CADA MES, EN ESTA PAGINA, GRATIS Y POR GENTILEZA DE JORDI SIERRA I FABRA, UN POEMA, UN CUENTO, O EL FRAGMENTO DE UNA OBRA RECIEN EDITADA
Queridos amigos y amigas:
Durante casi 40 años, me habéis regalado vuestra amistad a través de la lectura de mis libros. La mejor forma que tengo de agradeceros esta fidelidad es abriendo esta ventana a través de la cual yo también os podré regalar un poco de mí a vosotros y a vosotras. Como dice el encabezado, cada mes tendréis aquí un avance de alguna novela, un poema... algo con lo que acercarnos más y seguir compartiendo aquello que más amamos, los libros, y toda la esperanza que despositamos en ellos. Gracias y hasta siempre.
Jordi Sierra i Fabra
A PETICION DE NUMEROSAS Y NUMEROSOS FANS, QUE CUANDO SE INICIO ESTA SECCIÓN AUN NO VISITABAN ESTA WEB, RECUPERAREMOS DE VEZ EN CUANDO ALGUNOS DE LOS POEMAS APARECIDOS EN LOS AÑOS ANTERIORES INTERCALADOS CON LOS NUEVOS.
EL POEMA DE SEPTIEMBRE
No me hagas daño La inseguridad provoca más cicatrices que la guerra La seguridad es un gran pájaro de alas de plomo No me hagas daño Me he sentido alto mucho tiempo sin ver el sol Me he sentido bajo mucho tiempo sin ver el suelo No me hagas daño Gandhi dijo: «La peor violencia es la indiferencia» Yo digo: «La peor soledad es la de mi amor por ti» No me hagas daño Mis brazos son un ánfora de barro húmedo al abrazarte Mis piernas se doblan como una caña al sentirte No me hagas daño Cuando hayamos destruido el mundo descubriremos que el dinero no se come ni sirve para sembrar No me hagas daño El amor es un cántaro con cien agujeros Bebes por uno pero el agua se te escapa por los restantes No me hagas daño La vida es una novela que siempre acaba mal Muere el protagonista No me hagas daño
EL POEMA DE AGOSTO
Siento rabia. La furia de la tormenta interior. Lengua de fuego que me devora, consume. Rabia del tiempo perdido. Rabia de tanta ausencia. Cada luna es una noche que se ha ido. Ningún sol te da calor bajo el hielo de la muerte.
(Central Park, 10-5-08)
EL POEMA DE JULIO
Bip
Bip-bip-bip Soy Jordi Bip-bip-bip Comunicando Bip-bip-bip ¿Dónde estás?
Espera No me escuchas No te escucho Bip-bip-bip Bip-bip-bip Bip-bip-bip
Jordi, Jordi, Jordi Constructor de ilusiones Creador de sueños Escritor de vacíos que se van llenando perdiendo olvidando
Bip-bip-bip Comunicando ¿Estás ahí? Hola, soy Jordi Bip-bip-bip Jordi-bip-Jordi Bip-Jordi-bip Soy... (¿Quién ha apagado la luz?)
Capítulo 1 de "Historia de un segundo", editado por SM en mayo de 2010
1 El arrebato del amor
En el preciso instante en que la vio, quedó prendado de ella. Lo más hermoso, lo más singular, fue que la muchacha también le vio a él en ese preciso momento. Y sus ojos fueron un reflejo de los suyos. Era morena, de cabello muy negro, azabache. Lo adornaba con unas cintas de colores que caían sobre sus hombros, a ambos lados de la cabeza, perdidas entre rizos sobre los que su ligero tocado semejaba flotar, navegar en aquel mar armónico. Su rostro era puro, muy blanco, de tez pálida en la que los ojos parecían dos perlas incrustadas por un toque divino y los labios una pincelada rosada aportando el toque de color más dulce. Vestía un hermoso traje estival, igualmente blanco, con la falda rozando el suelo y una docena de brocados como único adorno. Sus manos sostenían un libro de cubiertas rojas que apretaba contra su pecho al andar. Delante, a un par o tres de pasos, iban sus padres. Bueno, Eliseo dedujo que lo eran. Sin duda gentes de noble cuna. Tanto el hombre como la mujer vestían de forma impecable. Muchas de las personas que acudían al pueblo en verano, para descansar y disfrutar de sus aguas medicinales, descuidaban su apariencia, incluso en domingo, como era el caso. Un toque aquí, una permisiva dejadez allá, un descuido... Ellos no. El hombre llevaba una levita que, aunque de paño ligero y apropiado, confería a su aspecto una nobleza peculiar y le dotaba de la necesaria calidad. Sin duda en la capital era alguien importante. La mujer lucía con encanto y donaire un vestido igualmente apropiado, de moderado escote, talle ceñido, la larga y acampanada falda rozando también el suelo. Se tocaba con una sombrilla con la que se protegía del inclemente sol en aquel cielo sin nubes, tan azul como debían de serlo los mares de los que hablaban los viejos del lugar, los que un día fueron a la guerra en grandes barcos y sobrevivieron a ella. El rostro del hombre denotaba rigor, gravedad, la seguridad de los fuertes y los que nunca han recibido una orden porque siempre las han dado todas. El de la mujer reflejaba dulzura. Bien mirado, se parecía a su hija. Quizás se casase con sólo unos pocos años más que ella, porque era joven y hermosa. Junto a la muchacha, caminaba una institutriz perfectamente uniformada, de rostro severo. Sus ropas eran negras, con un delantal y una cofia blancos. Parecía un perro de mejillas flácidas y caídas a los lados, las cejas formando un sesgo oscuro por encima de los ojos, la nariz prominente. Eliseo ya no iba a olvidar jamás aquel segundo. Aquella mirada. La suya. La de la muchacha. Nunca hubiera imaginado que en un abrir y cerrar de ojos, la vida pudiera cambiar tanto, volverse del revés, como un calcetín. Se olvidó de todo, de su mandado, de la hora, del día o el año. Sólo fue consciente de que su corazón latía más rápido. Nada más. Que sus piernas cambiaran de rumbo, que su mente se adentrara en un espacio blanco suspendido del tiempo, que perdiera toda razón, fue ajeno a su voluntad. Les siguió. Por la calle, la plaza, en dirección a la iglesia. Porque en un domingo por la mañana, las gentes de buena cuna acudían al templo para escuchar la palabra de Dios y renunciar por unos minutos a su nobleza. Allí todos eran iguales. O lo creían. Unos minutos no hacían daño a ninguna cabeza coronada. Eliseo no apartó los ojos de la muchacha. Le calculó su edad, más o menos. Su corazón se paralizó cuando ella volvió la cabeza la primera vez. Se aceleró la segunda, y estalló en su pecho la tercera. Porque fue la de su sonrisa. Dulce, evanescente, igual que un suspiro de la naturaleza. Estaban ya en la plaza, a unos pocos pasos de las escalinatas del templo. Los padres caminaban despacio, confiriendo a su porte todavía más prestancia. Inclinaban la cabeza aquí y allá cuando les saludaban, sin detenerse. Pero a los pies de los sillares de piedra que conducían a la puerta de la iglesia si lo hicieron, para hablar unos segundos con otro matrimonio de no menos relieve social. Intercambiaron palabras, gestos, sonrisas, y luego presentaron a sus hijos. Por un lado, la muchacha, por el otro, dos niños pequeños, de unos nueve o diez años, gemelos, acompañados también por su institutriz, delgada y nudosa como una vid, con cara de estar visiblemente agotada. Eliseo estaba a unos pocos pasos. Pero no podía escuchar la voz de su rayo de sol. Otras dos miradas. La segunda sonrisa, tímida, arrebolando sus mejillas de porcelana. Luego entraron todos en el templo. Eliseo no supo qué hacer. Iba descalzo, nunca había tenido zapatos hasta unos meses antes, y no tanto por viejos como por incómodos, prefería caminar sin ellos, sobre todo cuando tenía prisa y había que correr. Pero más allá de su desnudez en la parte de su cuerpo que tocaba la tierra, estaban sus ropas, viejas, pantalones gastados y anudados con una simple cuerda para que no se le cayeran, la camisa raída, el pelo revuelto. Su única luz era su rostro. Las mujeres se lo decían: —Mira que eres guapo, tunante. —Dentro de muy poco ya las llevarás a todas prendidas de ti. —Si eres listo, que lo eres, conseguirás que la vida te de sus dones. —Te guardaré a mi hija. Quiero tenerte por yerno. —Tu madre debió de ser sin duda una hermosa mujer. Eliseo desafió a su suerte y penetró en el templo. Después de todo, era la casa de Dios. Su casa. La de todos. Caminó por el lateral, oculto por la penumbra de la zona más oscura. Los gruesos muros, las columnas, impedían casi que la luz llegara hasta allá abajo. El tono de recogimiento era absoluto y el silencio un grito superior al de las vendedoras en el mercado. Cada pasó sobre las frías losas, a veces caminando por encima de tumbas selladas hacía decenas o cientos de años, le hacía estremecer. Pero nadie reparó en él. Les localizó nada menos que en la segunda fila. La primera era para las autoridades locales. La segunda y la tercera para los feligreses más destacados. Quizás en el cielo también hubiese categorías, ¿cómo saberlo? No le importó el detalle, salvo por el hecho de que tenía que acercarse más al altar, quedar casi a descubierto. Estaban