío...
    La voz de Sony dejó de martillearle la mente y en su lugar volvió a escuchar la de la chica de la telefónica.
    —Fin del primer mensaje. Segunda llamada, recibida hoy a las nueva horas y cuarenta y dos minutos.
    Otra vez Sony.
    —Lennon... joder, ¡joder!, que ya veo que no llamarás y... Mira, si escuchas esto antes de las once... Tienes que venir, tío. Estamos en Pompas Fúnebres. Es... —pareció tragar saliva antes de soltarlo. De golpe—: Es el Hardy, colega. El Hardy que se la pegó con la moto y... Coño, Lennon, que está muerto,  que la palmó y le entierran. ¿Puedes creerlo? Le entierran a las once, mierda. Toda la peña está jodida desde que nos hemos enterado y sólo faltas tú... Y... bueno, vale, da igual. Llama o ven, tío. Lo siento...
    —Fin del segundo mensaje. Usted no tiene más llamadas. Si desea revisar sus mensajes, pulse...
    No apagó el móvil. Sólo bajó la mano.
    No reaccionó.
    Debieron de pasar un montón de segundos sin que lo hiciera.



   EL POEMA DE ABRIL

    Llevo una habitación de hotel en mi corazón

Llevo una habitación de hotel en mi corazón
Llevo una cárcel vacía en mi mente
Y mi pensamiento es un cauce abierto en la montaña
Llevo una silla de madera al borde de mi ansiedad
Llevo una película inacabada en mi vida
Y mis manos extendidas que aún esperan nuevos horizontes
Llevo una habitación de hotel en mi corazón
Todas sus ventanas dan al exterior
La cama es grande para ti y para mi

Llevo una habitación de hotel en mi corazón
Llevo las alas de mi libertad plegadas
Y cada noche cierro los ojos pensando en el mañana
Llevo una moneda en el fondo de un bolsillo agujereado
Llevo una intención colgada de mi voluntad
Y me faltan horas para tantas ilusiones soñadas
Llevo una habitación de hotel en mi corazón
Tiene una puerta que es todo un mundo y frontera
La cama es grande para ti y para mi

Llevo una habitación de hotel en mi corazón
Un número, un teléfono, una televisión gastada
Llevo tu imagen a través de todas esas habitaciones
He perdido la llave en la esquina del círculo
La cama es grande para ti y para mi


    Capítulo 1 de "La modelo descalza", editado por Siruela en marzo de 2010

   
Llegar a tu casa después de un largo viaje en avión es... lo mejor del mundo.
    No importa que vengas de un país exótico, que todo haya ido bien, que los aviones hayan salido a su hora, que el trabajo haya sido de primera y las sensaciones perfectas. No importa nada. Aunque lo eches de menos, aunque ya pienses en el siguiente viaje, aunque tu vida sea volar y disfrutar del mundo, llegar a casa no tiene parangón con nada.
    Además, no venía precisamente del lugar más civilizado. Tener cobertura con el móvil, después de varios días sin ella, significaba estar de nuevo conectado con la maldita Aldea Global. Y no es que yo sea un fanático de la globalización, al contrario. Pero son los tiempos, y hay que vivir de acuerdo con ellos.
    Dejé la bolsa del equipaje y la de las cámaras en el suelo, respiré mi aire más familiar, pensé en mi cama...
    —Hola —me dije a mi mismo.
    Lo primero, abrir un poco las ventanas, para que circulara el aire. Lo segundo, quitarme los zapatos y la ropa, ponerme cómodo. Lo tercero echarle una ojeada al correo, por si me encontraba algo urgente o novedoso. Lo cuarto escuchar los mensajes del contestador automático. Exactamente nueve. Y para todos los gustos. Desde amigos preguntándome dónde estaba y por qué no contestaba al móvil hasta amigas interesándose por mi salud.
    El último era de mi madre.
    —Bienvenido. Llámame cuando llegues.
    El mismo mensaje que el del SMS leído en el aeropuerto, nada más aterrizar y recuperar la cobertura. Lacónico y directo, como no podía ser menos. La había llamado, no sólo porque fuera mi madre, sino porque el tono era más bien el del trabajo, el de Paula Montornés, dueña y directora de Zonas Interiores, nuestra revista. Y cuando empleaba ese tono...
    Pero ella también tenía su móvil desconectado.
    Lo probé de nuevo.
    Fui a la memoria, activé su número y esperé.
    —Lo siento. Ya sabes cómo va esto. Te llamo si me dices quién eres.
    —Mamá, soy yo —le dije al buzón de voz—. I’m home.
    Dejé el móvil junto al teléfono fijo y por un momento vacilé sin saber qué hacer. Tenía que deshacer la bolsa y poner la ropa para lavar, pasar las fotos al ordenador, cenar algo, ducharme, enterarme de cómo estaban las cosas...
    No tenía sueño. El dichoso jet-lag. Y no es que hubiese mucha diferencia horaria aunque el viaje desde el África profunda hubiese durado trece horas. Me fui directo a la ducha para relajarme. Sí, ya sé que dicen que cuando llegas de un viaje no has de tomar una ducha ni meterte en una bañera con agua caliente, porque es malo. Pero no sé de nadie que se haya muerto por eso y a mí me apetecía una ducha. Diez minutos bajo un chorro dan para que te olvides del mundo entero.
    Salí envuelto en una toalla y entonces me derrumbé en mi butaca favorita, delante de mi equipo de imagen y audio. Pantalla gigante para televisión, películas, DVD’s, y el resto integrado por un grabador, reproductor, música... Le di al mando a distancia de la tele y lo primero que vi fue lo de siempre. Es decir, lo de siempre antes de irme.
    El país seguía igual. Y el mundo.
    Los mismos políticos diciendo las mismas cosas, poniendo las mismas caras y gritando las mismas estupideces sin sonrojarse ni recordar que las hemerotecas solían desnudarles a cada momento. Las mismas guerras cada día con el contador de muertos en aumento. Los mismos locos armamentistas y los mismos falsos profetas con sus bocas llenas de dioses. Las mismas vergüenzas internacionales. Lo único diferente era que los niños que salieron por la pantalla, víctimas de conflictos o hambrunas, aún estaban vivos, mientras que los últimos que vi antes del viaje probablemente ya estarían muertos.
    Ser periodista es fantástico, lo mejor, pero también es muy duro.
    Sobre todo si tienes un compromiso, si te inmiscuyes, si no eres indiferente, si tomas partido y se te rebelan los higadillos ante las atrocidades constantes de las que eres testigo, directo o indirecto, y que se enfrentan a la pasividad de tantos, desde los miserables del G-8 hasta los destructores ambientales.
    Siempre recordaba a uno de los jefes de las tribus amazónicas el día que dijo: “Cuando hayáis destruido el último bosque, agotado el último océano, aniquilada la última especie animal, os daréis cuenta de que el dinero no se come. Y entonces será demasiado tarde”.
    Le quité el volumen a la proyección televisiva y cogí de nuevo el móvil.
    Era raro que mi madre lo tuviera desconectado.
    A no ser que se encontrara en un teatro, un cine, una cena... o una cita.
    Pensé en ello.
    Y sonreí.
    Ojalá Paula Montornés tuviera una cita. No buscaba un padrastro, pero sí me hubiera hecho ilusión que ella recuperase el pulso de su vida fuera de Zonas Interiores.
    La revista era su casa, su mundo. Ella y yo.
    Gajes de ser hijo único.
    —Que conste que te he llamado dos veces —le dije al buzón de voz—. Me voy a la cama en quince minutos y desconectaré. Hasta mañana.
    Estaba acabando el mensaje cuando en la pantalla apareció ella.
    Alexia.
    Alejandra Galvany.
    Me quedé con el móvil en la mano y mi habitual aspecto de tonto viendo aquella imagen tan habitual y, al mismo tiempo, tan especial para mí.
    Mi Alexia, aunque para mí sería siempre Alejandra.
    Lo extraño era que saliera en un telediario, un informativo de media noche, no en un programa del corazón. Desde luego no daba la impresión de que el tema fuese alguno de sus pases de moda en cualquier lugar del mundo, ni su fama como top internacional, ni tampoco que hablaran de ella por un premio o un escándalo con su más reciente ligue.
    Alejandra estaba muy seria.
    Lloraba.
    Y la rodeaban varios policías.
    Tardé demasiado en reaccionar y subir el volumen del televisor. Para cuando lo hice, la noticia tocaba a su fin. Alcancé a escuchar unas últimas palabras:
    —...el asesinato, el baño de sangre...
Y finalmente el párrafo de despedida:
    —...la famosa top model internacional, protagonista este año de destacados campañas publicitarias y reina de las pasarelas de Milán, París, Nueva York, Tokyo y  Londres, había desfilado estos días para los más reputados creadores del Salón de la Moda de Barcelona. Del lujo a la cárcel mientras la investigación sigue abierta.
    “Asesinato”, “Baño de sangre”, “Cárcel”.
    Me quedé hipnotizado, convertido en una estatua de piedra delante del televisor, que de pronto cambió de tema y empezó a soltar imágenes de fútbol.
    Por eso el inesperado zumbido del móvil, que seguía en mi mano, me sobresaltó tanto que casi me dio un infarto.
    Era mi madre.


    ESTE CUENTO ESTA INSPIRADO EN LOS NIÑOS Y NIÑAS DE LA INSTITUCION EDUCATIVA AMBIENTALISTA DE CARTAGENA DE INDIAS, QUE RECICLAN TODO LO QUE HALLAN Y CREAN NUEVOS MUNDOS LLENOS DE VIDA, COLOR E IMAGINACIÓN.



    EL SACO DE CEMENTO

   
El saco de cemento estaba en mitad de una montaña de sacos de cemento, lleno de polvo por fuera y, claro está, de cemento por dentro. Había llegado a la fábrica en buen estado, recién salido de la imprenta que los confeccionaba, pero allí, de inmediato, lo habían llenado, cerrado y apilado a la espera de ser enviado a la obra que lo comprara.
    El pobre saco de cemento estaba triste.
    Su vida iba a ser corta y, por desgracia, tan discreta como sucia.
    Todos los sacos de cemento estaban como él, sin ganas de hablar, aplastados unos con otros, imaginando que, una vez los vaciaran, acabarían en un basurero, y luego... quemados, destruidos, hechos trizas...
    Aquella fue una larga noche.
    Por la mañana unos hombres empezaron a cargarlos. Idas y venidas desde la montaña hasta unos camiones donde otros hombres los colocaban debidamente. El saco de cemento viajó en el hombro de un joven negro y en el camión lo recogió otro hombre de aspecto indígena que lo puso casi en la parte de arriba de una pila, y mirando hacia afuera. Así que, por lo menos, cuando el camión arrancó, el saco pudo ver un poco el mundo, las calles, las casas, las gentes...
    Aquello era fascinante.
    Pero el trayecto, de dos horas de duración, se le antojó muy corto.
    Cuando llegaron a su destino, los sacos fueron bajados del camión por otros hombres, y ésta vez a él le tocó quedarse en la parte inferior de la pila, con un montón de sacos encima. La obra en la cual el cemento que contenían iba a convertirse en parte de su estructura era muy grande. Una hermosa construcción.
    El saco de cemento pensó que, a lo mejor, tardaban uno o dos días en utilizarlo.
    Se equivocó.
    Aquella misma tarde la pila disminuyó muy rápido y antes de la hora en que se daba por concluida la jornada laboral fue vaciado hasta que en su interior no quedó nada salvo el polvo del cemento. Tras ello, el saco, arrugado, fue a parar a un lado.
    Aquella noche, en el basurero, a la espera de saber su destino, miró el mundo por última vez.
    Y al amanecer...
    La niña era pequeña, unos ocho o nueve años. Pequeña y muy guapa, manos de seda, sonrisa de colores, piel negra y brillante, ojos grandes.
    Se detuvo frente a él y los demás sacos, cogió un puñado, los alisó y se los llevó con ella cantando.
    El saco de cemento no entendía nada.
    Llegó a un lugar lleno de niños y niñas, y allí fue depositado junto a otros restos en apariencia inservibles: cajas, latas, plásticos, hueveras, cintas... Un sinfín de cosas que, para la mayoría, no eran más que eso: basura. Sin embargo los niños y las niñas se pasaron el día trabajando con ellos, formando adornos con unas cosas y vestidos con otras.
    Vestidos.
    El saco de cemento fue alisado, planchado, unido a otros cuatro sacos y convertido en un precioso vestido que, luego, la niña que le había rescatado pintó de colores. A él le tocó ser la parte delantera, la más hermosa.
    Cuando comprendió la verdad casi lloró.
    No lo hizo para no estropear aquel trabajo.
    Dos días después hubo una gran fiesta en la escuela. Les visitó nada menos que la Primera Dama de la nación, y un escritor español, y uno del país, y muchas más personas. Y la niña bailó y cantó, con su vestido hecho de sacos de cemento pintados, y sus adornos en la cabeza. Nadie hubiera dicho que aquello eran desperdicios. Nadie.
    El saco de cemento vive hoy en un armario, feliz, sabiendo que una vez fue lo que fue, un saco de cemento lleno de polvo, pero que en el presente y en el futuro, será siempre un vestido de colores gracias a la imaginación de un puñado de niños y niñas.
    La imaginación.
    Como la energía, nada debería crearse o destruirse, sólo transformarse.

    © Jordi Sierra i Fabra, Cartagena de Indias 2010


    EL POEMA DE ENERO

    Si los pájaros no son libres
    (Poema para Dylan)

Si los pájaros no son libres de las cadenas del cielo
¿Qué pretendemos nosotros en esta cárcel de piedra?
Si las nubes no escapan de su horizonte de hielo
¿Cómo queremos volar sin alas y lejos de la tierra?
No hay límites para las quimeras de una ilusión
No existen fronteras más allá de una razón

Sólo es una idea hermosa
Pero apuesto a que es fabulosa

Si los pájaros no son libres de las cadenas del viento
Nosotros somos prisioneros de los infinitos caminos
Si la lluvia te ciega no te digas a ti mismo "lo siento"
Déjate llevar por el misterio de todos tus destinos
No hay barreras para la fuerza de una sonrisa
No nos detendrán las voces ni la furia de su prisa

Sólo a mí me pertenece
Pero sé que es más de lo que parece

Si los pájaros no son libres de las cadenas de su libertad
Tú y yo estamos condenados a vivir atrapados aquí
Prisioneros de la vida, el amor, la pasión y la edad
Porque todas las respuestas que busco están en ti
No hay distancias para el empuje de una sensación
No hay miedo para lo que te grita el corazón

Sólo es un pensamiento
pero esto es lo que siento


   EL POEMA DE DICIEMBRE

    Mi niña

Mi niña de verano.
Sueño de una noche fría.
¿De qué color son tus caricias?
Mi niña de cristal.
Belleza que me duele.
¿Volveremos a encontrarnos?

Quisiera dibujar el tiempo
en tu rostro de piel blanca.
Pintar tu cuerpo, tu mirada,
hacerla carne y misterio.
Geografía de un recuerdo,
hecha ternura y sentimiento.
Quisiera dibujar tu alma
y guardarla entre las manos.
Cada beso hoy perdido
y mañana reencontrado.
Con tu aliento en mi memoria
y esa noche no vivida.

Mi niña de ojos limpios.
Amor de un momento.
¿Qué poema me lees?
Mi ángel de piel suave.
Historia de un segundo.
Que la vida te acompañe


Capítulo 1 de "Poe", editado por Zorro Rojo en septiembre de 2009


     (25 de noviembre de 1811)

   
Los artistas siempre son pobres.
    Los artistas siempre son únicos, diferentes. Y solidarios.
    Ah, los artistas...
    Para los puritanos eran gente de mal vivir, bohemios, de licenciosas costumbres, y sin embargo necesarios en su esparcimiento. Una ventana al mundo de las sensaciones. Para sí mismos en cambio, envenenados por el influjo de la escena, castigados por penurias económicas, destrozados por giras a través de carreteras infames, mal pagados...
    El nuevo siglo no había cambiado nada. Sólo un dígito. ¿Qué más daba que la primera década del XIX se hallase ya cumplida y anduvieran por la segunda? Ser artista significaba vivir el peligroso perfume de la libertad al precio de la vida. Un par de horas dominadas por la intensidad todas las noches para borrar las veintidós restantes tal vez infames. Eso suponiendo que en esas dos horas hubiera un público, unos aplausos.
    Artistas. Artistas. Artistas.
    Las dos damas contemplaban los carteles de la función en el pequeño teatro, con su reclamo humilde. Las personas pasaban y los leían. O no. Hacía demasiado frío para detenerse. A su espalda, la pensión era todavía más lóbrega. Un nido de ratas. Ratas que, cada noche, sonreían, tomaban sus hábitos escénicos y cumplían con su misión de entretener al mundo.
    Las dos damas reflejaban consternación en sus rostros.
    —Ella no actuará esta noche, ¿verdad?
    —Tal vez quiera hacerlo, aunque sea arrastrándose.
    —¡No puede, en su estado! ¡Se está muriendo!
    —Es tan tercamente joven, veinticuatro años...
    —¡Pero tiene los pulmones destrozados!
    La señora Allan miró a la señora Mackenzie. Pareció no saber qué decir.
    —¿Qué será de esos pequeños?
    —¿El padre sigue sin dar señales de vida?
    —Ni lo hará. Es probable que jamás vuelva a saberse de él. Hace ya más de un año que se fue.
    La sensación de pesar las dominó. Ellas, mujeres de la buena sociedad de Richmond, sentían mucho más que lástima por Elizabeth Arnold, la joven perla de la compañía, tan hermosa, tan indefensa, tan especial.
    Betty había enviudado de su primer marido para casarse casi de inmediato con David Poe, un actor de segunda, hombre de buena familia que le dio la espalda al preferir él la farándula a una vida digna. Habían tenido un primer hijo, William Henry Leonard, un segundo, Edgar, y un tercero, una niña, Rosalie, apenas un año antes. La función de la noche, demostrando el espíritu solidario de los compañeros, siempre ellos, era benéfica. El señor Placide, el director, así lo anunciaba en el periódico, solicitando la asistencia de un público generoso.
    Esta noche no llovía, pero lo había hecho tanto que la malaria, emergiendo de la crecida del río James, causaba estragos en la población.
    La peor noche para un milagro.
    —¡Oh, Dios! —suspiró la señora Mackenzie.
    —Sí, Dios, ya ves —hizo lo propio la señora Allan—. Esa pobrecilla con tres hijos mientras que otras...
    —Quieres al pequeño Edgar, ¿no es cierto? —puso una mano sobre las de su compañera.
    Frances Allan, de soltera Frances Velentine, sonrió con ternura.
    Cuando no se tienen hijos, todos parecen hermosos.
    Pero aquel ángel...
    —Vamos a ver a Betty —propuso—. Quizás podamos ayudarla, procurarle consuelo.


    EL POEMA DE OCTUBRE

     Quiero bailar

Quiero bailar un silencio contigo
y escuchar la música de tus sentidos
Envolverme en tu calor, al abrigo
de tantos fríos vividos
Y dar vueltas al tomarte por la cintura
mientras beso tu sinfonía
enamorado de esta vida tan pura
que me regalas, mi amor, día a día
Quiero abrazarte entre nota y nota
susurrar nuestra canción en tu oído
que sanes y beses mi alma rota
por cada vez que me he perdido
Aspiraré el aire de esta melodía
apretaré tu cuerpo contra el mío
enloqueceré sabiéndote tan mía
y soñaré que volamos por un río
Quiero bailar este silencio de amor
para grabarlo en nuestra memoria
y que nos grite en el último estertor
cuando la muerte cierre la historia
Baila, baila mi ángel del cielo
hasta que sueñes colores
Despierta, despierta, mi dulce anhelo
hasta que cantes amores
Quiero bailar un silencio contigo
Quiero cantar sin medida
Quiero que grites conmigo
que me amarás toda una vida


Capítulo 1 de "La isla del poeta", editado por Siruela en septiembre de 2009.

  
Fue la primera visión de la isla lo que le acabó de robar el aliento.
Un punto lejano que fue acercándose a ella desde la distancia abierta en aquel mar tan súbitamente plomizo y airado.
—¿Es esa?
El pescador sumió en ella su ya habitual mirada de ojos cansinos.
—Sí, señorita. Esa es.
Ya no había otra, y se dirigían recto a su encuentro.
Estudió aquella mancha todavía difusa, apenas un promontorio oscuro en mitad del horizonte. Parecía redonda, pero sabía que no lo era. Parecía muy pequeña, pero sabía que era mayor de lo imaginado aunque resultase igualmente diminuta. Y parecía perdida.
Muy perdida.
La había estudiado en Google Maps, acercándose al máximo a su contorno en forma de habichuela. Conocía su perfil, la ubicación del pueblo, el embarcadero, las playas, la casa...
La barca capotó al chocar con una ola más encrespada que las demás. Un golpe brusco, seco. La fina llovizna levantada por el impacto le azotó el rostro, lo mismo que un vaporizador refrescante. Apenas si cerró los ojos un instante. Quería embeberse de todo, especialmente del camino.
Allí estaba su Ítaca personal.
Y ese camino quizás fuese lo más importante.
Desde la salida de Cartagena de Indias, a lo largo de aquella hora y media, habían rebasado ya varias islas, algunas grandes, otras relativamente pequeñas, y muchas convertidas en meros islotes sobre los que se asentaban singulares construcciones de madera. Casas sin puertas o sin ventanas, libres, extraordinariamente singulares. Su visión desde el mar les confería un aspecto inquietante, misterioso, y también sorprendente. Era como si se hubiera producido una inundación y a ras de aguas sólo quedaran las edificaciones más altas, porque desde lejos la base no era visible. Algunas se sustentaban únicamente sobre un puñado de rocas. La imagen resultaba insólita por única. Y no se trataba de una o dos, sino de muchas.
Muchas personas viviendo aisladas.
Realmente aisladas.
—No todas están habitadas siempre —le había dicho su guía a través del mar—. Algunas pertenecen a hombres ricos de Cartagena de Indias, o de Bogotá. Otras se alquilan, o venden.
Comprar una isla.
Un nuevo golpe. No sabía si el viento que azotaba su rostro era producido por la carrera de la barca, impulsada por su motor, o si se trataba del viento que preludiaba la tormenta. La bóveda que la cubría era amenazadora, pero todavía no se había oscurecido tanto como para ser negra del todo. Eran nubes hermosas, densas. A lo lejos, a su izquierda, sí llovía. La cortina de agua bajaba en diagonal hacia la superficie del mar. Como si sintonizara con su pensamiento, el pescador miró al cielo, cada vez más oscuro, cada vez menos luminoso, cada vez más sombrío.
Su rostro era severo.
—Se lo dije, señorita.
—Sí, ya.
—Una hora más y no habríamos podido llegar.
—¿Tan feo se va a poner?
—Sí.
—Parece como si aquí nunca fuera a pasar nada.
—Pues ya verá —movió la cabeza de arriba abajo con vehemencia.
Estaba allí, con la isla recortándose en el horizonte. Aunque los cielos se abrieran, estaba allí.
Era la única razón a la que atendía su embotada mente.
Se le aceleró el pulso.
—Sújetese —la previno el barquero por tercera o cuarta vez.
Lo hizo. Se aferró a la barca con mano de hierro, pero no dejó de mirar en dirección a la isla. No llevaba chaleco salvavidas. Aquella no era una embarcación turística. Aseguró la mochila entre sus piernas y la protegió un poco más. Si llovía daría igual, acabarían empapadas, mochila y ella, pero ahora de lo que se trataba era de impedir que las gotas que la salpicaban, los bandazos del agua o la espuma levantada por la quilla de la barca la mojaran aún más de lo que lo estaba haciendo.
Las olas crecían, igual que si una mano invisible las agitara por debajo.
No habló en los siguientes minutos, a medida que se acercaban a la isla.
Lo hicieron por el sur, por la parte más delgada de la habichuela. El pueblecito quedaba justo al otro lado, al norte. La embarcación enfiló la parte izquierda para rodear aquel contorno arbolado y ella casi suspiró, como si el detalle fuese importante. La casa quedaba de ese lado, próxima a una playita apenas vista desde el aire, por lo menos según la toma de Google Maps. La vegetación formaba una tupida masa verde, cerrada, como si los árboles y las plantas se disputaran cada metro cuadrado del lugar. Las palmeras, agitadas por la brisa de la tempestad que se avecinaba, dejaban que sus palmas se estremecieran lánguidas siguiendo la dirección del viento.
Una vez había estado en el Caribe, y el sonido de las palmeras estremecidas por el viento se le antojó música celestial. Pasó horas bajo ellas, mecida por su magia.
Palmeras igual que aquellas.
La isla quedó a unos metros, finalmente.
Apenas unas brazadas.
En la orilla el mar si era azul. Pasaba del tono oscuro al verde esmeralda que rodeaba la isla y alcanzaba la tierra convertido en un intensa transparencia del color del cobalto, o del cielo en un día luminoso. Un azul que invitaba a la zambullida, porque pese a la inminencia de la tormenta el calor era fuerte, pegajoso y húmedo.
¿Quién podía olvidar la sensación paradísiaca que transmitía el sueño caribeño?
El corazón le latió con fuerza de pronto, al verla por primera vez.
La casa.
Recortada entre las palmeras de su pequeña playa, los árboles del interior y la vegetación caótica y exuberante que lo dominaba todo.
Era de madera, no muy grande, cuadrada, simple y carente de lujos. Tan vieja que parecía abandonada. Las ventanas estaban cerradas, probablemente a causa del viento. No divisó la puerta hasta unos metros más allá, tan cerrada como ellas. Ningún movimiento.
Sí, parecía muy vieja.
Y sobre todo solitaria.
Hizo la pregunta, sólo por curiosidad, por conocer la respuesta del hombre que la guiaba hasta su destino a través del mar. Y también para romper el silencio interior y escuchar su propia voz.
—¿Quién vive ahí?
—Nadie.
—¿Nadie?
—No, nadie. Pero no se acerque.
—¿Por qué?
El barquero se encogió de hombros.
—No se acerque —se limitó a insistir.
No le respondió.
Volvió el silencio.
La casa quedó atrás, oculta por la vegetación. La barca rodeaba la isla por la parte más larga, la que formaba el lado convexo de la habichuela. El viento debía de azotar por el otro lado porque allí las aguas estaban más calmadas.
Finalmente, pese a que el tiempo había dejado de contar desde el instante de ver su destino, las primeras construcciones del pueblecito se hicieron realidad frente a sus ojos iluminados.
Fin del viaje.
La barca aminoró su velocidad.