sentados por orden. Primero el cabeza de familia, junto al pasillo central. A continuación su esposa. Luego ella. La institutriz debía de haber quedado más atrás. En su banco estaban solos. Eran de cuatro personas y había cuatro filas de ellos. La muchacha ya no sostenía su libro de cubiertas rojas. Sus manos sostenían uno de tapas negras. Un misal o una Biblia. Todos los bancos tenían cuatro de ellos situados en un cajetín frontal, debajo del apoyabrazos. Ella sabía que estaba allí. Le buscó. De manera comedida, discreta, sin apenas mover la cabeza. Primero por la derecha, después por la izquierda. Al verle asomado detrás de una columna sonrió de forma aún más acusada. Eliseo se ocultó. No era un juego, era... Se asomó de nuevo. Cuanto más la miraba, más deseaba verla. Cuando más la sentía, más gozaba del dolor de aquella herida. Cuanto más recibía aquellas sonrisas, más desnudo percibía su cuerpo y su mente se deshacía como un azucarillo. Le costaba respirar. Entonces salió el sacerdote y dio comienzo la misa. Durante los siguientes minutos, quizás media hora, quizás sólo unos segundos porque el tiempo dejó de contar, los dos mantuvieron aquel juego de miradas y roces en la distancia, ajenos al mundo, al margen de todo lo que no fuera su nueva realidad. Siguiendo el rito de la misa, se arrodillaron, se incorporaron, rezaron, se santiguaron, volvieron a arrodillarse, volvieron a incorporarse, volvieron a rezar... Hasta que el oficiante anunció: —Ite misa es. Eliseo echó a correr para llegar de los primeros a la puerta de la iglesia. La cruzó raudo y llegó al pie de la escalinata, donde se sentó a esperar. Por primera vez sentía sus piernas agotadas, incapaces de sostenerle, como si el amor pesara. Extraña palabra. Nunca antes había pensado en ella. La muchacha y sus padres, con la recuperada institutriz, salieron de los últimos, y al hacerlo, en la explanada superior, se detuvieron de nuevo para intercambiar algunas palabras con otras parejas. Aquel sería un buen verano, sin duda alguna. Cada vez eran más las personas que acudían al pueblo para tomar las aguas, y llegarían todavía muchas más, de otras clases y condiciones, cuando se inaugurara el balneario que ya estaban construyendo junto al río. Prosperidad para todos. Con la escalinata de por medio, aquella fue la mirada más larga de cuantas se hubieran dirigido por el momento. Abierta. Radiante y viva. Hasta que la muchacha abrió su libro de tapas rojas, extrajo un lápiz de la parte dura de su cubierta, y pareció escribir algo en una de sus páginas. Segundo a segundo. Cerró el libro casi un minuto después. Sus padres no se habían dado cuenta de nada. La institutriz permanecía a un metro de distancia. Sólo Eliseo vio como la muchacha arrancaba la hoja en la que había estado escribiendo algo. La dobló en cuatro partes. La ocultó en su mano. Cuando los padres dieron por terminada la conversación e iniciaron el descenso de la escalinata, siguiendo el mismo orden que a su llegada, es decir, ellos delante y su hija y la institutriz detrás, Eliseo se puso en pie. Podía seguirles. Arriesgarse. Ver... Los cuatro cruzaron la plaza. La muchacha volvió la cabeza por última vez, sólo para estar segura de que él seguía pendiente de su paso. Entonces se detuvo y se agachó. Fingió atarse un zapato. Y depositó la página arrancada del libro bajo una piedra antes de incorporarse de nuevo y alcanzar a su institutriz. La sangre de Eliseo empezó a correr a toda velocidad por su cuerpo. Una carrera desbocada que le provocó sudores, le dejó la garganta seca y le azuzó las sienes hasta el punto de que su cabeza amenazó con estallarle si antes no lo hacía su corazón. Echó a correr hacia la piedra. Se agachó, miró a su alrededor, y recogió la página del libro. Ni siquiera la miró. La guardó en el bolsillo izquierdo de su pantalón, porque el otro tenía un roto, y al enderezarse vio como el padre, la madre, ella y la institutriz subían a un carruaje que les esperaba en una de las esquinas más alejadas de la plaza. La última mirada fue fugaz. Luego el carruaje se alejó y Eliseo se quedó solo. Lleno. Vivo.
Capítulo 1 de "Tester" (Probador)", editado por Edebé en mayo de 2010
Abrió un ojo cuando sonó el teléfono. Sólo uno. Las nueve y media de la mañana. ¿Quién podía llamar a las nueve y media de la mañana en domingo? Por entre las brumas de su somnolencia intentó hacer una lista mental de posibles candidatos a pelma. Los amigos no porque estaban tan o más sobados que él. A su madre ni se le ocurriría. Así que... ¿Un error? —Que te den —farfulló sin hacer siquiera un intento por levantarse. Porque, encima, el maldito aparato no lo había dejado al lado de la cama, sino con la ropa. Y eso implicaba levantarse en caso de que quisiera cogerlo. Levantarse, o arrastrarse, lo justo para desvelarse. A la quinta señal sónica dejó de zumbar y se acabó. Ya oiría el mensaje después. Después. Volvió a cerrar los ojos y se abandonó, boca abajo, atravesado en diagonal, desnudo y absolutamente privado de consciencia a los cinco segundos. Lo malo de los buenos sueños es que nunca volvían. Lo peor de los horribles es que eran cíclicos. Su mente atravesó las brumas finales y se sumergió en una nada oscura pero plácida. Un vacío que, de pronto, se llenó de luces y sonidos. Tan inesperadamente que... El teléfono. Otra vez. Abrió el mismo ojo y lo depositó en el reloj que, algunas veces, le servía para despertarse en caso de necesidad. Las nueve y cuarenta y dos. —Mierda... ¿Por qué no había desconectado el maldito móvil? Con la quinta señal enmudecería, pero le echó la almohada rabioso, deseando asesinarlo, moviendo tan sólo un brazo de arriba abajo lateralmente. La almohada cayó encima del aparato y amortiguó el tono. Nada más. De nuevo el silencio. Otra vez la lista mental de candidatos. La última vez que a su madre se le ocurrió telefonearle en domingo, y eran las doce y pico, se las tuvieron. Encima ella estuvo de morros una semana, con toda su retahíla de reproches y reconvenciones elevadas al grado sumo. No podía ser ella. No era tonta. Los colegas... No, no, seguro. De entre todas las bromas pesadas que pudieran gastarse aquella era sin duda la peor. Fuera quien fuera volvería a telefonear, eso fijo. Insistente. El sueño roto por segunda vez amenazó con desvelarle. Más por la irritación que por falta de ganas de volver a cerrar los ojos y escapar de la realidad. Era como cuando ladra un perro de noche. Aunque se calle de golpe estás esperando que vuelva a ladrar. Te dices que si lo hace te levantarás, te asomarás a la ventana y le pegarás cuatro gritos, pero te resistes, le das una oportunidad, y el maldito animal insiste, ladra, ladra, ladra... Sintió los irrefrenables deseos de orinar propios de cada mañana. —Lo que faltaba... Tenía que ir al baño. Eso sí resultaba inevitable. Una presión vejigal como aquella no se vencía únicamente cerrando los ojos para volver a dormir. Si no vaciaba el depósito sería peor. Conocía su cuerpo. Se levantó intentando no enfadarse, ni hacer gestos bruscos ni nada. Iría al baño, orinaría, regresaría a la cama y a sobar otra vez. Calma. Pasó junto a su ropa y el móvil oculto por la almohada. Le bastaron tres pasos para alcanzar su minúsculo baño. Se alivió, manteniendo los ojos cerrados, igual que si deseara dormirse de pie, y cuando se dispuso a volver a la cama se dio un golpe con la silla. “La” silla. Porque era la única. Abrió los ojos y contempló su mini-apartamento. Veintisiete coma nueve metros cuadrados. Siendo tan pequeño la sensación de caos aún se hacía más evidente. Parecía un trastero. Por lo menos tardaba poco en arreglarlo. Todo lo malo tiene cosas buenas y viceversa. De haber vivido en un piso mayor, un verdadero piso, el caos sería el mismo y poner orden un infierno. Recogió el móvil antes de derrumbarse sobre la cama. Nada de SMS. Dos llamadas perdidas. Mejor lo desconectaba. Se resistió a hacerlo. Por lo menos saber de quién eran. Vaciló. —Te arrepentirás... —masculló a media voz. Su sentido común no le hizo caso. Marcó el Uno Dos Tres y esperó. —Tiene dos llamadas —la voz de la chica de la telefónica era tan impersonal como siempre. A veces se preguntaba cómo era, qué aspecto tendría. Un misterio—. Primera llamada. Recibida hoy a las nueve horas y treinta minutos... La voz de Sony reemplazó a la de la chica. Sony, el muy... —Lennon, tío... despierta... —la pausa fue dolorosa, flotó en medio de un extraño rumor de fondo antes de que reapareciera él—. Oye, que ha sucedido algo gordo... Mira, paso de decírtelo así, ¿vale? Llámame en cuanto oigas esto, ¡pero ya! Coño que es... Venga tío... La voz de Sony dejó de martillearle la mente y en su lugar volvió a escuchar la de la chica de la telefónica. —Fin del primer mensaje. Segunda llamada, recibida hoy a las nueva horas y cuarenta y dos minutos. Otra vez Sony. —Lennon... joder, ¡joder!, que ya veo que no llamarás y... Mira, si escuchas esto antes de las once... Tienes que venir, tío. Estamos en Pompas Fúnebres. Es... —pareció tragar saliva antes de soltarlo. De golpe—: Es el Hardy, colega. El Hardy que se la pegó con la moto y... Coño, Lennon, que está muerto, que la palmó y le entierran. ¿Puedes creerlo? Le entierran a las once, mierda. Toda la peña está jodida desde que nos hemos enterado y sólo faltas tú... Y... bueno, vale, da igual. Llama o ven, tío. Lo siento... —Fin del segundo mensaje. Usted no tiene más llamadas. Si desea revisar sus mensajes, pulse... No apagó el móvil. Sólo bajó la mano. No reaccionó. Debieron de pasar un montón de segundos sin que lo hiciera.