    EL POEMA DE JULIO

     Claroscuro

Claroscuro
De luz quebrada, furia,
en la plenitud del ocaso.
Muro que gime,
revienta,
y se pierde en el silencio,
vivo,
tuyo, mío.
Perfil de sombras huidizas.
Misterio,
de tu aliento en mi boca,
vertiendo imágenes cálidas,
en mi mente
olvidada.


    EL POEMA DE MAYO

     Tu boca

Esa brasa que es tu boca,
abrasa.
Me toma con tu lengua hecha de amor,
me inunda cada poro de la piel,
moja mi alma y la hace tuya.
Esa brasa húmeda de carne generosa,
hermosa.
Devora mis labios y los derrite,
muerde mi tierra desnuda,
lame mis dientes hambrientos.
Esa boca, tu boca, mi boca,
deja que la penetre
con mi aliento.

(Battery Park, Nueva York, 11 de mayo de 2008)


   
EL POEMA DE FEBRERO

     El dibujo del tiempo

El dibujo del tiempo
en tu cuerpo
tu piel
tu mirada
crea historias hechas de carne,
caricias y susurros,
besos húmedos,
páginas de grabados vivos,
novelas de contornos felices.
El dibujo del tiempo
en tu sonrisa
tus manos
tu aliento
es un retrato de tu vida,
a mi lado, paso a paso,
camino de amor
sobre una senda hecha de luces,
colores que la edad no borrará.
El dibujo del tiempo
en tu rostro
tu alma
tu voz
es un cuadro de un museo celestial,
explosión de color,
sin edad.
Vivirás cien, mil años
y ese dibujo será el universo.



    EL POEMA DE ENERO

     Nueva York, 11 de mayo de 2008

Taxista,
¿qué miras?
Llévame a mi destino.
Rápido.
Y no me hables.
Busca el camino más corto.
No robes mi dinero.
Ahuyenta tu conversación.
No te escuchó.
No te entiendo.
Manhattan es la cuadricula,
pero mi mente es circular.
Taxista de piel oscura,
negro, indio, ecuatoriano,
la calle es tuya,
pero mi tiempo es mío.
Por quince con noventa y cinco
sonríeme cuando me baje,
después olvídame.
Sólo han sido unos minutos,
desde Battery Park a la 47.
Hace sol y el día es hermoso.
Que los dioses te acompañen
y hasta nunca.



   EL POEMA DE NOVIEMBRE

    Nadie

   
Nadie pondrá más amor en tus ojos
    Mis huellas están en tu alma
    Nadie verá tu luz mañana
    Si hoy no me has deseado y me has sentido
    Nadie sabrá que estás viva
    Sin esa ternura que sientes al amarme
    Cuando dices mi nombre cantas
    Y el mundo entero te acompaña
    Nadie creerá que eres feliz
    Si no ríes con algo más que tus labios
    Nadie va a envidiarte el destino
    Si no muestras tus manos llenas de paces
    El mundo es de los locos que creen
    Mientras todos los nadies se desvanecen
    Y si al final logras sobrevivir
    Recuerda cuantas veces me sentiste
    Porque nadie pondrá más amor en tus ojos


Capítulo 1 de "Yo", editado por SM en septiembre de 2008.

    YO
creía que era raro.
    Hasta los 17 años, tres meses y nueve días, yo estaba seguro de que era raro.
    Razones por las que yo creía que era raro:
    1 - No fumo.
    2 - No bebo.
    3 - No tomo drogas.
    4 – No había besado a ninguna chica.
    5 – No había estado jamás con una chica.
    6 – No me masturbo.
    7 – No me gusta el fútbol.
    8 – No me gusta la música de hoy.
    9 – Leo libros.
    10 – (Esta aún me la estoy pensando, porque tengo dos o tres candidatas, y como los Mandamientos eran diez no voy a hacer una lista de once o doce porque no quedaría bien).
    Dicho así, a palo seco, la cosa resulta como muy fría. Lo sé. Por lo tanto quiero aclararlo. Una cosa es que te tomen por raro y otra por imbécil.    
    YO no soy imbécil.
    Lo del no fumar es por mi padre, socio de honor de la tabacalera. Se volatiliza entre dos y tres paquetes diarios. Yo he de poner toallas en los huecos de la puerta de mi habitación para mantenerla un poco descontaminada. Pero es inútil. La ropa siempre me huele fatal. Odio el tabaco. Me parece una gilipollez (y carísimo) pasarse el día chupando un palito de hierba. Encima te cascas el cuerpo. Veréis, yo creo que cuando nacemos lo hacemos con dos cosas: un cheque en blanco que es el tiempo que te va a tocar vivir y la casa-cuerpo en la que vas a habitar. De cómo emplees el cheque dependerá lo que hagas y no hagas en la vida. Y de cómo cuides tu casa dependerá que esa vida sea saludable o no. Y si eso es ser raro que resucite Gandhi y lo vea.
    Yo amo a Gandhi.
    Paz, hermanos.
    Vale, no quiero despistarme, porque soy disperso y siempre acabo hablando de lo que no toca. Por ejemplo, de mi padre, hablaré más adelante. Todo a su tiempo.
    Lo del no fumar queda claro, pues, que es por mi padre y porque todos y todas los que están enganchados me parecen tontos del culo. En cambio lo del no beber alguien podría pensar que es por mi madre, alcohólica perdida, y no es así. Pobre mujer… De niño me repugnaba el olor a alcohol ya fuese en forma de anís, coñac, vino, whisky o lo que sea. Mi bebida favorita es la leche. Y por mucho que se rían algunos/as, yo pienso que queda la mar de rompedor pedir un vaso de leche en una discoteca o en cualquier lugar lleno de gilipollas. Ahí sí que todo el mundo te mira, aunque más de uno piense que ya tienes una úlcera.
    Pasemos a las drogas. Aquí tenía que haber puesto lo de que mi cuerpo es mi casa y todo eso. Pero como ya lo he dicho antes no voy a repetirlo. Si odio el tabaco, con más razón odio los porros. El primo Tobías (primo de mi padre, no mío) siempre le dio al porro y hoy tiene el cerebro derretido. No rige nada, el pobre. El primo Ricardo (primo de mi madre, no mío) por su parte, tiene una cirrosis que te cagas de tanto abusar de drogas y alcohol.
    Sí, ya sé, he puesto “que te cagas”, pero eso no es un taco, es sólo una expresión. Es que aún no he llegado a la parte en la que mi amigo el escritor me dijo lo que tenía que hacer para publicar esto.
    Sigamos con la explicación de las razones por las que creía que era raro.
    Llegamos a la parte sexual. Vaya por delante que soy hetero. No lo digo como bandera de nada. Tengo algún que otro conocido gay que es estupendo. Pero soy hetero y esto es lo que hay. Los puntos 4, 5 y 6 de mi decálogo tienen que ver con el sexo y de hecho son la misma cosa. No había estado con ninguna chica ni había besado a ninguna chica porque era tímido. La timidez forma parte de lo de ser raro. Yo creo que es una parte muy esencial. Si eres tímido eres raro. En  cambio que seas raro no significa que seas tímido. Hay tíos la mar de raros que ligan como locos y, encima, ellas los encuentran interesantes. A mí ninguna chica me había encontrado jamás interesante (en parte porque era raro). Lo curioso es que vistos los puntos 4 y 5, parece obvio que el 6 tendría que ser todo lo contrario, y prodigarme en ello como la mayoría de mis compañeros onanistas. Pero no. ¿Tocarme a mí mismo? Me parece un falso consuelo. Las cosas hay que hacerlas bien. Cuando llegase el momento quería que saltasen chispas y que ELLA pusiera los ojos en blanco. Eso es el amor. Y yo soy un romántico. Ahora lo sé. Encima, hasta los 17 años, tres meses y nueve días, despreciaba mi cuerpo. Me miraba en el espejo y ¿qué veía?, pues a un chico larguirucho, poco desarrollado, feo, con la nariz prominente, las orejas salidas, muy delgado, sin musculatura y deforme. Sólo me faltaba encogerme y empezar a decir “mi tesoro” con cara de poseso.
    Por mi aspecto, si hubiera nacido en la India, habría sido Gandhi, pero nací aquí y de Gandhi ya hubo uno.
    No voy a seguir hablando mucho de esto (me refiero al “punto 6”), porque luego no van a publicarme el libro. Me lo ha dicho mi amigo el escritor: “Nada de tacos, nada de sexo, nada de…”.
    Pero cuando se tienen 17 años (y aquí da igual lo de los tres meses y los nueve días) ¿de qué demonios va a hablarse?
    En fin…
    El punto 7 es crucial para la concepción de la rareza. No me gusta el fútbol. Ni me gusta ahora ni me gustaba a los 17 años, tres meses y nueve días. Que veintidós mendas correteen por una pradera verde persiguiendo una cosa redonda a la que dan patadas tratando de meterla en una cestita me parece idiota, pero que cien mil mendas más griten, se peleen, no duerman si su equipo pierde o enloquezcan si gana, paguen una pasta gansa por una entrada, hagan sus horarios en torno a los partidos, se disfracen, canten, se conviertan en bestias, odien a los otras ciudades, olviden sus raíces y pidan la sangre del rival como los romanos en el Coliseo… Eso no es que me parezca idiota, es que me parece de descerebrados. Pero las consecuencias de que a uno no le guste el fútbol siempre fueron visibles en mi vida: marginación escolar, no tener amigos, jugar con las chicas en el patio, soledad pura y dura, no poder hacer las mismas colecciones de cromos que los demás, no saber de qué hablar los días antes del partido, los días del partido y los días de después del partido (o sea, TODOS los días)… Y no será porque no lo intenté. Un día quise probarlo. Me pusieron de portero, faltaría más. Y a la que vi a una jauría de contarios avanzar sobre mí como una banda de inspectores de Hacienda hice lo que cualquier persona inteligente y normal habría hecho: apartarme. Ellos metieron gol, los míos me pusieron a parir y me dijeron que la próxima vez, no me moviera.
    Les hice caso. La siguiente vez no me moví.
    Mira que la portería es larga. Como de siete metros o más. Y alta. Como de dos. Y mira que yo hacía poco bulto. Pues nada. Aquel energúmeno le pegó el patadón a la pelota con la puntera y al centro, justo a donde estaba yo, inmóvil.
    Desperté en el dispensario del colegio, con la nariz rota.
    No quiero hablar de fútbol. Me la suda el fútbol. Y espero que eso tampoco sea un taco y vayan a censurármelo, porque aún no he llegado a lo de las XXXXX y uno ha de hablar con cierto énfasis, ¿no?
    La música de hoy, punto 8, me suena a… a… No encuentro palabras. No es que el rock me vaya más. Estamos en el siglo XXI. El rock ha muerto (aunque mi amigo el escritor pueda lapidarme por decir esto, porque él va de rockero). Pero me da igual que el rock viva o no, como que aún lo haga el vals o la música del Templo de Shaolin (no sé si se escribe así, lo confieso). Se trata de hoy, del presente, y cuando escucho lo que suena o veo a las estrellas o los clips de las canciones de moda… Lo de buscar rimas fáciles para decir tonterías es de retrasados mentales, pero van y lo llaman rapear. En la música sí que hay tacos (“lenguaje explícito”, lo llaman, o “adulto”, toma ya, con lo cual este podría ser un “libro explícito” si me soltara, cosa que no haré porque quiero publicarlo). Lo peor de todo es que como estamos americanizados hasta en la sopa, adoptamos todo lo que viene del exterior sin chistar. A mí me parece bien que los negros hagan una música de combate, dura, peleona y rebelde, porque han estado siempre put… masacrados por los blancos. Pero que esa música llegue a España y se baile en la disco de tu barrio… Yo no me imagino a la sardana ni a la jota en una discoteca de Nueva York. Además, desde que Stravinsky (no sabéis de quién os hablo, ¿verdad?) hizo la “Consagración de la primavera” ya no hubo nada más. Bueno, los Beatles quizás, no sé. Y el Dylan.
    Me enrollo demasiado y aún vamos por el punto 8 y esto no ha hecho más que empezar, lo sé. Mi amigo el escritor me dijo que un libro tenía que ser ágil, con capítulos cortos, y estar lleno de diálogos. Pero es que yo aún no he tenido a nadie con quien hablar y si no empiezo por aclarar por qué era raro…
    Punto 9. Leo libros.
    Eso ya me colocó en la cima de la rareza escolar.
    Es increíble. Yo les decía a mis compañeros de clase (lo voy a poner en forma de diálogo para que así parezca más ágil):
    —¿Raro? ¿Por leer? Sois idiotas. Tanto dároslas de rebeldes, de progres, de rompedores, de tal y cual, y todos leéis el libro trimestral que os pone el profe. Como loros. ¿No veis que la autentica rebeldía es leer justo los libros que no pone el profe, y obligarle a él a leerlos si quiere poner nota o estar al loro? ¿No veis que hoy en día la mayoría dice que PASA de leer, que ODIA leer, y que para ser realmente diferente y no formar parte de esa mayoría lo realmente rebelde es LEER? ¡Si queréis ser revolucionarios, LEED!
    ¿Creéis que me hacían caso?
    Pues yo siempre he leído. No me hace falta ni estudiar. Leo lo que pillo. El “Zarathustra” me hizo flipar ya a los doce años.
    El punto 10, lo de que me lo estoy pensando y tengo dos o tres cosas candidatas, es totalmente cierto. Por ejemplo, hubiera podido poner como rareza supina que no quiero ser famoso. Escritor, sí. Famoso, no. ¿Qué es la fama, salir por la tele gritando? Soy tímido, así que no podría gritar en la tele. Y siendo escritor, o sea raro con pedigrí, con coartada, lo mejor es crear una aureola de misterio. Dentro de unas líneas os contaré porque quiero ser escritor. Otra peculiaridad que me hace raro es la de leer siempre las cosas del revés, buscando palabras nuevas o para ver como suenan. Por ejemplo, mi nombre, del revés, se lee Leinad y me suena a personaje de “El Señor de los Anillos”, ¿a que sí? Aunque posiblemente la última de mis rarezas sea que cuento siempre las cosas, cuantas ventanas tiene un edificio, cuantos árboles hay en una fila, o los números de las matriculas de los coches. Si la suma resultante es impar, me siento bien. No me gustan los pares salvo el 2 combinado con el 7, el 9 y el 5. Por ejemplo 752, o 927, o 592, o simplemente 27, 52… El 7 y el 9 son mis números favoritos.
    Una vez explicadas las razones por las que yo creía que era raro hasta los 17 años, tres meses y nueve días, os diré qué estoy haciendo, por si aún no lo habéis notado:
    Estoy escribiendo un libro.
    Voy a ser escritor. Es lo más lógico. Si eres raro, por fuerza has de buscarte una coartada (ya lo he dicho antes). Y los artistas las tienen todas. Yo ya no soy raro, pero quiero ser artista. Mi amigo el escritor me contó que cuando se fue a vivir a su última casa, los vecinos le miraban sospechosamente. Llevaba la barba larga, el cabello hasta los hombros y vestía a la última… pero en Londres y Nueva York, en plan rockero. Todo cambió cuando una vecina le preguntó:
    —¿Usted es artista?
    —Sí, señora —dijo él—. Soy escritor.
    Y la mujer, poniendo cara de lucidez plena y máxima, suspiró un evidente:
    —¡Ah, claro!
    Desde aquel día todo fueron sonrisas y saludos, y luego el farde de tenerlo en la escalera. Todos babeando.
    O sea que se puede llevar barba, el pelo largo y vestir a la última y en plan rockero (o hip-hopero, o lo que sea), si eres artista. De lo contrario eres un mamarracho que está loco.
    Fue mi amigo el escritor el que me dijo que yo no era raro.
    El primero.
    —Tú no eres raro —me dijo—. Eres diferente.
    ¡Me sonó tan bien…!
    Yo (muy en el fondo, a pesar de todo) creo que sigo siendo raro.
    La diferencia reside en que ahora pienso que más raros son los demás, el mundo entero, y que YO soy cojonudo.
    Este es un poema de autoayuda que puede veniros bien a los que os sintáis raros y todavía no hayáis encontrado a nadie como mi amigo el escritor para echaros una mano:

    El último de la fila
    El último del paraíso
    El último en la cola del autobús
    El último en vivir
    El último en morir
    El último en llegar
    El último en ganar
    El último en conseguirlo
    El último en despertar
    El último en creerlo
    El último en saberlo
    El último de los listos
    El último de los tontos
    El último de todos
    El último de los últimos
    Soy el último
    El primero empezando por abajo

    Más que un poema de autoayuda creo que es una reflexión para levantar la moral a los que se pasan el día castigándose por todo. Pero da lo mismo. Lo llaméis como lo llaméis, vale. Y lo que vale, sirve.
    Ya os he contado por qué yo creía que era raro hasta los 17 años, tres meses y nueve días. Ahora tocaría deciros que pasó ese día para que yo cambiase.
    Fue el día en que conocí a mi amigo el escritor.



EL POEMA DE JULIO Y AGOSTO

    Poema inacabado para una noche sin viento

   
Me faltó verte desnuda.
    Tocar tus sentidos y beber de tu olvido.
    Quietos en la noche, como el viento.
    Hojas prisioneras del silencio.
    Mis manos en tu cuerpo
        explorando lo insondable.
    Tus labios en mi aliento
        tensando mis anhelos.
    Estábamos solos, perdidos.
    Un mundo bajo las estrellas.
    Deseos atrapados en la calma.
    Pero aún nos atan los miedos.
    Ni siquiera sé quien tiene más.
    Me faltó verte desnuda
        y ver así el límite de tu esencia
        brotando como una fuente en paz.
    Nos devoraban las caricias
        de hambre vencidas en la frontera
        mientras las hojas seguían quietas
        y tu temblabas.
    Aquella hora, todas las horas.
    Necesitamos una para nosotros solos.
    Para ver y saber y entender y querer.
    Una en nuestro propio silencio.
    Con nuestro propio viento callado
        en el que dejar fluir la verdad.
    Es sólo un paso, sólo un juego.
    Tu cantabas a lomos de tu quieta fuerza.
    A mi me faltó verte desnuda.


EL POEMA DE JUNIO

LOS DOS LADOS

Deberíais decidir si sois constructores de jaulas
o el espacio abierto entre los barrotes.
Deberíais escoger entre la mano que oprime el aire
y el aire contenido en esa presión.
Deberíais saber que todo camino tiene dos direcciones.

Tendríais que pensar de una maldita vez que es mejor
si tirar la bomba o estar debajo esperándola
Tendríais que sopesar las posibilidades de la bala
dispararla o esperarla haciéndole un guiño a la suerte
Tendríais que imaginar que todo camino tiene dos direcciones.

Habríais de buscar una salida o una entrada
pero no quedaros quietos aguardando en la oscuridad
Habríais de actuar dándole imaginación al poder
aunque sea siempre el poder el que mate a la imaginación
Habríais de comprender que todo camino tiene dos direcciones

Saber, imaginar, comprender
Puedes estar en uno u otro lado
Has de estar en uno u otro lado
Números, coeficientes, estadísticas
Todos pertenecemos a uno de los dos lados



EL POEMA DE MAYO

Siento

Siento que me estás gritando
Siento que me estás llamando
Siento que me estás pidiendo
Siento que me estás queriendo
Siento que me estás sintiendo
Y todos los sentidos son uno
Sentimiento
Gritando que me necesitas
Llamando para que vuele a ti
Pidiendo que te de más
Queriendo tener otra vida
Sintiendo que una no nos basta
Porque todos los sentidos son uno
Sentimiento
Sentimiento
De día huyendo
De noche persiguiéndonos
De día olvidados
De noche perdidos

Siento que me estás llorando
Siento que me estás escribiendo
Siento que me estás odiando
Siento que me estás buscando
Y todos los sentidos son uno
Sentimiento
Llorando por la rabia
Escribiendo cartas que no envías
Odiando por creer que me alejo
Buscando cada pequeña verdad
Porque todos los sentidos son uno
Sentimiento
Sentimiento
De día anhelo
De noche soledad
De día teléfono
De noche sueños

Siento lo que sientes
Siento lo que siento
Sentimos lo que tenemos
Sentimos lo que perdemos
Sentimos lo que vivimos
Sentimos lo que deseamos
Sentimos lo que sentimos
Siento lo que somos
Siento lo que seremos
Siento
Estamos hechos de sentimientos
Somos un sentimiento
Sentimiento
Sentimiento


EL POEMA DE ABRIL

DEJAME SER

   
Antes de dormir déjame que entre en ti.
    Antes de despertar déjame que entre en ti.
    Antes de morir déjame vivir en ti.
    Déjame, déjame, déjame que lo intente hasta el fin.
    Déjame ser tu amante esta noche.

    Déjame ser tu amante esta noche.
    Déjame ser tu amante esta noche.
    Déjame ser tuyo el resto de tus vidas.
    Me alimento de ternuras y esos besos,
    que se rompen y nos lavan las heridas,
    como imágenes de amor en los espejos.

    Déjame ser tu amante esta noche.
    Déjame ser tu amante esta noche.
    Y dormir en el silencio de esos gritos.
    Dejar en tus quebradas estas huellas,
    para amarte con mis dedos ya marchitos,
    y soñarte mientras tocas las estrellas.

    Déjame ser tu amante esta noche.
    Déjame ser tu amante esta noche.
    Como fuimos en mil vidas ya pasadas.
    Geografía del amor que vivo y canto,
    en tu cuerpo mil pasiones no gastadas,
    al hurtarle a la muerte tanto espanto.


Capítulo 8 de "El enigma maya", primera parte de la trilogía "Las hijas de las tormentas", editada por Edebé en castellano y catalán en marzo de 2008.

    Al despertar, lo primero que notó fue el crujir de su estómago.
    Se quedó en cama unos minutos, la misma cama en la que había dormido su padre hasta su misteriosa desaparición, despejando la mente, aclarando ideas, ordenando los acontecimientos y tratando de verse a sí misma a lo largo del día. Cuando la azotó un segundo crujido estomacal se incorporó, se metió en la ducha y se vistió de la forma más cómoda posible para desayunar algo.
    Su presencia en el comedor del hotel no pasó inadvertida. Para los clientes, turistas ávidos de cultura e historia por el lugar en que se encontraban, era una más. Para el personal del Xibalba no. La atendieron rápidamente y con mimo, expectantes, incluso con una atención por encima de la habitual, superando la eterna y exquisita cortesía clásica en la mayoría de países latinoamericanos. Le preguntaron cómo había dormido, cómo se encontraba y le reiteraron que cuanto quisiera, sólo tenía que pedirlo.
    Luego la dejaron tranquila.
    Desayunó.
    Y por supuesto no fue casual que justo al sorber la última gota de su café, apareciera él.
    Era un hombre de algo más que mediana edad, cincuenta y muchos años, no muy alto, relativamente orondo, hebras de plata en la cabeza y bastón con empuñadura de verdadera plata en la mano, aunque no daba la impresión de tener ninguna dificultad para caminar. La sotabarba si era generosa, y las bolsas bajo los ojos, perspicaces, vivos. Vestía con corrección, incluso con exceso de elegancia dada la temperatura, porque llevaba una chaqueta de lino por encima de su camisa abotonada hasta el cuello.
    La iluminó con una sonrisa antes de comenzar a hablar.
    —Señorita Mir.
    Joa dejó la taza y lo contempló sin ambages. Con una desaparición de por medio, el misterio y el registro de su casa de Barcelona o las cosas de su padre allí, simplemente estaba en guardia. Cualquier noticia podía ser buena, o mala.
    Lo único que hizo fue esperar.
    —¿Puedo sentarme?
    —¿Quién es usted?
    —Permítame que me presente —le tendió una mano flácida—. Me llamo Nicolás Mayoral. Quería hablarle de Julián Mir —pronunció el nombre con respeto.
    No parecía mexicano, hablaba un español correcto, sin acentos, neutro. Era la primera persona que quería hablarle de su padre.
    Intentó no transmitir emoción alguna.
    —¿Le conoce?
    —¿Puedo? —insistió el aparecido.
    Joa asintió y esperó a que se acomodara. No se quitó la chaqueta, pero sí dejó el bastón apoyado en la mesa, cerca de su mano derecha. La empuñadura tenía forma de cabeza de león, melena incluida. Un simple detalle. El personal del hotel volvía a mirarla, pero sus rostros tampoco le dijeron mucho.
    —¿Cómo sabía que estaba aquí?
    —Palenque es un pueblecito muy pequeño.
    —¿Le avisó alguien del hotel?
    Nicolás Mayoral exhibió una sonrisa de complicidad.
    —¿Qué importa eso, señorita? Lo único que sí cuenta es que está aquí, buscándole.
    —¿Sabe dónde está?
    —No —le mostró las palmas de las manos abiertas—. Lo siento.
    —Entonces...
    —Necesito su ayuda, y usted la mía.
    —¿Por qué?
    —Porque usted no sabe lo que está ocurriendo y yo sí —fue sincero a la par que contundente.
    —¿Y qué está ocurriendo, señor Mayoral?
    —¿Puedo hacerle unas pocas preguntas primero? Después responderé a todas las suyas.
    Lo evaluó.
    —Adelante —dijo sin que trasluciera su nerviosismo, controlando cada gesto y la entonación de cada palabra.
    —¿Trabaja usted mucho con su padre?
    —Tengo mis estudios. Cuando puedo le acompaño, en verano, Navidad...
    —Así que últimamente...
    —El curso académico en España arranca en septiembre. Desde entonces apenas si le había visto.
    —¿Sabe qué estaba haciendo en México?
    —No.
    El hombre arqueó una ceja. Más que duda reveló sorpresa.
    —Mi padre siempre estaba excavando o investigando en algún lugar. Es un enamorado de su profesión, una persona que vive en el presente buscando las respuestas del pasado.
    —Y no le dijo que buscaba ahora —no fue una pregunta, sino una aseveración.
    —Palenque es un tesoro con mucho por desenterrar y descubrir. No era la primera vez que estaba aquí. Me hablaron en la Embajada de unas nuevas tumbas recién abiertas, la veinticinco, la veintiséis y la veintisiete.
    —Entiendo —suspiró el hombre acariciando con una mano la cabeza de su bastón, igual que si le rascara la melena al león.
    Joa se movió con inquietud.
    —¿Qué es lo que entiende?
    —¿Qué sabe de su madre, señorita?
    Era lo último que esperaba, que el recién llegado le hablara de su madre.
    —¿Perdone? —no le ocultó su incredulidad.
    —Responda, por favor.
    —¿Qué tiene que ver mi madre con todo esto?
    —Se lo diré. Pero primero le toca usted. Es lo que hemos convenido.
    —Mi madre desapareció hace años, el 15 de septiembre de 1999, siendo yo una niña. Han pasado trece años.
    —¿Y?
    —Nada más, eso es todo —intentó no encolerizarse, aunque no sabía por qué se sentía furiosa.
    —¿Conoce su origen?
    —¿Qué tiene que ver...?
    —Respóndame, se lo ruego.
    —Fue encontrada en la tierra de los huicholes. La adoptó mi abuela y vivió allí hasta la llegada de mi padre. Se enamoraron, se casaron y vivió en Barcelona hasta su desaparición.
    —¿Eso es todo?
    —¡Sí!
    —¿Y no le extraña que ahora sea su padre el que haya desaparecido?
    Tuvo la sensación de que el hombre era un gato y ella un ratón. Como si jugara antes de decidir zampársela. Nada de lo que acababa de decirle le era desconocido, estaba segura.
    —¿Por qué no me cuenta su historia, señor Mayoral? —se cruzó de brazos y apoyó la espalda en el respaldo de su silla.
    —Es justo —asintió él—. Adelante. ¿Qué quiere saber?
    No sabía ni por donde empezar. Volvía el recuerdo de su madre en medio de la desaparición de su padre, y se mantenía la incertidumbre, la tensión, la duda acerca de quién era su visitante...
    Así que, ante todo, buscó la forma de serenarse.
    No permitir que él llevara la iniciativa.
    A fin de cuentas, si aquel hombre estaba allí era por algo.
    —¿Quién es usted? —fue su primera pregunta.