EL POEMA DE ABRIL
Llevo una habitación de hotel en mi corazón
Llevo una habitación de hotel en mi corazón Llevo una cárcel vacía en mi mente Y mi pensamiento es un cauce abierto en la montaña Llevo una silla de madera al borde de mi ansiedad Llevo una película inacabada en mi vida Y mis manos extendidas que aún esperan nuevos horizontes Llevo una habitación de hotel en mi corazón Todas sus ventanas dan al exterior La cama es grande para ti y para mi
Llevo una habitación de hotel en mi corazón Llevo las alas de mi libertad plegadas Y cada noche cierro los ojos pensando en el mañana Llevo una moneda en el fondo de un bolsillo agujereado Llevo una intención colgada de mi voluntad Y me faltan horas para tantas ilusiones soñadas Llevo una habitación de hotel en mi corazón Tiene una puerta que es todo un mundo y frontera La cama es grande para ti y para mi
Llevo una habitación de hotel en mi corazón Un número, un teléfono, una televisión gastada Llevo tu imagen a través de todas esas habitaciones He perdido la llave en la esquina del círculo La cama es grande para ti y para mi
Capítulo 1 de "La modelo descalza", editado por Siruela en marzo de 2010
Llegar a tu casa después de un largo viaje en avión es... lo mejor del mundo. No importa que vengas de un país exótico, que todo haya ido bien, que los aviones hayan salido a su hora, que el trabajo haya sido de primera y las sensaciones perfectas. No importa nada. Aunque lo eches de menos, aunque ya pienses en el siguiente viaje, aunque tu vida sea volar y disfrutar del mundo, llegar a casa no tiene parangón con nada. Además, no venía precisamente del lugar más civilizado. Tener cobertura con el móvil, después de varios días sin ella, significaba estar de nuevo conectado con la maldita Aldea Global. Y no es que yo sea un fanático de la globalización, al contrario. Pero son los tiempos, y hay que vivir de acuerdo con ellos. Dejé la bolsa del equipaje y la de las cámaras en el suelo, respiré mi aire más familiar, pensé en mi cama... —Hola —me dije a mi mismo. Lo primero, abrir un poco las ventanas, para que circulara el aire. Lo segundo, quitarme los zapatos y la ropa, ponerme cómodo. Lo tercero echarle una ojeada al correo, por si me encontraba algo urgente o novedoso. Lo cuarto escuchar los mensajes del contestador automático. Exactamente nueve. Y para todos los gustos. Desde amigos preguntándome dónde estaba y por qué no contestaba al móvil hasta amigas interesándose por mi salud. El último era de mi madre. —Bienvenido. Llámame cuando llegues. El mismo mensaje que el del SMS leído en el aeropuerto, nada más aterrizar y recuperar la cobertura. Lacónico y directo, como no podía ser menos. La había llamado, no sólo porque fuera mi madre, sino porque el tono era más bien el del trabajo, el de Paula Montornés, dueña y directora de Zonas Interiores, nuestra revista. Y cuando empleaba ese tono... Pero ella también tenía su móvil desconectado. Lo probé de nuevo. Fui a la memoria, activé su número y esperé. —Lo siento. Ya sabes cómo va esto. Te llamo si me dices quién eres. —Mamá, soy yo —le dije al buzón de voz—. I’m home. Dejé el móvil junto al teléfono fijo y por un momento vacilé sin saber qué hacer. Tenía que deshacer la bolsa y poner la ropa para lavar, pasar las fotos al ordenador, cenar algo, ducharme, enterarme de cómo estaban las cosas... No tenía sueño. El dichoso jet-lag. Y no es que hubiese mucha diferencia horaria aunque el viaje desde el África profunda hubiese durado trece horas. Me fui directo a la ducha para relajarme. Sí, ya sé que dicen que cuando llegas de un viaje no has de tomar una ducha ni meterte en una bañera con agua caliente, porque es malo. Pero no sé de nadie que se haya muerto por eso y a mí me apetecía una ducha. Diez minutos bajo un chorro dan para que te olvides del mundo entero. Salí envuelto en una toalla y entonces me derrumbé en mi butaca favorita, delante de mi equipo de imagen y audio. Pantalla gigante para televisión, películas, DVD’s, y el resto integrado por un grabador, reproductor, música... Le di al mando a distancia de la tele y lo primero que vi fue lo de siempre. Es decir, lo de siempre antes de irme. El país seguía igual. Y el mundo. Los mismos políticos diciendo las mismas cosas, poniendo las mismas caras y gritando las mismas estupideces sin sonrojarse ni recordar que las hemerotecas solían desnudarles a cada momento. Las mismas guerras cada día con el contador de muertos en aumento. Los mismos locos armamentistas y los mismos falsos profetas con sus bocas llenas de dioses. Las mismas vergüenzas internacionales. Lo único diferente era que los niños que salieron por la pantalla, víctimas de conflictos o hambrunas, aún estaban vivos, mientras que los últimos que vi antes del viaje probablemente ya estarían muertos. Ser periodista es fantástico, lo mejor, pero también es muy duro. Sobre todo si tienes un compromiso, si te inmiscuyes, si no eres indiferente, si tomas partido y se te rebelan los higadillos ante las atrocidades constantes de las que eres testigo, directo o indirecto, y que se enfrentan a la pasividad de tantos, desde los miserables del G-8 hasta los destructores ambientales. Siempre recordaba a uno de los jefes de las tribus amazónicas el día que dijo: “Cuando hayáis destruido el último bosque, agotado el último océano, aniquilada la última especie animal, os daréis cuenta de que el dinero no se come. Y entonces será demasiado tarde”. Le quité el volumen a la proyección televisiva y cogí de nuevo el móvil. Era raro que mi madre lo tuviera desconectado. A no ser que se encontrara en un teatro, un cine, una cena... o una cita. Pensé en ello. Y sonreí. Ojalá Paula Montornés tuviera una cita. No buscaba un padrastro, pero sí me hubiera hecho ilusión que ella recuperase el pulso de su vida fuera de Zonas Interiores. La revista era su casa, su mundo. Ella y yo. Gajes de ser hijo único. —Que conste que te he llamado dos veces —le dije al buzón de voz—. Me voy a la cama en quince minutos y desconectaré. Hasta mañana. Estaba acabando el mensaje cuando en la pantalla apareció ella. Alexia. Alejandra Galvany. Me quedé con el móvil en la mano y mi habitual aspecto de tonto viendo aquella imagen tan habitual y, al mismo tiempo, tan especial para mí. Mi Alexia, aunque para mí sería siempre Alejandra. Lo extraño era que saliera en un telediario, un informativo de media noche, no en un programa del corazón. Desde luego no daba la impresión de que el tema fuese alguno de sus pases de moda en cualquier lugar del mundo, ni su fama como top internacional, ni tampoco que hablaran de ella por un premio o un escándalo con su más reciente ligue. Alejandra estaba muy seria. Lloraba. Y la rodeaban varios policías. Tardé demasiado en reaccionar y subir el volumen del televisor. Para cuando lo hice, la noticia tocaba a su fin. Alcancé a escuchar unas últimas palabras: —...el asesinato, el baño de sangre... Y finalmente el párrafo de despedida: —...la famosa top model internacional, protagonista este año de destacados campañas publicitarias y reina de las pasarelas de Milán, París, Nueva York, Tokyo y Londres, había desfilado estos días para los más reputados creadores del Salón de la Moda de Barcelona. Del lujo a la cárcel mientras la investigación sigue abierta. “Asesinato”, “Baño de sangre”, “Cárcel”. Me quedé hipnotizado, convertido en una estatua de piedra delante del televisor, que de pronto cambió de tema y empezó a soltar imágenes de fútbol. Por eso el inesperado zumbido del móvil, que seguía en mi mano, me sobresaltó tanto que casi me dio un infarto. Era mi madre.
ESTE CUENTO ESTA INSPIRADO EN LOS NIÑOS Y NIÑAS DE LA INSTITUCION EDUCATIVA AMBIENTALISTA DE CARTAGENA DE INDIAS, QUE RECICLAN TODO LO QUE HALLAN Y CREAN NUEVOS MUNDOS LLENOS DE VIDA, COLOR E IMAGINACIÓN.

EL SACO DE CEMENTO
El saco de cemento estaba en mitad de una montaña de sacos de cemento, lleno de polvo por fuera y, claro está, de cemento por dentro. Había llegado a la fábrica en buen estado, recién salido de la imprenta que los confeccionaba, pero allí, de inmediato, lo habían llenado, cerrado y apilado a la espera de ser enviado a la obra que lo comprara. El pobre saco de cemento estaba triste. Su vida iba a ser corta y, por desgracia, tan discreta como sucia. Todos los sacos de cemento estaban como él, sin ganas de hablar, aplastados unos con otros, imaginando que, una vez los vaciaran, acabarían en un basurero, y luego... quemados, destruidos, hechos trizas... Aquella fue una larga noche. Por la mañana unos hombres empezaron a cargarlos. Idas y venidas desde la montaña hasta unos camiones donde otros hombres los colocaban debidamente. El saco de cemento viajó en el hombro de un joven negro y en el camión lo recogió otro hombre de aspecto indígena que lo puso casi en la parte de arriba de una pila, y mirando hacia afuera. Así que, por lo menos, cuando el camión arrancó, el saco pudo ver un poco el mundo, las calles, las casas, las gentes... Aquello era fascinante. Pero el trayecto, de dos horas de duración, se le antojó muy corto. Cuando llegaron a su destino, los sacos fueron bajados del camión por otros hombres, y ésta vez a él le tocó quedarse en la parte inferior de la pila, con un montón de sacos encima. La obra en la cual el cemento que contenían iba a convertirse en parte de su estructura era muy grande. Una hermosa construcción. El saco de cemento pensó que, a lo mejor, tardaban uno o dos días en utilizarlo. Se equivocó. Aquella misma tarde la pila disminuyó muy rápido y antes de la hora en que se daba por concluida la jornada laboral fue vaciado hasta que en su interior no quedó nada salvo el polvo del cemento. Tras ello, el saco, arrugado, fue a parar a un lado. Aquella noche, en el basurero, a la espera de saber su destino, miró el mundo por última vez. Y al amanecer... La niña era pequeña, unos ocho o nueve años. Pequeña y muy guapa, manos de seda, sonrisa de colores, piel negra y brillante, ojos grandes. Se detuvo frente a él y los demás sacos, cogió un puñado, los alisó y se los llevó con ella cantando. El saco de cemento no entendía nada. Llegó a un lugar lleno de niños y niñas, y allí fue depositado junto a otros restos en apariencia inservibles: cajas, latas, plásticos, hueveras, cintas... Un sinfín de cosas que, para la mayoría, no eran más que eso: basura. Sin embargo los niños y las niñas se pasaron el día trabajando con ellos, formando adornos con unas cosas y vestidos con otras. Vestidos. El saco de cemento fue alisado, planchado, unido a otros cuatro sacos y convertido en un precioso vestido que, luego, la niña que le había rescatado pintó de colores. A él le tocó ser la parte delantera, la más hermosa. Cuando comprendió la verdad casi lloró. No lo hizo para no estropear aquel trabajo. Dos días después hubo una gran fiesta en la escuela. Les visitó nada menos que la Primera Dama de la nación, y un escritor español, y uno del país, y muchas más personas. Y la niña bailó y cantó, con su vestido hecho de sacos de cemento pintados, y sus adornos en la cabeza. Nadie hubiera dicho que aquello eran desperdicios. Nadie. El saco de cemento vive hoy en un armario, feliz, sabiendo que una vez fue lo que fue, un saco de cemento lleno de polvo, pero que en el presente y en el futuro, será siempre un vestido de colores gracias a la imaginación de un puñado de niños y niñas. La imaginación. Como la energía, nada debería crearse o destruirse, sólo transformarse.
© Jordi Sierra i Fabra, Cartagena de Indias 2010
EL POEMA DE ENERO
Si los pájaros no son libres (Poema para Dylan)
Si los pájaros no son libres de las cadenas del cielo ¿Qué pretendemos nosotros en esta cárcel de piedra? Si las nubes no escapan de su horizonte de hielo ¿Cómo queremos volar sin alas y lejos de la tierra? No hay límites para las quimeras de una ilusión No existen fronteras más allá de una razón
Sólo es una idea hermosa Pero apuesto a que es fabulosa
Si los pájaros no son libres de las cadenas del viento Nosotros somos prisioneros de los infinitos caminos Si la lluvia te ciega no te digas a ti mismo "lo siento" Déjate llevar por el misterio de todos tus destinos No hay barreras para la fuerza de una sonrisa No nos detendrán las voces ni la furia de su prisa
Sólo a mí me pertenece Pero sé que es más de lo que parece
Si los pájaros no son libres de las cadenas de su libertad Tú y yo estamos condenados a vivir atrapados aquí Prisioneros de la vida, el amor, la pasión y la edad Porque todas las respuestas que busco están en ti No hay distancias para el empuje de una sensación No hay miedo para lo que te grita el corazón
Sólo es un pensamiento pero esto es lo que siento
EL POEMA DE DICIEMBRE
Mi niña
Mi niña de verano. Sueño de una noche fría. ¿De qué color son tus caricias? Mi niña de cristal. Belleza que me duele. ¿Volveremos a encontrarnos?
Quisiera dibujar el tiempo en tu rostro de piel blanca. Pintar tu cuerpo, tu mirada, hacerla carne y misterio. Geografía de un recuerdo, hecha ternura y sentimiento. Quisiera dibujar tu alma y guardarla entre las manos. Cada beso hoy perdido y mañana reencontrado. Con tu aliento en mi memoria y esa noche no vivida.