EL POEMA DE MARZO

Las puertas del cielo

Soy mitad ángel mitad demonio
    Soy el hombre que perturba tus sueños
        Soy el ser al que has dado la vida
            Llamando a las puertas del cielo
                Mientras cierro la del infierno
Soy el día y soy la noche, pero más el amanecer
    Y más aún el crepúsculo de fuego
        Ardiendo en tu horizonte desnudo
            Porque estoy en todos tus anocheceres
                Metido en tu cama de luces


Soy calor, soy luz, soy rayo de tormenta
    Soy tu fuerza teñida de Arco Iris
        Soy la mano que te da la compañía
            Gritando a las puertas del cielo
                Mientras escapo silencioso del infierno
Soy una parte de agua y otra de tierra
    Una de aire y el resto de brasas vivas
        Calentando tu espíritu en secreto
            Nunca volveremos a temblar de frío
                Con el amor quemándonos el alma


Soy el tiempo que nos queda
    Soy tu amor hecho frontera
        Soy polvo de mil estrellas
            Viniendo a las puertas del cielo
                Mientras me olvido para siempre del infierno
Soy tu carne y tu ansiedad
    El placer que nos palpita
        Y los sentimientos que nos han despertado
            Justo a tiempo para saber
                Que nos queda un infinito por vivir y conocer


Las puertas del cielo
    La puerta del infierno
        Extremos de una misma cuerda
            He transitado tantas veces por ella
                Funámbulo desesperado
                    Que ya no sabía si iba o venía
                        Hasta que me diste tu mano


EL POEMA DE FEBRERO

Soy

Soy un hombre escondido
    en mi sombra, quieta espera
Atravesado por vacíos
    silenciosos, noche entera
Soy un hombre de paciencias
    infinitas, corazón de plata
Desbordado de ternuras
    vivas, que el tiempo mata

Soy un hombre plantado
    en una maceta, que mira
Volando sin alas
    muy alto, por lo que aspira
Soy un hombre que camina
    de espaldas, el payaso
Buscando horizontes nuevos
    y soñando, por si acaso

Soy un hombre cargado
    de emociones, sin gastar
Viviré mil años y después
    caeré, volviendo a empezar
Soy un hombre de esperanzas
    eternas, mientras exista
No dejaré que me alcancen
    nunca, será mi conquista


EL CUENTO-POEMA DE DICIEMBRE Y ENERO

CON LO SENCILLO QUE ES

Gynzpfy llegó en su plateada cápsula de metal
Traía consigo todas las estrellas del infinito
Y la luz de mil soles incrustada en sus cinco retinas
    —Ha sido un viaje fantástico —dijo—. Un viaje alucinante.
Zompftze se fundió suavemente con él
Tuvieron una inmediata descarga erótica
    —¿Dónde has estado? ¿Qué has visto? —preguntó ella.
Sus antenas vibraban con emociones abiertas
    —He estado en Himzbwy, en RK-9 y en Aaz,
    y también en un lugar llamado Tierra.
    Allí había personas como nosotros, como tú y yo.
Zompftze penetró en su ordenador mental
Allí vio los recuerdos y las imágenes
    —Qué extrañas criaturas —suspiró divertida.
    —Quería traerte una como regalo, pero lo dejé
    Son seres químicamente inestables, ¿y sabes lo peor?
La nave se enfriaba en el jardín de plástico
El hogar era confortable y desprendía volutas de paz
Gynzpfy esparció sus moléculas por el espacio
    —¿Qué es lo peor? —quiso saber Zompftze
Tocó un rayo de luz. Se bañó en un fragmento de tiempo
    —Son unos locos primitivos —dijo él—,
    se pasan la vida buscando la felicidad.
Ella cambió de color, se deshizo y volvió a reconstruirse
Mientras sus generadores la hacían reír
    —¿Y qué hacen cuando no la encuentran?
    —Se mueren y desaparecen, ¿no es estúpido?
Zompftze lo envolvió y tuvieron otra descarga
    —¿Así que todavía no lo han descubierto?
    —No —dijo él relajándose en un azul intenso.
    —Debe de ser triste, ¿no te parece, cariño?
    —Comenzaron a vivir al revés, eso es todo.
    Dejaron lo más importante para lo último.
Zompftze movió sus terminaciones elásticas
Abrió una alacena de cristal y cogió las píldoras
    —Con lo sencillo que es —pensó reflexiva.
    Y le dijo a Gynzpfy—: ¿De qué color la quieres?
Él sonrió con su cavidad ventral, un momento
    —Hoy la quiero verde —escogió.
    —Yo la tomaré rosada —prefirió ella.
Tomaron las píldoras. Afuera se había hecho la oscuridad
La felicidad comenzó a hacer su efecto maravilloso
    —Ven —dijo Gynzpfy—. Tengamos una descarga más
Y pasaron la larga noche de un millón de tiempos
Haciendo el amor llenos de felicidad.



EL POEMA DE NOVIEMBRE

SUITE DE LOS PUENTES
(Una historia de amor de cada día)


Primer Puente

Fíjate,
le dije a mi imagen en el espejo.
Todos tenemos dos ojos
pero no son iguales.
Uno de nuestros ojos ríe
mientras el otro llora.
Uno de nuestros ojos miente
mientras el otro le canta a la verdad.
Uno es feliz
y el otro parece preocupado.
Basta con poner un papel vertical
sobre la fotografía.
O separar las dos partes de una cara.
Fíjate,
le dije a mi imagen en el espejo.
Si pongo otro espejo
la mitad de mi cara
es distinta de la otra mitad.
Entonces,
¿quién soy yo?
Y mi espejo no me contestó.
Así que levanté el puente,
el puente que separa mis dos ojos,
mis dos mitades,
mis dos aspectos,
y volví a ser yo mismo.
Ningún puente te permite llegar.
Ningún puente te cruza a un lado
desconocido.
No hay puentes para unir risas y lágrimas.
Ni siquiera los hay entre tus ojos
Tú eres el horizonte
y yo quien necesita llegar
hasta ti.

Segundo Puente

Al bajar a la calle estabas en mí.
En mi pensamiento,
mi gravedad,
mi miedo.
Seguí pensando en el espejo,
pero también en tu llamada.
Los extraños mensajes
de nuestra conversación.
¿Por qué será que le temo al amor?
Alguien dijo que la pasión destruye.
Es posible que te conociera.
Hay una gran distancia entre los dos
y ningún puente capaz de salvarla,
a menos que juntos nos encontremos
a mitad de la corriente
y dejemos que sea ella
quien nos arrastre hacia lo más profundo.
Pedimos la paz en mitad de cada guerra.
Buscamos la guerra en el aburrimiento de la paz.
Dime, sombra inquieta en mi pensamiento,
¿puedes darme más amor que lágrimas?
¿Valdrá la pena desafiar al tiempo
y jugar al filo de lo imposible?
Hay muchos puentes por salvar
pero el primero siempre es el primero.
El más importante, el más duro.
¿Dónde podemos encontrarnos tú y yo?
¿Construimos el puente o nos perdemos
olvidando la tentación de tenernos?
Te quiero porque eres prohibida,
pero mis manos ya han construido
demasiados puentes
y siguen estando vacías.

Tercer Puente

Había tanta luz en nuestro primer día.
Aquella mirada.
Aquella atracción, suspendida en el tiempo.
Supimos que era inevitable.
Dimos el primer paso.
Quedamos flotando en una esfera.
No hizo falta un puente.
Dimos un salto.
Nos encontramos empujados por el miedo.
Luego,
el amor nos hizo concebir la distancia.
¿Es un sueño?
Quisiera tener aquel puente hecho canción.
¿Recuerdas?
Un puente sobre aguas turbulentas.
¿Pero cuál de mis ojos miras?
¿Que mitad de mi cara ves?
¿Es la que ríe o es la que llora?
Necesitaríamos mil puentes
para salvar todas las distancias,
y es tan duro el primer paso.
Vamos, pon un cristal,
un espejo en mitad de mi cara.
Deja que te dé mi sonrisa
a cambio de tu corazón.

Cuarto Puente

¿Y tú?
También ríes y lloras.
Hay un largo, largo puente,
llamado edad, recelo, nostalgia.
Siempre cogido a contratiempo.
En el momento de tocarte por primera vez,
de sentirte y acariciarte,
el puente se hizo quebradizo.
Hoy temo que se convierta en vacío.
Mi paz hace todos los caminos,
pero tu guerra abate todos los puentes.
¿Por qué son siempre destruidos?
Escucha.
Bastaría con trenzar una senda
en el cielo,
que fuera sólo tuya y mía.
Encerrarnos en una urna de cristal.
Parece tan estúpido hablar de amor.
Parece tan ridículo permitir
que los sentimientos nos conmuevan.
Necesitaríamos mil vidas
y la esperanza
de poder compartir una sola.
Hay demasiados laberintos
y muy pocos puentes.
Si pudieras recorrer los caminos
de mi soledad,
llegarías hasta el último puente.
El último paso.
La última esperanza.
Si pudieras venir hacia mí
no haría falta ningún puente.
Si pudiera llegar a tenerte
no haría falta
soñar.

Quinto Puente

Todo ha sido hermoso.
He vuelto a casa navegando
por calles oscuras y mundos cerrados.
Paso a paso.
Puente a puente.
Recordando.
Vivir es la quimera de toda ilusión.
Nunca sabemos si es bastante,
si es suficiente.
Amar sigue doliendo.
Esta es nuestra historia.
Este es nuestro sueño.
Espera,
deja ese recuerdo quieto
antes de que me asome al espejo
y descubra que mis dos ojos
mis dos mitades,
están llorando,
o sonriendo,
o ambas cosas,
o...
Mañana volveré a buscar otro puente
para decirte
que te quiero.


EL POEMA DE OCTUBRE

Volveremos

Volveremos a creer
Volveremos a luchar
Volveremos a saber
Volveremos a confiar
Sólo es un poco de tiempo, vida mía
Un poco de tiempo que se nos va
Perdido entre toda la fantasía
En este camino hacia el Más Allá
Volveremos si deseamos existir
Y moriremos si no nos importa morir

Volveremos a pensar
Volveremos a querer
Volveremos a ganar
Volveremos a entender
Sólo es una idea feliz, dulce amor
Una idea feliz que nos lo pone fácil
Esquiva entre todo este rencor
Que hace de nosotros algo tan frágil
Volveremos si deseamos resistir
Y moriremos si no nos importa morir

Volveremos a tener
Volveremos a esperar
Volveremos a correr
Volveremos a dar
Sólo es una esperanza, corazón
Una esperanza que nos permite la grandeza
Flotando entre cielos de ilusión
Y con las manos llenas de entereza
Volveremos si deseamos vivir
Y moriremos si no nos importa morir


EL POEMA DE SEPTIEMBRE

Debido al éxito del poema en catalán “T’estimo”, este mes publicamos otro poema de Jordi en esta lengua, "Estic fet de mitges llunes" (Estoy hecho de medias lunas). Hay traducción en el foro de Jordi: <http://elforo.de/foroficialjsif/viewtopic.php?p=3072#3072>.