Mi niña de ojos limpios. Amor de un momento. ¿Qué poema me lees? Mi ángel de piel suave. Historia de un segundo. Que la vida te acompañe
Capítulo 1 de "Poe", editado por Zorro Rojo en septiembre de 2009
(25 de noviembre de 1811)
Los artistas siempre son pobres. Los artistas siempre son únicos, diferentes. Y solidarios. Ah, los artistas... Para los puritanos eran gente de mal vivir, bohemios, de licenciosas costumbres, y sin embargo necesarios en su esparcimiento. Una ventana al mundo de las sensaciones. Para sí mismos en cambio, envenenados por el influjo de la escena, castigados por penurias económicas, destrozados por giras a través de carreteras infames, mal pagados... El nuevo siglo no había cambiado nada. Sólo un dígito. ¿Qué más daba que la primera década del XIX se hallase ya cumplida y anduvieran por la segunda? Ser artista significaba vivir el peligroso perfume de la libertad al precio de la vida. Un par de horas dominadas por la intensidad todas las noches para borrar las veintidós restantes tal vez infames. Eso suponiendo que en esas dos horas hubiera un público, unos aplausos. Artistas. Artistas. Artistas. Las dos damas contemplaban los carteles de la función en el pequeño teatro, con su reclamo humilde. Las personas pasaban y los leían. O no. Hacía demasiado frío para detenerse. A su espalda, la pensión era todavía más lóbrega. Un nido de ratas. Ratas que, cada noche, sonreían, tomaban sus hábitos escénicos y cumplían con su misión de entretener al mundo. Las dos damas reflejaban consternación en sus rostros. —Ella no actuará esta noche, ¿verdad? —Tal vez quiera hacerlo, aunque sea arrastrándose. —¡No puede, en su estado! ¡Se está muriendo! —Es tan tercamente joven, veinticuatro años... —¡Pero tiene los pulmones destrozados! La señora Allan miró a la señora Mackenzie. Pareció no saber qué decir. —¿Qué será de esos pequeños? —¿El padre sigue sin dar señales de vida? —Ni lo hará. Es probable que jamás vuelva a saberse de él. Hace ya más de un año que se fue. La sensación de pesar las dominó. Ellas, mujeres de la buena sociedad de Richmond, sentían mucho más que lástima por Elizabeth Arnold, la joven perla de la compañía, tan hermosa, tan indefensa, tan especial. Betty había enviudado de su primer marido para casarse casi de inmediato con David Poe, un actor de segunda, hombre de buena familia que le dio la espalda al preferir él la farándula a una vida digna. Habían tenido un primer hijo, William Henry Leonard, un segundo, Edgar, y un tercero, una niña, Rosalie, apenas un año antes. La función de la noche, demostrando el espíritu solidario de los compañeros, siempre ellos, era benéfica. El señor Placide, el director, así lo anunciaba en el periódico, solicitando la asistencia de un público generoso. Esta noche no llovía, pero lo había hecho tanto que la malaria, emergiendo de la crecida del río James, causaba estragos en la población. La peor noche para un milagro. —¡Oh, Dios! —suspiró la señora Mackenzie. —Sí, Dios, ya ves —hizo lo propio la señora Allan—. Esa pobrecilla con tres hijos mientras que otras... —Quieres al pequeño Edgar, ¿no es cierto? —puso una mano sobre las de su compañera. Frances Allan, de soltera Frances Velentine, sonrió con ternura. Cuando no se tienen hijos, todos parecen hermosos. Pero aquel ángel... —Vamos a ver a Betty —propuso—. Quizás podamos ayudarla, procurarle consuelo.
EL POEMA DE OCTUBRE
Quiero bailar
Quiero bailar un silencio contigo y escuchar la música de tus sentidos Envolverme en tu calor, al abrigo de tantos fríos vividos Y dar vueltas al tomarte por la cintura mientras beso tu sinfonía enamorado de esta vida tan pura que me regalas, mi amor, día a día Quiero abrazarte entre nota y nota susurrar nuestra canción en tu oído que sanes y beses mi alma rota por cada vez que me he perdido Aspiraré el aire de esta melodía apretaré tu cuerpo contra el mío enloqueceré sabiéndote tan mía y soñaré que volamos por un río Quiero bailar este silencio de amor para grabarlo en nuestra memoria y que nos grite en el último estertor cuando la muerte cierre la historia Baila, baila mi ángel del cielo hasta que sueñes colores Despierta, despierta, mi dulce anhelo hasta que cantes amores Quiero bailar un silencio contigo Quiero cantar sin medida Quiero que grites conmigo que me amarás toda una vida
Capítulo 1 de "La isla del poeta", editado por Siruela en septiembre de 2009.
Fue la primera visión de la isla lo que le acabó de robar el aliento. Un punto lejano que fue acercándose a ella desde la distancia abierta en aquel mar tan súbitamente plomizo y airado. —¿Es esa? El pescador sumió en ella su ya habitual mirada de ojos cansinos. —Sí, señorita. Esa es. Ya no había otra, y se dirigían recto a su encuentro. Estudió aquella mancha todavía difusa, apenas un promontorio oscuro en mitad del horizonte. Parecía redonda, pero sabía que no lo era. Parecía muy pequeña, pero sabía que era mayor de lo imaginado aunque resultase igualmente diminuta. Y parecía perdida. Muy perdida. La había estudiado en Google Maps, acercándose al máximo a su contorno en forma de habichuela. Conocía su perfil, la ubicación del pueblo, el embarcadero, las playas, la casa... La barca capotó al chocar con una ola más encrespada que las demás. Un golpe brusco, seco. La fina llovizna levantada por el impacto le azotó el rostro, lo mismo que un vaporizador refrescante. Apenas si cerró los ojos un instante. Quería embeberse de todo, especialmente del camino. Allí estaba su Ítaca personal. Y ese camino quizás fuese lo más importante. Desde la salida de Cartagena de Indias, a lo largo de aquella hora y media, habían rebasado ya varias islas, algunas grandes, otras relativamente pequeñas, y muchas convertidas en meros islotes sobre los que se asentaban singulares construcciones de madera. Casas sin puertas o sin ventanas, libres, extraordinariamente singulares. Su visión desde el mar les confería un aspecto inquietante, misterioso, y también sorprendente. Era como si se hubiera producido una inundación y a ras de aguas sólo quedaran las edificaciones más altas, porque desde lejos la base no era visible. Algunas se sustentaban únicamente sobre un puñado de rocas. La imagen resultaba insólita por única. Y no se trataba de una o dos, sino de muchas. Muchas personas viviendo aisladas. Realmente aisladas. —No todas están habitadas siempre —le había dicho su guía a través del mar—. Algunas pertenecen a hombres ricos de Cartagena de Indias, o de Bogotá. Otras se alquilan, o venden. Comprar una isla. Un nuevo golpe. No sabía si el viento que azotaba su rostro era producido por la carrera de la barca, impulsada por su motor, o si se trataba del viento que preludiaba la tormenta. La bóveda que la cubría era amenazadora, pero todavía no se había oscurecido tanto como para ser negra del todo. Eran nubes hermosas, densas. A lo lejos, a su izquierda, sí llovía. La cortina de agua bajaba en diagonal hacia la superficie del mar. Como si sintonizara con su pensamiento, el pescador miró al cielo, cada vez más oscuro, cada vez menos luminoso, cada vez más sombrío. Su rostro era severo. —Se lo dije, señorita. —Sí, ya. —Una hora más y no habríamos podido llegar. —¿Tan feo se va a poner? —Sí. —Parece como si aquí nunca fuera a pasar nada. —Pues ya verá —movió la cabeza de arriba abajo con vehemencia. Estaba allí, con la isla recortándose en el horizonte. Aunque los cielos se abrieran, estaba allí. Era la única razón a la que atendía su embotada mente. Se le aceleró el pulso. —Sújetese —la previno el barquero por tercera o cuarta vez. Lo hizo. Se aferró a la barca con mano de hierro, pero no dejó de mirar en dirección a la isla. No llevaba chaleco salvavidas. Aquella no era una embarcación turística. Aseguró la mochila entre sus piernas y la protegió un poco más. Si llovía daría igual, acabarían empapadas, mochila y ella, pero ahora de lo que se trataba era de impedir que las gotas que la salpicaban, los bandazos del agua o la espuma levantada por la quilla de la barca la mojaran aún más de lo que lo estaba haciendo. Las olas crecían, igual que si una mano invisible las agitara por debajo. No habló en los siguientes minutos, a medida que se acercaban a la isla. Lo hicieron por el sur, por la parte más delgada de la habichuela. El pueblecito quedaba justo al otro lado, al norte. La embarcación enfiló la parte izquierda para rodear aquel contorno arbolado y ella casi suspiró, como si el detalle fuese importante. La casa quedaba de ese lado, próxima a una playita apenas vista desde el aire, por lo menos según la toma de Google Maps. La vegetación formaba una tupida masa verde, cerrada, como si los árboles y las plantas se disputaran cada metro cuadrado del lugar. Las palmeras, agitadas por la brisa de la tempestad que se avecinaba, dejaban que sus palmas se estremecieran lánguidas siguiendo la dirección del viento. Una vez había estado en el Caribe, y el sonido de las palmeras estremecidas por el viento se le antojó música celestial. Pasó horas bajo ellas, mecida por su magia. Palmeras igual que aquellas. La isla quedó a unos metros, finalmente. Apenas unas brazadas. En la orilla el mar si era azul. Pasaba del tono oscuro al verde esmeralda que rodeaba la isla y alcanzaba la tierra convertido en un intensa transparencia del color del cobalto, o del cielo en un día luminoso. Un azul que invitaba a la zambullida, porque pese a la inminencia de la tormenta el calor era fuerte, pegajoso y húmedo. ¿Quién podía olvidar la sensación paradísiaca que transmitía el sueño caribeño? El corazón le latió con fuerza de pronto, al verla por primera vez. La casa. Recortada entre las palmeras de su pequeña playa, los árboles del interior y la vegetación caótica y exuberante que lo dominaba todo. Era de madera, no muy grande, cuadrada, simple y carente de lujos. Tan vieja que parecía abandonada. Las ventanas estaban cerradas, probablemente a causa del viento. No divisó la puerta hasta unos metros más allá, tan cerrada como ellas. Ningún movimiento. Sí, parecía muy vieja. Y sobre todo solitaria. Hizo la pregunta, sólo por curiosidad, por conocer la respuesta del hombre que la guiaba hasta su destino a través del mar. Y también para romper el silencio interior y escuchar su propia voz. —¿Quién vive ahí? —Nadie. —¿Nadie? —No, nadie. Pero no se acerque. —¿Por qué? El barquero se encogió de hombros. —No se acerque —se limitó a insistir. No le respondió. Volvió el silencio. La casa quedó atrás, oculta por la vegetación. La barca rodeaba la isla por la parte más larga, la que formaba el lado convexo de la habichuela. El viento debía de azotar por el otro lado porque allí las aguas estaban más calmadas. Finalmente, pese a que el tiempo había dejado de contar desde el instante de ver su destino, las primeras construcciones del pueblecito se hicieron realidad frente a sus ojos iluminados. Fin del viaje. La barca aminoró su velocidad.
EL POEMA DE JULIO
Claroscuro
Claroscuro De luz quebrada, furia, en la plenitud del ocaso. Muro que gime, revienta, y se pierde en el silencio, vivo, tuyo, mío. Perfil de sombras huidizas. Misterio, de tu aliento en mi boca, vertiendo imágenes cálidas, en mi mente olvidada.
EL POEMA DE MAYO
Tu boca
Esa brasa que es tu boca, abrasa. Me toma con tu lengua hecha de amor, me inunda cada poro de la piel, moja mi alma y la hace tuya. Esa brasa húmeda de carne generosa, hermosa. Devora mis labios y los derrite, muerde mi tierra desnuda, lame mis dientes hambrientos. Esa boca, tu boca, mi boca, deja que la penetre con mi aliento.
(Battery Park, Nueva York, 11 de mayo de 2008)
EL POEMA DE FEBRERO
El dibujo del tiempo
El dibujo del tiempo en tu cuerpo tu piel tu mirada crea historias hechas de carne, caricias y susurros, besos húmedos, páginas de grabados vivos, novelas de contornos felices. El dibujo del tiempo en tu sonrisa tus manos tu aliento es un retrato de tu vida, a mi lado, paso a paso, camino de amor sobre una senda hecha de luces, colores que la edad no borrará. El dibujo del tiempo en tu rostro tu alma tu voz es un cuadro de un museo celestial, explosión de color, sin edad. Vivirás cien, mil años y ese dibujo será el universo.
EL POEMA DE ENERO
Nueva York, 11 de mayo de 2008
Taxista, ¿qué miras? Llévame a mi destino. Rápido. Y no me hables. Busca el camino más corto. No robes mi dinero. Ahuyenta tu conversación. No te escuchó. No te entiendo. Manhattan es la cuadricula, pero mi mente es circular. Taxista de piel oscura, negro, indio, ecuatoriano, la calle es tuya, pero mi tiempo es mío. Por quince con noventa y cinco sonríeme cuando me baje, después olvídame. Sólo han sido unos minutos, desde Battery Park a la 47. Hace sol y el día es hermoso. Que los dioses te acompañen y hasta nunca.
EL POEMA DE NOVIEMBRE
Nadie
Nadie pondrá más amor en tus ojos Mis huellas están en tu alma Nadie verá tu luz mañana Si hoy no me has deseado y me has sentido Nadie sabrá que estás viva Sin esa ternura que sientes al amarme Cuando dices mi nombre cantas Y el mundo entero te acompaña Nadie creerá que eres feliz Si no ríes con algo más que tus labios Nadie va a envidiarte el destino Si no muestras tus manos llenas de paces El mundo es de los locos que creen Mientras todos los nadies se desvanecen Y si al final logras sobrevivir Recuerda cuantas veces me sentiste Porque nadie pondrá más amor en tus ojos
Capítulo 1 de "Yo", editado por SM en septiembre de 2008.
YO creía que era raro. Hasta los 17 años, tres meses y nueve días, yo estaba seguro de que era raro. Razones por las que yo creía que era raro: 1 - No fumo. 2 - No bebo. 3 - No tomo drogas. 4 – No había besado a ninguna chica. 5 – No había estado jamás con una chica. 6 – No me masturbo. 7 – No me gusta el fútbol. 8 – No me gusta la música de hoy. 9 – Leo libros. 10 – (Esta aún me la estoy pensando, porque tengo dos o tres candidatas, y como los Mandamientos eran diez no voy a hacer una lista de once o doce porque no quedaría bien). Dicho así, a palo seco, la cosa resulta como muy fría. Lo sé. Por lo tanto quiero aclararlo. Una cosa es que te tomen por raro y otra por imbécil. YO no soy imbécil. Lo del no fumar es por mi padre, socio de honor de la tabacalera. Se volatiliza entre dos y tres paquetes diarios. Yo he de poner toallas en los huecos de la puerta de mi habitación para mantenerla un poco descontaminada. Pero es inútil. La ropa siempre me huele fatal. Odio el tabaco. Me parece una gilipollez (y carísimo) pasarse el día chupando un palito de hierba. Encima te cascas el cuerpo. Veréis, yo creo que cuando nacemos lo hacemos con dos cosas: un cheque en blanco que es el tiempo que te va a tocar vivir y la casa-cuerpo en la que vas a habitar. De cómo emplees el cheque dependerá lo que hagas y no hagas en la vida. Y de cómo cuides tu casa dependerá que esa vida sea saludable o no. Y si eso es ser raro que resucite Gandhi y lo vea. Yo amo a Gandhi. Paz, hermanos. Vale, no quiero despistarme, porque soy disperso y siempre acabo hablando de lo que no toca. Por ejemplo, de mi padre, hablaré más adelante. Todo a su tiempo. Lo del no fumar queda claro, pues, que es por mi padre y porque todos y todas los que están enganchados me parecen tontos del culo. En cambio lo del no beber alguien podría pensar que es por mi madre, alcohólica perdida, y no es así. Pobre mujer… De niño me repugnaba el olor a alcohol ya fuese en forma de anís, coñac, vino, whisky o lo que sea. Mi bebida favorita es la leche. Y por mucho que se rían algunos/as, yo pienso que queda la mar de rompedor pedir un vaso de leche en una discoteca o en cualquier lugar lleno de gilipollas. Ahí sí que todo el mundo te mira, aunque más de uno piense que ya tienes una úlcera. Pasemos a las drogas. Aquí tenía que haber puesto lo de que mi cuerpo es mi casa y todo eso. Pero como ya lo he dicho antes no voy a repetirlo. Si odio el tabaco, con más razón odio los porros. El primo Tobías (primo de mi padre, no mío) siempre