ESTIC FET DE MITGES LLUNES

Estic fet de mitges llunes
i voldria
estar fet de llunes plenes
per omplir la joia de la vida
del meu vell i vençut cos
ple de bocins de mitges llàgrimes.
Em sento incomplert
Moltes vegades desert
Tinc un cel ple de mitjos estels
i una ànima plena de mitges esperances
Floten mil imatges que em donen
mitges realitats perdudes
però, en canvi, tinc tots els dubtes
Estic cobert de mitges ones
i mitges pluges em banyen la cara
Tinc mitges nits per omplir
després de mitjos dies blancs
Tantes meitats em fan sentir nu
i altres tantes em fan perseguir
mil possibilitats de mitges felicitats
Em sento mig buit,
mai mig ple
Em tremolen mitges ànsies
amagades darrere els colors
de mitjos desitjos frustrats
He tingut massa mitjos amors
per fer un sol amor complert
i he perdut en mitges morts
les hores de la meva soledat
M´han robar una mitja vida uns
i m´han censurat mitja vida altres
Tinc totes les meitats de mi mateix
tancadas dins la meitat del meu cor
i tinc massa ànsies que em dolen
flotant a l'altra meitat
Estic sempre perseguint la llum
i la perdo encegat per ella
Podria morir després de mig camí
i viure després de mig exili
I podria estar i tot content
Podria ésser inmensament ric
Però tantes meitats em fan petit
ridícul, quasi estrany
Dec ser mig home buscant mitjos somnis
dins d'un món que flota
al mig del meu infnit?
Tinc completes coses que no vull:
La por, l'egoisme, la mort
i em falten totes les meitats
que voldria per ser del tot feliç
Estic mig cansat
Estic mig despert
Estic mig perdut
I a mig camí de mi mateix
Estic fet de mitges llunes
i voldría
estar fet de llunes plenes.


EL POEMA DE JULIO Y AGOSTO

Cantos del Tiempo en el Día y la Noche

I - Tiempo

Tiempo, Tiempo
que me atas
me persigues
me atrapas
me vences
me dominas
y me olvidas
en la estela de tus Días y tus Noches

II - Día

Hoy quisiera que el Día fueras tú
Amanecer en tu parpadeo y creer
que los soles de tus ojos me dan el calor
Despertar en tus brazos y saber
que las nubes de tu cielo están pintadas
Y quisiera ser tu cama y tu almohada
tu mañana y tu sonrisa
Cada gota de tu ducha lamiéndote la piel
formando senderos húmedos en ti
y saltando en el vacío de tu paz
Después mirarías por la ventana
y verías el mundo a tus pies
mientras un "te quiero" y un beso
te devolvían a la realidad de mi deseo
Cada Día es una puerta
Cada Día abre una esperanza
Hoy quisiera volar hasta la tuya
porque la mía es un anuncio por palabras
impreso en el periódico de mi voz
Hoy, mañana, todos los Días
Contando el Tiempo hasta el momento
en que volvamos a tender nuestro puente
a través de la distancia
Pero hoy es hoy, por las horas de sus horas, amén
y quisiera que cada hora fuese una
Juntos, a la espera de un milagro
De Día soñamos la Noche
De Noche perdemos el Día
Como condenados por falta de delito
Mis Días están llenos de palabras
Los tuyos de lluvias de otoño
Mis Noche son muy largas
Las tuyas saben a leche y miel
Pero hoy quisiera que el Día fueras tú
Pintada de primavera y vestida de amor
Con el viento en tus cabellos
y la tormenta en tus sentidos
Mano suave, labio rojo,
pecho en calma, sexo abierto
Mía a través del imposible que rechazas
Tuyo por la fuerza del deseo
Si cada Día es vida y vivir es pasión
¿que nos detiene al filo de la calma?
Si cada Noche es promesa y prometer es dar
¿que nos impide el calor de esa fantasía
con la que poblar nuestra sorpresa de luces?
Escucha, ¿no oyes cantar al Día?
Atiende, ¿no sientes la locura de tu sangre
corriendo como un cometa en tu ser?
Hoy es el Día y todos los Días
Esperame, aunque llegue mañana
Hoy es el Día y la hora y el todo
en el que aguardaremos la Noche
Nuestra Noche cantada de estrellas
con una cama en la Luna y el amor tras la ventana
El último Día para la primera Noche
Coge mi mano, espera
Tiendo mi cuerpo, aguarda
Mi siento como un niño el 6 de enero
descubriendo que el todo está en mis manos
Hoy quisiera que el Día fueras tú
pero más que fueras la Noche
llamándome, buscándome, teniéndome
hasta romper con la catarsis del recelo
Es de Día y canto
Anochece y me sobrecoge el murmullo
De Día la Noche es quimera
De Noche el Día es olvido
Dime, forma suave de mi ansiedad
¿esperamos un primer paso
o nos encontramos en mitad de ese destino?
Quizá el Día sea yo
y tú la Noche poblada de sueños
Daría mi voz para que mi grito te alcanzara
Pero sólo soy un susurro
¿Podrás oirme? ¿Querrás oirme?
Acaba el Día y comienzan los temores
Te siento y me sientes al llegar la hora
Te quiero
Y quisiera que la Noche fueras tú
Dormir en tus ojos y creer
que los soles de tu paz están abiertos
Mecerme en tus brazos y saber
que las nubes de tu cielo son la vida
De Noche, de Noche
Justo al morir el Día

III - Noche

De Noche los sentidos son turbios
y las distancias largas
Cualquier distancia
Hay un millón de emociones en mis manos
pero sólo una sensación en mi espíritu
Un millón de posibilidades y esperanzas
pero sólo un camino me lleva a ti
Necesito un minuto para tocarte
una eternidad para tenerte
Besar la esquina del Tiempo
por el que te alejas
Necesito llegar a saber mi horizonte
mientras conozco tu presencia
o tu ausencia, llena de mi
Si estoy en tu pensamiento
la próxima vez llena mi esencia
Una hora no basta al final, sino al comienzo
Una hora no basta nunca, pero vive
Masticaremos el miedo despacio
Para los dos siempre será un misterio
Vamos, mujer de claroscuros
Si has arrancado de mi ser la paz
dame la guerra que me haga romper
Y si has puesto en ti la ilusión
deja que cubra tu alma de estrellas
Los dos temblaremos pero así es el amor
Todas las veces son una primera vez
Vamos, niña de soles y luces
de las lunas y sombras vengo
tendiendo una mano de armonía
Tengo la huella de tus labios en mi piel
y el calor de tu mirada en mis huesos
Si bastara no te pediría más
Si fuera necesario te daría mi aliento
Pero hoy te grito y te busco
confundiendo el deseo con tu imagen
El tiempo no se detiene, empuja
Nos hace burlas y sonríe
Empezamos una y otra vez
Nos encontramos de Día, suaves
y nos despedimos de Noche, turbulentos
Vivimos cortas vidas de horas y momentos
llenos de presencias que nos mantienen
La próxima vez no vamos a soñar
ni a esperar ni a ver ni a temer
Llevamos un Amanecer en cada vibración
Por la luz de tu rostro
o el calor de tu sexo
el rojo de tu orgullo
o el eterno confín de tus ojos de Arco Iris
en los ilimitados límites de los sentidos
Nos basta con mirar a la Luna
Siempre está llena para nosotros
Desde cualquier rincón de nuestro Universo
Vamos, mujer de fuerzas y enigmas
la ansiedad pone frenos en tu camino
Detente y déjame cruzar tu puerta
ahora que tu ya estás en mi umbral
No es mi miedo, sino tu frontera
lo que nos aprisiona en la tormenta
Tengo demasiados recuerdos pintados en blanco
para hacer del tuyo uno más
No es tu promesa, sino mi valor
lo que deberías liberar
Tienes demasiadas voces baldías en tu memoria
para olvidar que la mía es sincera
Cuando subas a mi quisiera que tiembles
Cuando baje a ti me verás llorar
Cuando nos encontremos bastará una vez
Sólo necesitaremos saber y comprender
Saciarnos de respuestas cómplices
Porque algún Día será todo lo que tendremos
La llave de nuestra historia infinita
No quiero que el tiempo nos alcance
sin haber abierto todas las puertas
y cruzado todos los puentes
Aunque nos basta sólo una puerta
aquella que es tuya y es mía
abierta con la llave de nuestros sentidos
colgando del alma
Lo intentamos, ¿recuerdas?
Pero perdimos la voluntad sin resistencia
Ya no basta con pensar que fue un sueño
Porque somos inmortales dentro de él
Esta Noche y todas las Noches
llena de turbios sentidos y largas distancias
cruzaremos todos los márgenes
y haremos el amor
Mañana será otro Día, o tal vez no
Eso será lo primero que discutiremos
al despertar
y lo primero que sabremos
al recordar
a través del Tiempo.


EL POEMA DE JUNIO
(A petición de muchas fans de esta página, este mes presentamos un poema de Jordi en catalán: "T'estimo" (Te amo). Podéis jugar a interpretarlo pero hay traducción en el Foro de Jordi, <http://www.elforo.de/foroficialjsif/viewtopic.php?t=474>)

T’estimo

T´estimo
T´estimo, petita i dolça
T´estimo, cor de roure despullat
T´estimo, per tot el que ets
T´estimo, pero el que m´has donat
T´estimo, per que soc teu
T´estimo, per que et sento meva
T´estimo, per la teva veu
T´estimo, cuan em dius que m´estimas
T´estimo, amb les mans plenas
T´estimo, per la vida que sents
T´estimo, per el somnis que em cerquen
T´estimo, per cada segón de tendresa
T´estimo, ángel del meu cel
T´estimo, carregat de paraules encesas
T´estimo, per una vida sencera
T´estimo, per totes les emocions
T´estimo, joia de la meva pau
T´estimo, esclat de la meva guerra
T´estimo, cridant de sensacions
T´estimo, per totes les caricies
T´estimo, per tots els teus petons
T´estimo, ulls de ametlla plens de sucre
T´estimo, mans de plomas delicadas
T´estimo, llavis de seda bermella
T´estimo, estel de la meva nit
T´estimo, llum del meu día
T´ estimo
¿Que mes et puc dir?
¿Que mes que no sapigues?
¿Que mes que no hagis vist ja en mi?
Que t´estimo
I t´estimo, i t´estimo, i t´estimo
T´estimo, per tot i mes
T´estimo, nomes aixo
T´estimo, t´estimo, t´estimo
No es masa, pero per a mi ho es tot
El que tinc
El que et puc donar
Si en tinguesis prou...
T´estimo


EL POEMA DE MAYO

    EN SOLEDAD

A veces digo tu nombre en voz alta
y es como si gritara
A veces digo tu nombre en voz baja
y es como una oración
A veces digo tu nombre hablando
y es como si despertara
A veces digo tu nombre en sueños
y se convierte en canción

    A veces, a veces, tantas veces
    Eres como una melodía a flor de piel
    A veces, a veces, tantas veces
    tu dulce nombre me sabe a miel

A veces veo tu rostro en el cine
y es como si me llamara
A veces veo tu imagen por la calle
y es una burla del destino
A veces veo tus ojos en una puesta de sol
y es como si flotara
A veces veo tu cuerpo hecho música
y sé que eres mi sino

    A veces, a veces, tantas veces
    Eres como un deseo hecho realidad
    A veces, a veces, tantas veces
    en tu frontera se pierde mi edad

A veces siento tus labios en los míos
y sé lo que es tocar la gloria
A veces siento tus manos en mi mente
y es como si fuera inmortal
A veces siento tu alma en mi ser
y se me desvanece la memoria
A veces siento tu amor junto a mi
y todo se hace real

    A veces, a veces, tantas veces
    Eres como una quimera de bondad
    A veces, a veces, tantas veces
    te digo que te quiero en soledad

En soledad


EL POEMA DE ABRIL

En una noche tranquila

Esta es una noche tranquila
Una de esas noches
Ya sabes
Rodeado de gentes extrañas
En una ciudad perdida
Acabo de hablar contigo
Tu voz
Caricias en mi mente
Tus manos en mi alma
Una noche más
Atados por nuestra cuerda
Extremos que se tocan
Bueno, es una noche apacible
Podría escribir una canción
Aunque no sé quien la cantaría
No sería Springsteen, ni Cohen
No sería Celine, ni Mariah
Podría escribir una canción
Para cantarla en el silencio
Sin música
Tu voz está en mi
Pero no recuerdo tu aroma
Tanto tiempo y sigo ciego
Mis sentidos amputados
Por la llama del deseo
Pareces una ilusión
Claro, no existes
Estás en mi imaginación
En mi última novela
Así que esta es una noche tranquila
Y a mi me toca dormir
Tal vez soñar
Soñaré que hablo contigo
Para que acaricies mi mente
Y tus manos atrapen mi alma
Una noche más
Un sueño más
Esta es mi canción
Silencio


EL POEMA DE MARZO

CREO

Creo que me iré a Vallirana
a buscar un poco de paz
Creo que me iré a Vallirana
a buscar un poco de amor
Creo que necesito un minuto
para tenerme de nuevo a mí mismo
Creo que todo cuanto creo
está en mi tranquila montaña

Creo que mi espíritu pide
esa huella que me habla en susurros
Creo que mi voz se alza
apretando silencios que huyen
Creo que he ganado el premio
para hacerle un guiño a la suerte
Creo que todo cuanto creo
me arropa y me hace camino

Creo que cogeré mi maleta
llena de cálidas soledades
Creo que escaparé callado
porque hoy mi fiebre me empuja
Creo que este es el día
para probar fortuna de nuevo
Creo que todo cuanto creo
lo tengo en mi casa del cielo