le dio al porro y hoy tiene el cerebro derretido. No rige nada, el pobre. El primo Ricardo (primo de mi madre, no mío) por su parte, tiene una cirrosis que te cagas de tanto abusar de drogas y alcohol. Sí, ya sé, he puesto “que te cagas”, pero eso no es un taco, es sólo una expresión. Es que aún no he llegado a la parte en la que mi amigo el escritor me dijo lo que tenía que hacer para publicar esto. Sigamos con la explicación de las razones por las que creía que era raro. Llegamos a la parte sexual. Vaya por delante que soy hetero. No lo digo como bandera de nada. Tengo algún que otro conocido gay que es estupendo. Pero soy hetero y esto es lo que hay. Los puntos 4, 5 y 6 de mi decálogo tienen que ver con el sexo y de hecho son la misma cosa. No había estado con ninguna chica ni había besado a ninguna chica porque era tímido. La timidez forma parte de lo de ser raro. Yo creo que es una parte muy esencial. Si eres tímido eres raro. En cambio que seas raro no significa que seas tímido. Hay tíos la mar de raros que ligan como locos y, encima, ellas los encuentran interesantes. A mí ninguna chica me había encontrado jamás interesante (en parte porque era raro). Lo curioso es que vistos los puntos 4 y 5, parece obvio que el 6 tendría que ser todo lo contrario, y prodigarme en ello como la mayoría de mis compañeros onanistas. Pero no. ¿Tocarme a mí mismo? Me parece un falso consuelo. Las cosas hay que hacerlas bien. Cuando llegase el momento quería que saltasen chispas y que ELLA pusiera los ojos en blanco. Eso es el amor. Y yo soy un romántico. Ahora lo sé. Encima, hasta los 17 años, tres meses y nueve días, despreciaba mi cuerpo. Me miraba en el espejo y ¿qué veía?, pues a un chico larguirucho, poco desarrollado, feo, con la nariz prominente, las orejas salidas, muy delgado, sin musculatura y deforme. Sólo me faltaba encogerme y empezar a decir “mi tesoro” con cara de poseso. Por mi aspecto, si hubiera nacido en la India, habría sido Gandhi, pero nací aquí y de Gandhi ya hubo uno. No voy a seguir hablando mucho de esto (me refiero al “punto 6”), porque luego no van a publicarme el libro. Me lo ha dicho mi amigo el escritor: “Nada de tacos, nada de sexo, nada de…”. Pero cuando se tienen 17 años (y aquí da igual lo de los tres meses y los nueve días) ¿de qué demonios va a hablarse? En fin… El punto 7 es crucial para la concepción de la rareza. No me gusta el fútbol. Ni me gusta ahora ni me gustaba a los 17 años, tres meses y nueve días. Que veintidós mendas correteen por una pradera verde persiguiendo una cosa redonda a la que dan patadas tratando de meterla en una cestita me parece idiota, pero que cien mil mendas más griten, se peleen, no duerman si su equipo pierde o enloquezcan si gana, paguen una pasta gansa por una entrada, hagan sus horarios en torno a los partidos, se disfracen, canten, se conviertan en bestias, odien a los otras ciudades, olviden sus raíces y pidan la sangre del rival como los romanos en el Coliseo… Eso no es que me parezca idiota, es que me parece de descerebrados. Pero las consecuencias de que a uno no le guste el fútbol siempre fueron visibles en mi vida: marginación escolar, no tener amigos, jugar con las chicas en el patio, soledad pura y dura, no poder hacer las mismas colecciones de cromos que los demás, no saber de qué hablar los días antes del partido, los días del partido y los días de después del partido (o sea, TODOS los días)… Y no será porque no lo intenté. Un día quise probarlo. Me pusieron de portero, faltaría más. Y a la que vi a una jauría de contarios avanzar sobre mí como una banda de inspectores de Hacienda hice lo que cualquier persona inteligente y normal habría hecho: apartarme. Ellos metieron gol, los míos me pusieron a parir y me dijeron que la próxima vez, no me moviera. Les hice caso. La siguiente vez no me moví. Mira que la portería es larga. Como de siete metros o más. Y alta. Como de dos. Y mira que yo hacía poco bulto. Pues nada. Aquel energúmeno le pegó el patadón a la pelota con la puntera y al centro, justo a donde estaba yo, inmóvil. Desperté en el dispensario del colegio, con la nariz rota. No quiero hablar de fútbol. Me la suda el fútbol. Y espero que eso tampoco sea un taco y vayan a censurármelo, porque aún no he llegado a lo de las XXXXX y uno ha de hablar con cierto énfasis, ¿no? La música de hoy, punto 8, me suena a… a… No encuentro palabras. No es que el rock me vaya más. Estamos en el siglo XXI. El rock ha muerto (aunque mi amigo el escritor pueda lapidarme por decir esto, porque él va de rockero). Pero me da igual que el rock viva o no, como que aún lo haga el vals o la música del Templo de Shaolin (no sé si se escribe así, lo confieso). Se trata de hoy, del presente, y cuando escucho lo que suena o veo a las estrellas o los clips de las canciones de moda… Lo de buscar rimas fáciles para decir tonterías es de retrasados mentales, pero van y lo llaman rapear. En la música sí que hay tacos (“lenguaje explícito”, lo llaman, o “adulto”, toma ya, con lo cual este podría ser un “libro explícito” si me soltara, cosa que no haré porque quiero publicarlo). Lo peor de todo es que como estamos americanizados hasta en la sopa, adoptamos todo lo que viene del exterior sin chistar. A mí me parece bien que los negros hagan una música de combate, dura, peleona y rebelde, porque han estado siempre put… masacrados por los blancos. Pero que esa música llegue a España y se baile en la disco de tu barrio… Yo no me imagino a la sardana ni a la jota en una discoteca de Nueva York. Además, desde que Stravinsky (no sabéis de quién os hablo, ¿verdad?) hizo la “Consagración de la primavera” ya no hubo nada más. Bueno, los Beatles quizás, no sé. Y el Dylan. Me enrollo demasiado y aún vamos por el punto 8 y esto no ha hecho más que empezar, lo sé. Mi amigo el escritor me dijo que un libro tenía que ser ágil, con capítulos cortos, y estar lleno de diálogos. Pero es que yo aún no he tenido a nadie con quien hablar y si no empiezo por aclarar por qué era raro… Punto 9. Leo libros. Eso ya me colocó en la cima de la rareza escolar. Es increíble. Yo les decía a mis compañeros de clase (lo voy a poner en forma de diálogo para que así parezca más ágil): —¿Raro? ¿Por leer? Sois idiotas. Tanto dároslas de rebeldes, de progres, de rompedores, de tal y cual, y todos leéis el libro trimestral que os pone el profe. Como loros. ¿No veis que la autentica rebeldía es leer justo los libros que no pone el profe, y obligarle a él a leerlos si quiere poner nota o estar al loro? ¿No veis que hoy en día la mayoría dice que PASA de leer, que ODIA leer, y que para ser realmente diferente y no formar parte de esa mayoría lo realmente rebelde es LEER? ¡Si queréis ser revolucionarios, LEED! ¿Creéis que me hacían caso? Pues yo siempre he leído. No me hace falta ni estudiar. Leo lo que pillo. El “Zarathustra” me hizo flipar ya a los doce años. El punto 10, lo de que me lo estoy pensando y tengo dos o tres cosas candidatas, es totalmente cierto. Por ejemplo, hubiera podido poner como rareza supina que no quiero ser famoso. Escritor, sí. Famoso, no. ¿Qué es la fama, salir por la tele gritando? Soy tímido, así que no podría gritar en la tele. Y siendo escritor, o sea raro con pedigrí, con coartada, lo mejor es crear una aureola de misterio. Dentro de unas líneas os contaré porque quiero ser escritor. Otra peculiaridad que me hace raro es la de leer siempre las cosas del revés, buscando palabras nuevas o para ver como suenan. Por ejemplo, mi nombre, del revés, se lee Leinad y me suena a personaje de “El Señor de los Anillos”, ¿a que sí? Aunque posiblemente la última de mis rarezas sea que cuento siempre las cosas, cuantas ventanas tiene un edificio, cuantos árboles hay en una fila, o los números de las matriculas de los coches. Si la suma resultante es impar, me siento bien. No me gustan los pares salvo el 2 combinado con el 7, el 9 y el 5. Por ejemplo 752, o 927, o 592, o simplemente 