Creo que me iré a Vallirana
a buscar un poco de lluvia
Creo que me iré a Vallirana
a buscar un poco de viento
Creo que necesito un minuto
para encontrarme otra vez a mí mismo
Creo que todo cuanto creo
está en mi tranquila cabaña


EL POEMA DE FEBRERO

Fuego

Padre, las flores están ardiendo
Algo les sucede a los campos de la vida
Puedo escuchar su rugido gimiendo
Agonizan llamando a muerte compartida
Son la sentencia de un adiós dolorido
Que viene para llevársenos a todos
Me enseñaste a no caer en el olvido
Tiemblo por el amor que barrerán los lodos

Padre, el cielo se está abrasando
Sobre nuestras cabeza las hordas rugen
Mientras las nubes se funden llorando
Bajo la roja carga los vientos crujen
Es el mismo sol quien teme y se agota
Nos quema los segundos en su violencia
La furia quiebra esta tierra rota
Y ya no hay espada que pida clemencia

Padre, mi cuerpo se está quemando
No me hace daño, sólo es amargura
Es mi origen que se va olvidando
Con el silencio final de tanta locura
Cada mañana que ya no veré
Mata los ayeres que aún me duelen
Cada futuro que hoy perderé
Se burla de tantos sueños que me hieren

Padre, el universo está en llamas
Ya no habrá más luces ni primaveras
La mano oscura barrerá nuestras camas
Segando de fríos aquellas quimeras
Ni flores ni cielos, ni vida ni muerte
Si pudieras decirme que todo es mentira
Esperaría del destino una mejor suerte
Hasta que volvieran las paces ausentes de ira



EL POEMA DE ENERO

Todas las mañanas abro la ventana del mundo
Todas las mañanas me pongo los zapatos de la ilusión
Todas las mañana
s me lavo con el agua de la vida
    No importa que anoche estuviera nublado, o lloviendo
    A veces me duele que te acostaras sin decirme «te quiero»
    Pero yo también estaba muy cansado para soñar
Todas las mañanas pienso que hoy el día será mejor
Todas las mañanas te acaricio con mi mente y beso tu aliento
Todas las mañanas deseo que al anochecer me des tu calor
    Y sin embargo las sábanas se enfrían rápido al levantarnos
    La vida ha dado muchas vueltas dentro y fuera de nosotros
    Mientras el amor se llenaba de paz y nos cerraba los ojos
Todas las mañanas son días llenos de preguntas
Todas las mañanas son respuestas llenas de dudas
Todas las mañanas están llenas de suspiros tras los silencios de la noche
    Y aún tenemos la esperanza de que todo lo que fuimos vuelva
    Aún nos queda ese cariño que el tiempo no borrará jamás
    Aún reímos sabiendo que los dos somos uno más allá de la razón



CUENTO DE NAVIDAD PARA DICIEMBRE 2006 (INEDITO)

 
  
La presencia de Jaime en la entrada del salón, quieto, silencioso, hizo que sus padres dirigieran toda su atención hacia él.
    Estaba muy serio.
    —Yo creía que la Navidad se celebraba en todo el Universo —dijo.
    Papá y mamá parpadearon. Jaime les tenía siempre alucinados. Apenas si alzaba dos palmos del suelo pero era inquietantemente lúcido, despierto, vivo, y con una imaginación...
    Cuando preguntaba algo o se interesaba por un tema, era porque le estaba dando vueltas a la cabeza.
    —Bueno... —carraspeó papá—. A fin de cuentas...
    —Es una festividad de todo el mundo, sí —intentó ayudarlo mamá.
    Jaime les dirigió una de sus miradas de “Vaya-pues-sí-que-ayudáis”. No se quedó nada convencido. Optó por dar media vuelta y volver a retirarse en silencio. Papá y mamá no supieron muy bien qué hacer.
    —Está en la edad —mencionó él.
    —Es increíble la de cosas que pregunta —suspiró ella.
    Continuaron leyendo el periódico uno y arreglando los regalos de Navidad otra, bajo el gran árbol que dominaba el salón con su inequívoca presencia. La casa respiraba paz. Tanta, que dejaron de hacer lo que hacían, inquietos, llenos de paternal desazón, a los pocos instantes.
    —Este último mes... —frunció el ceño mamá.
    —Sí, desde que se inventó todo eso de los slu... slugr...
    Primero, la palabreja no le salía. Pero a continuación se quedó mudo de pronto porque Jaime volvía a estar allí, en la puerta de la sala, con su misma carita seria y concentrada.
    —Slurgis —le ayudó el aparecido.
    —¡Oh, sí, claro! —sonrió él.
    —Y no saben lo que es la Navidad.
    Hubo un leve silencio.
    —¿Qué? —preguntaron casi al unísono.
    —Que los slurgis no saben lo que es la Navidad. En su planeta no la conocen. ¿No es asombroso?
    —Vaya con los slugr... slurgs... slurgis —logró decir papá.
    Jaime seguía serio, más aún, preocupado.
    —Vosotros decís que nadie debe quedarse sin celebrar la Navidad, ¿verdad?
    —Pues claro, hijo —dijo ella llena de dulzura.
    —Es la fiesta más hermosa de todas las fiestas —aseguró él.
    —Todo el mundo debe vivirla en paz y amor, con la familia o los amigos —concluyó su mamá.
    —Siempre ha sido así —concluyó su papá.
    —Vale —pareció aliviado Jaime—. ¿Puedo invitarles?
    —¿A los...? —ya no intentaron decir el nombre.
    —Por favor... —era algo más que una súplica, el tono se revestía de mucha intensidad emocional.
    —Claro, Jaime —estuvo al quite mamá al ver su carita de pena—. Invítalos, hijo. Faltaría más.
    El niño salió a la carrera, feliz.
    —Que cosas se le ocurren —reflexionó su padre, impresionado.
    —Seguro que nos sienta a la mesa a unos muñecos.
    Continuaron con sus cosas, el periódico, los regalos de la familia. En alguna parte se escuchaba música. Villancicos, claro. Se respiraba el ambiente de paz y amor propio de las fechas.
    Tanta paz...
    —Voy a ver —mamá se dirigió a la puerta, incapaz de concentrarse.
    —Te acompaño —la apoyó su esposo.
    Para algo eran padres. Sentían una extraña desazón.
    Abandonaron la sala, caminaron por el pasillo, entraron en la habitación de Jaime.
    No estaba allí.
    —El desván —indicó ella—. Estos últimos días se pasa el tiempo ahí arriba.
    Subieron la escalerita, en silencio. Se oían unas voces curiosas. Asomaron la cabeza a ras de suelo, primero una, luego el otro. Ya no pudieron continuar la ascensión. Se quedaron paralizados.
    En medio del lugar, apoyado sobre su base, vieron el platillo volante, no muy grande, como de medio metro de diámetro y abollado en un punto de su circunferencia. El agujero por el que parecía haberse colado quedaba justo a un lado de la pared. Y no era reciente.
    Pero el platillo volante no era lo más sorprendente.
    Lo más sorprendente era la pareja de bichos, o lo que fueran, que estaban sentados en el suelo, con unos cascos llenos de antenitas que vibraban y emitían ondas de colores. Medían poco menos de un palmo, tenían tres piernas y cinco manos, dos ojos y una boca enorme en relación a la cabeza. Eran incluso originales y cómicos. Por lo visto los cascos servían para traducir idiomas, porque su español era muy fluido.
    —...así que los dos soles y las tres lunas de Slurgia son muy bonitos —decía uno de ellos en ese instante.
    La presencia de los aparecidos no pasó desapercibida. Los extraterrestres dejaron de hablar. Jaime miró hacia sus padres. Nada se alteró en él. Ni siquiera le sorprendió verlos allí. Sonrió feliz y, con una enorme sonrisa, se limitó a decirles:
    —Papá, mamá, ellos son slupif y slupan. Y no sabes lo contentos y emocionados que están de pasar su primera Navidad en la Tierra después de que les haya explicado su significado.
    En lo primero que pensó su madre fue en si a los slu... lo que fuera, les gustaría el pollo.

    © Jordi Sierra i Fabra 2004/2006



EL POEMA DE NOVIEMBRE

IMPARIDADES SENTIMENTALES
(Numerario romántico para una cita)

Un poema
    para una primera cena
Tres horas
    de un tiempo nunca suficiente
Cinco roces
    que te robaré en silencio
Siete miradas
    prendidas de tu alma
Nueve besos
    aunque algunos ni los sientas

Una noche
    para soñar a tu lado
Tres te quieros
    para arrancarte un "tal vez"
Cinco suspiros
    cargados de sueños rojos
Siete caricias
    jugando a mil quimeras
Nueve abrazos
    para sentirte muy adentro

Una esperanza
    llena de futuro
Tres promesas
    como pactos en el tiempo
Cinco gritos
    si te rompieras al amarme
Siete vidas
    las que necesitaría para darte
Nueve canciones
    cantadas en tu Paraíso

Un amor
    sin que el tiempo nos alcance
Tres deseos
    aunque bastara con uno
Cinco sueños
    para cubrirte de estrellas
Siete pasiones
    desbordadas en la cima
Nueve poemas
    tan desnudos como este



PROLOGO DE "LA PÁGINA ESCRITA", EDITADA  POR EDICIONES SM EN SEPTIEMBRE DE 2006
(MÉTODO SIERRA I FABRA  PARA JÓVENES ESCRITORES)

    PROLOGO DIFÍCIL, PERO CLARO Y CONTUNDENTE, PARA UNA EXPERIENCIA VITAL

   
No hay un método para escribir.
    No existe un manual.
    Cada escritor, en sí mismo, es un mundo aparte, un ente único, diferente, que se guía por instintos, fuerzas incontrolables, pasiones, fiebres y arrebatos mientras se alumbra con el sol de su propio universo. Y hablo de escribir, no de ser profesional o aficionado. Sólo escribir. Pasar horas, días, semanas, meses y años delante de un folio, pluma en mano, o sentado frente a un ordenador, es algo difícil de explicar y analizar, algo que va más allá del placer o la vocación. Escribir es la soledad máxima, y por contra, la compañía global. Tú y tus personajes. Es la libertad.
    Y la libertad no admite métodos ni manuales.
    Entonces, te preguntarás qué diablos tienes en las manos.
    Es una buena pregunta.
    No lo sé. O por lo menos no estoy seguro de saberlo.
    No he querido escribir un método o un manual. Sólo intento explicar lo que pienso, lo que siento, y lo que creo que es para mí mismo el arte de escribir. Alejandro Jodorowsky dice que si eres (o te sientes) afortunado, si la vida te ha bendecido con un don (o crees tenerlo), debes compartirlo con los demás, y regalar incluso parte de ello sin esperar nada a cambio. Supongo que yo lo hago a través de mis novelas, pero durante años de charlas en colegios, escuelas superiores o universidades en España y Latinoamérica, hablando de este tema y respondiendo a las inquietudes de quienes sienten de alguna forma esa llama en su ser, me he dado cuenta de que lo que más les interesa de mí es saber cómo escribo. Y responder a ese “cómo” no es fácil. Por esta razón me he arriesgado a ponerlo todo aquí, es decir, a responder esa pregunta y “escribir de cómo escribo”. Compartir mi experiencia con otros candidatos a plumífero también es una forma de llevar aquello que más amo hasta las últimas consecuencias, habida cuenta de que no soy, ni me siento, un maestro, profesor, erudito o intelectual capaz de disertar sobre lo divino y lo humano de la literatura.
    Cuanto sigue es mi propio universo creativo puesto en solfa, la forma en que trabajo, la manera como funcionan mi sistema y mis neuronas, lo que pienso, lo que me parece importante, lo que siento al plantearme o escribir una novela, un relato o un cuento, y con ello tratar de ayudar, echar una mano para que tú, lector, y tú, lectora, deshagas el nudo gordiano que puedas tener. Y he dicho novela, relato o cuento. Aquí no voy a hablar de poesía, porque esa es otra página con palabras mayúsculas. Más que un "escritor", siempre me he sentido un novelista, un narrador. A veces digo que hay una energía flotando y un público esperando, y que yo estoy en medio, la capto, la convierto en palabras y la conduzco a ese público, a modo de filtro u ordenador capaz de haber dado con su piedra filosofal.
    Voy a tratar de explicar cómo resolver problemas, cómo crear personajes, como elaborar diálogos, y por supuesto hablaré de la forma en que yo escribo, que es la mía, no la de García Márquez ni la de Saramago o Delibes. Sólo la mía. Técnica, estilo, ritmo, estructura... y guión. Muchos amigos míos me repiten que ellos no podrían escribir con mi manera de trabajar. Y lo mismo me sucede a mí con relación a la suya.  Estos escritores (hablando en términos mayoritarios) son los que tienen una idea, unos personajes, y con esto inician una historia. Los dejan actuar y moverse libremente, de manera que ellos conducen el relato y el escritor les sigue mientras va tecleando y tecleando. Y es un método tan bueno como cualquier otro sí les funciona y se sienten cómodos con él. Mi sistema no puede ser más opuesto: hago un guión lo más elaborado posible, y no comienzo a escribir la novela en su versión definitiva hasta que ese guión es un bloque homogéneo y sin fisuras. Elaborando el guión lo pruebo todo, diez, veinte caminos, me detengo, sigo, pienso, corto, tacho, investigo, imagino cada escena como si fuera una película que tengo en la mente. El resultado es que al escribir el libro tengo su control, conozco a los personajes porque soy su padre y su madre, yo los he parido, sé cuántas páginas de extensión me alcanzará la historia, conozco su ritmo, sus secretos, he creado el estilo más adecuado. “Sólo” hay que escribirlo.
    Por lo tanto, este es MI sistema (Sistema es una palabra más lógica que Método), ni mejor ni peor. Una forma de trabajar tan propia como lo es la suya para cada autor. No voy a dar fórmulas mágicas ni a desvelar nada que cualquiera, con tranquilidad y tiempo, podría hallar por sí mismo. No voy a descubrir nada nuevo, tenlo por seguro. Hablaré de lo que sé y de la manera en que sé explicarlo, con honradez y respeto. Si al terminar de leerlo todo he conseguido aclararte algo, me sentiré satisfecho y honrado. Si puedes aprovechar en tu beneficio aunque sólo sea un pequeño tanto por ciento de lo que sigue, sonreiré feliz.
    Alguien me dijo al hablarle de escribir este libro: “Los magos no revelan sus trucos al público”.
    Pero yo no soy un mago.
    Todos los libros citados en esta obra (así como los fragmentos y/o capítulos reproducidos a lo largo de sus páginas, títulos o meros ejemplos literarios), han sido escritos por mí en los últimos años, desde mi debú profesional en 1972. No hay pues referencias a otros autores o novelas atendiendo a lo expuesto hasta ahora. Sólo puedo explicar lo hecho por mi mismo según ese sistema del que he hablado. Y me consta que algunas de mis teorías son muy opuestas a las mayoritarias y muchas de mis normas son objeto de debate (cuando no de enfrentamiento directo). Así que creo que esto las hace únicas.
    Una última advertencia para navegantes: voy a hablar del “escritor” en abstracto, en neutro, como queráis llamarlo, refiriéndome tanto a masculino como a femenino, para evitar pasarme todo el libro diciendo el/la escritor/a o buscando construcciones afines. Y esto es una demostración de las muchas decisiones que el escritor debe tomar al encarar cada una de sus obras. Hay muchas preguntas y ha de encontrar la respuesta adecuada para cada una, y si no la encuentra, ha de arriesgarse y lanzarse con la que mejor le parezca de acuerdo con su instinto.
    ¡Ah, el instinto! (ya salió la palabra).
    Gracias a todos los chicos y chicas (y no tan chicos ni tan chicas) que en estos años me ha obligado-impulsado a escribir este libro.
    Feliz viaje.

                                Jordi Sierra i Fabra, 2006



EL POEMA DE VERANO


    ELEGIA # 1

   
No importa por qué estás vivo: estás vivo
    No importa por qué vives: vives
    No te preguntes qué haces aquí: haz algo
    No importa lo que tienes, sino en qué lo empleas

    No importa quién eres, sino qué eres
    No Importa cuanto hagas, sino por qué lo haces
    No te preguntes si lo mereces, gánalo
    No importa cuanto vales, sino si vales algo

    No importa de dónde vienes, sino a dónde vas
    No importa a dónde vas, sino ir a alguna parte
    No importa a qué parte llegues, sino llegar
    No importa llegar, sino hacerlo bien

    El mundo está lleno de gentes sin rostro
    Caminando a ciegas al margen del camino
    Todos deberíamos romper los espejos
    En los que buscamos reflejarnos desesperadamente

    ¿Que se siente al poseer el alma de un hombre?
    ¿Puedes ver el el límite de su frontera?
    ¿Cuantas veces deberás repetirte que tú eres tú
    Y que todo el universo está en tu mente?

    Todas tus distancias están en mi
    Pero quisiera que la mía fuese proximidad
    Cierra la puerta del adiós para darme tu bienvenida
    Vende una ilusión para comprar un sueño

    ¿Cuantos amores hacen falta en tu piel
    Para que sepas qué es el amor?
    Las manos del viento arrancan destellos
    En el cuenco de plata abierto en tu sima.

    Si los pájaros no están libres de las cadenas del cielo,
    ¿Cómo huir nosotros de la cárcel de la tierra?
    Todos los amores del mundo brillan como cien mil soles
    Y tú tienes la edad de la dulce esperanza

    He vivido dentro y fuera de la felicidad
    Y sé muy bien de qué color es
    Mis alas nunca me han hecho volar bastante alto
    Que las tuyas no lleguen a quemarse con el sol

    Este es un largo, muy largo camino
    Sin veredas, sin descansos, sólo horizonte
    Despegamos hacia la muerte al nacer
    Sin vuelta atrás, todo hacia adelante

    Sigue moviéndote con el mundo, no te pares
    El tiempo que se pierde es el peor olvido
    El ordenador grita todos tus sueños
    Y yo soy el punto de partida, no la Gran Meta

    Métete en mis zapatos y verás mis caminos
    Mira a través de mis ojos y verás mis sueños
    Siente con mis manos y conocerás mis orgasmos
    Vive en mi mente y cantarás mi vida

    Quitaos las máscaras del genocidio
    Esta es nuestra tierra común
    Gritad por los muertos desaparecidos
    Cantad por los inocentes que ignoran

    ¿Has oído hablar de la palabra Libertad?
    ¿Has oído el sonido de las cadenas?
    ¿Has creído que todo es mentira?
    La verdad no es más que un soplo de vida

    Creo que todos debemos rompernos
    Que nadie llegue entero al final del camino
    Una vida por gastar es tan poco
    Siente que le has dado algo al mundo

    Experiencia es como llamamos a nuestros errores
    Intenta ser libre y nunca mires atrás
    Dylan dijo: Que permanezcas siempre joven
    Yo os digo: Que llegueis a viejos colmados

    Amame cuando estemos juntos
    Olvídame cuando me vaya
    Siénteme cuando hagamos el amor
    Mátame cuando me muera

    Se siempre fuerte, pero cede
    Se siempre grande, pero aprende a empequeñecer
    Se siempre dulce, pero déjate un punto amargo
    Se siempre hermosa, pero sobre todo por dentro

    No vueles en círculos sino en linea recta
    No cedas bajo ningún viento
    No te rindas antes de la eternidad
    No camines por calles sin esquinas

    Que la vida te dé sus dones
    Que la muerte llegue muy tarde
    Que la vida te dé la paz
    Que la muerte no sea una guerra

    El amor es un fantasma transparente
    Envuélvete en él y escúpele al odio
    Perdona siempre a quien hayas amado
    Y no olvides que un día fue tuyo

    Vas de camino, hay muchas paradas
    Nunca llegues al final sin recordar
    Aunque tus manos un día se quiebren
    Que tu corazón mantenga tu norte

    No deberías envejecer nunca
    Pero tu piel no es más que una envoltura
    Ten siempre la edad de tu risa
    Dejaste semillas que siempre crecerán

    Busca tus cielos dentro de la tierra
    Nada en mares eternos
    Vuela sobre fronteras invisibles
    Camina mirando las estrellas

    Enciende tus pasiones cada día
    Descubre quien eres cada noche
    Amanece como si fuera la última vez
    Acuéstate libre de odios

    Vive por detrás de la desesperanza
    Vive por encima del rencor
    Vive por debajo de la vanidad
    Vive por delante de tu libertad

    Vive por todos los que te han amado
    Vive por aquellos que te despreciaron
    Vive por cuantos te ignoran
    Vive por delante de tu libertad

    Vive siempre con una sonrisa
    Vive antes de que te olvides
    Vive después de haberte dado
    Vive por delante de tu libertad

    Vive siempre en este Universo
    Vive al límite de la Frontera
    Vive sabiendo que estás vivo
    Y escápate del Gran Desfile

    (Extraido del libro "Buscando a Bob", editado en castellano por Anaya y en catalán por Barcanova)


EL POEMA DE JUNIO

    HAIKUS

   
Sé más ahora
    que antes, cuando era viejo
    Me siento joven.

    Extraterrestre:
    pido asilo político.
    He de marcharme

    La soledad.
    Su frío viento azul.
    Nadie se escapa.


EL POEMA DE ABRIL

   POSITIVO

Voy a ponerme esta camisa que huele tanto a ti
Y a guardar tu cepillo de dientes en mi baño
Todos los icebergs se derriten al llegar a mares cálidos
Voy a abrazarte eternamente el resto de mi noche
Enmarcaré esa foto que nos hicimos en la playa
Piensa en mi al saber que me amas
Voy a cerrar la puerta y a hundirme en la almohada
Cambiaré el mando a distancia de mi vida sólo para ti
Cuando llegues al final del camino estaré a tu lado

    Todos los corazones se agitan al crecer
    Todos los corazones sueñan al encontrarse
    Todos los corazones viven al renacer

Voy a pedir que renueven para siempre la suscripción de tu amor
Aún llevo tu perfume prendido en mi olfato
Cuando grites mi nombre canta y ríe con toda tu pasión
Voy a imprimir tu huella en el fondo de mi alma
Y a grabar y copiar el vídeo de nuestra joven película
Todas nuestras lunas llenas nos estallan en los ojos
Voy a leer la última carta que me enviaste
Ahora los días son eternos más allá de ti
Nadie cantará por nosotros porque es nuestro secreto

    Todos los corazones rien al vivir
    Todos los corazones cantan al saber
    Todos los corazones gritan al ser uno

Voy a devorar los libros que son nuestra historia
Arrancaré las páginas de todo el calendario
Volaré en círculos por el universo para regresar
Voy a abrazar tu voz al decirme “para siempre”
Pediré una renovación en mi trabajo de ser
Si buscas mi rostro entre la multitud siempre lo encontrarás
Voy a besar el espejo en el que te reflejaste
Y a esperar por todas las noches que usaremos
Todos los corazones existen para el amor



EL POEMA DE ABRIL

    NEGATIVO

Voy a lavar esta camisa que huele tanto a ti
Y a quitar tu cepillo de dientes de mi baño
Todos los icebergs se derriten al llegar a mares cálidos
Voy a echarte de menos el resto de mi noche
Romperé esa foto que nunca nos hicimos
Piensa en mi al olvidar que me amaste
Voy a abrir la ventana y a limpiar esa almohada
Cambiaré el mando a distancia de mi vida
Cuando llegues al final del camino no des la vuelta

    Todos los corazones se rompen al crecer
    Todos los corazones sangran al perderse
    Todos los corazones mueren al despertar

Voy a pedir que borren la suscripción de tu amor
Aún llevo tu perfume perdido en mi olfato
Cuando grites mi nombre no te tragues las lágrimas
Voy a quitar tu huella del fondo de mi alma
Y a borrar el vídeo de nuestra vieja película
Todas nuestras lunas llenas caben en un cubo
Voy a leer la última carta que no me enviaste
Ahora los días son eternos más allá de ti
Nadie llorará por nosotros porque nunca lo dijimos

    Todos los corazones se rompen al vivir
    Todos los corazones sangran al saber
    Todos los corazones mueren al olvidarse

Voy a quemar los libros que no leímos
Arrancaré las páginas de todo el calendario
Volaré en línea recta por el universo para no volver
Voy a fingir que no te oí al decirme “para siempre”
Pediré una exención en mi trabajo de ser
Si buscas mi rostro entre la multitud lo encontrarás
Voy a romper el espejo en el que te reflejaste
Y a tirar todas las noches que no usamos
Todos los corazones existen para el amor




EL POEMA DE MARZO

Dormido sobre los espejos

   
Hoy, dormido sobre los espejos
    he soñado que abrazaba tu cuerpo
    y le hacia el amor a tu alma
    Hoy, acariciado por el reflejo de tu ser
    he recordado todas las noches de mi vida
    en las que fuiste mía y te diste a mi
    Hoy, callado y silencioso sobre la luz
    te he dicho que te quiero en soledad
    deseando despertar al otro lado

    Hoy, dormido sobre los espejos
    quería que ellos fueran nuestra cama
    mecido por el reflejo de mis sueños
    Hoy, susurrando tu nombre en un rezo
    he sentido todo el dolor de tu ausencia
    perdido de nubes y esperanzas marchitas
    Hoy, al despertar de este pasado
    he visto mi sombra transparente
    caminando descalza hacia la muerte


EL POEMA DE FEBRERO

Inventaré el Día de la Esperanza

Inventaré un cuchillo blando
Una bala de lluvia
Un cañón de agua y una bomba de miel
Inventaré una pistola de pan
Una tortura de amor
Una mina de papel y un avión de juguete

    Inventaré el alma, los sueños y la paz
    Inventaré tus manos, tu sonrisa y tu piel
    Inventaré el Día de la Esperanza

Inventaré un hijo lleno de sol
Una madre solitaria
Un padre sonriente y una hermana luminosa
Inventare un país libre
Una rebeldía utópica
Un viaje a las estrellas y una vida eterna

    Inventaré la furia, el cielo y la luna
    Inventaré tu sexo, tus ojos y tu espíritu
    Inventaré el Día de la Esperanza

Inventaré un águila real roja
Una ballena verde
Un elefante blanco y un delfín azul
Inventaré un hombre bueno
Una mujer que me quiera
Un misterio de mentira y una mentira de verdad

    Inventaré un libro, la palabra y leer
    Inventaré tu corazón, tu mente y tu sí
    Inventaré el Día de la Esperanza



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