27, 52… El 7 y el 9 son mis números favoritos. Una vez explicadas las razones por las que yo creía que era raro hasta los 17 años, tres meses y nueve días, os diré qué estoy haciendo, por si aún no lo habéis notado: Estoy escribiendo un libro. Voy a ser escritor. Es lo más lógico. Si eres raro, por fuerza has de buscarte una coartada (ya lo he dicho antes). Y los artistas las tienen todas. Yo ya no soy raro, pero quiero ser artista. Mi amigo el escritor me contó que cuando se fue a vivir a su última casa, los vecinos le miraban sospechosamente. Llevaba la barba larga, el cabello hasta los hombros y vestía a la última… pero en Londres y Nueva York, en plan rockero. Todo cambió cuando una vecina le preguntó: —¿Usted es artista? —Sí, señora —dijo él—. Soy escritor. Y la mujer, poniendo cara de lucidez plena y máxima, suspiró un evidente: —¡Ah, claro! Desde aquel día todo fueron sonrisas y saludos, y luego el farde de tenerlo en la escalera. Todos babeando. O sea que se puede llevar barba, el pelo largo y vestir a la última y en plan rockero (o hip-hopero, o lo que sea), si eres artista. De lo contrario eres un mamarracho que está loco. Fue mi amigo el escritor el que me dijo que yo no era raro. El primero. —Tú no eres raro —me dijo—. Eres diferente. ¡Me sonó tan bien…! Yo (muy en el fondo, a pesar de todo) creo que sigo siendo raro. La diferencia reside en que ahora pienso que más raros son los demás, el mundo entero, y que YO soy cojonudo. Este es un poema de autoayuda que puede veniros bien a los que os sintáis raros y todavía no hayáis encontrado a nadie como mi amigo el escritor para echaros una mano:
El último de la fila El último del paraíso El último en la cola del autobús El último en vivir El último en morir El último en llegar El último en ganar El último en conseguirlo El último en despertar El último en creerlo El último en saberlo El último de los listos El último de los tontos El último de todos El último de los últimos Soy el último El primero empezando por abajo
Más que un poema de autoayuda creo que es una reflexión para levantar la moral a los que se pasan el día castigándose por todo. Pero da lo mismo. Lo llaméis como lo llaméis, vale. Y lo que vale, sirve. Ya os he contado por qué yo creía que era raro hasta los 17 años, tres meses y nueve días. Ahora tocaría deciros que pasó ese día para que yo cambiase. Fue el día en que conocí a mi amigo el escritor.
EL POEMA DE JULIO Y AGOSTO
Poema inacabado para una noche sin viento
Me faltó verte desnuda. Tocar tus sentidos y beber de tu olvido. Quietos en la noche, como el viento. Hojas prisioneras del silencio. Mis manos en tu cuerpo explorando lo insondable. Tus labios en mi aliento tensando mis anhelos. Estábamos solos, perdidos. Un mundo bajo las estrellas. Deseos atrapados en la calma. Pero aún nos atan los miedos. Ni siquiera sé quien tiene más. Me faltó verte desnuda y ver así el límite de tu esencia brotando como una fuente en paz. Nos devoraban las caricias de hambre vencidas en la frontera mientras las hojas seguían quietas y tu temblabas. Aquella hora, todas las horas. Necesitamos una para nosotros solos. Para ver y saber y entender y querer. Una en nuestro propio silencio. Con nuestro propio viento callado en el que dejar fluir la verdad. Es sólo un paso, sólo un juego. Tu cantabas a lomos de tu quieta fuerza. A mi me faltó verte desnuda.
EL POEMA DE JUNIO
LOS DOS LADOS
Deberíais decidir si sois constructores de jaulas o el espacio abierto entre los barrotes. Deberíais escoger entre la mano que oprime el aire y el aire contenido en esa presión. Deberíais saber que todo camino tiene dos direcciones.
Tendríais que pensar de una maldita vez que es mejor si tirar la bomba o estar debajo esperándola Tendríais que sopesar las posibilidades de la bala dispararla o esperarla haciéndole un guiño a la suerte Tendríais que imaginar que todo camino tiene dos direcciones.
Habríais de buscar una salida o una entrada pero no quedaros quietos aguardando en la oscuridad Habríais de actuar dándole imaginación al poder aunque sea siempre el poder el que mate a la imaginación Habríais de comprender que todo camino tiene dos direcciones
Saber, imaginar, comprender Puedes estar en uno u otro lado Has de estar en uno u otro lado Números, coeficientes, estadísticas Todos pertenecemos a uno de los dos lados
EL POEMA DE MAYO
Siento
Siento que me estás gritando Siento que me estás llamando Siento que me estás pidiendo Siento que me estás queriendo Siento que me estás sintiendo Y todos los sentidos son uno Sentimiento Gritando que me necesitas Llamando para que vuele a ti Pidiendo que te de más Queriendo tener otra vida Sintiendo que una no nos basta Porque todos los sentidos son uno Sentimiento Sentimiento De día huyendo De noche persiguiéndonos De día olvidados De noche perdidos
Siento que me estás llorando Siento que me estás escribiendo Siento que me estás odiando Siento que me estás buscando Y todos los sentidos son uno Sentimiento Llorando por la rabia Escribiendo cartas que no envías Odiando por creer que me alejo Buscando cada pequeña verdad Porque todos los sentidos son uno Sentimiento Sentimiento De día anhelo De noche soledad De día teléfono De noche sueños
Siento lo que sientes Siento lo que siento Sentimos lo que tenemos Sentimos lo que perdemos Sentimos lo que vivimos Sentimos lo que deseamos Sentimos lo que sentimos Siento lo que somos Siento lo que seremos Siento Estamos hechos de sentimientos Somos un sentimiento Sentimiento Sentimiento
EL POEMA DE ABRIL
DEJAME SER
Antes de dormir déjame que entre en ti. Antes de despertar déjame que entre en ti. Antes de morir déjame vivir en ti. Déjame, déjame, déjame que lo intente hasta el fin. Déjame ser tu amante esta noche.
Déjame ser tu amante esta noche. Déjame ser tu amante esta noche. Déjame ser tuyo el resto de tus vidas. Me alimento de ternuras y esos besos, que se rompen y nos lavan las heridas, como imágenes de amor en los espejos.
Déjame ser tu amante esta noche. Déjame ser tu amante esta noche. Y dormir en el silencio de esos gritos. Dejar en tus quebradas estas huellas, para amarte con mis dedos ya marchitos, y soñarte mientras tocas las estrellas.
Déjame ser tu amante esta noche. Déjame ser tu amante esta noche. Como fuimos en mil vidas ya pasadas. Geografía del amor que vivo y canto, en tu cuerpo mil pasiones no gastadas, al hurtarle a la muerte tanto espanto.
Capítulo 8 de "El enigma maya", primera parte de la trilogía "Las hijas de las tormentas", editada por Edebé en castellano y catalán en marzo de 2008.
Al despertar, lo primero que notó fue el crujir de su estómago. Se quedó en cama unos minutos, la misma cama en la que había dormido su padre hasta su misteriosa desaparición, despejando la mente, aclarando ideas, ordenando los acontecimientos y tratando de verse a sí misma a lo largo del día. Cuando la azotó un segundo crujido estomacal se incorporó, se metió en la ducha y se vistió de la forma más cómoda posible para desayunar algo. Su presencia en el comedor del hotel no pasó inadvertida. Para los clientes, turistas ávidos de cultura e historia por el lugar en que se encontraban, era una más. Para el personal del Xibalba no. La atendieron rápidamente y con mimo, expectantes, incluso con una atención por encima de la habitual, superando la eterna y exquisita cortesía clásica en la mayoría de países latinoamericanos. Le preguntaron cómo había dormido, cómo se encontraba y le reiteraron que cuanto quisiera, sólo tenía que pedirlo. Luego la dejaron tranquila. Desayunó. Y por supuesto no fue casual que justo al sorber la última gota de su café, apareciera él. Era un hombre de algo más que mediana edad, cincuenta y muchos años, no muy alto, relativamente orondo, hebras de plata en la cabeza y bastón con empuñadura de verdadera plata en la mano, aunque no daba la impresión de tener ninguna dificultad para caminar. La sotabarba si era generosa, y las bolsas bajo los ojos, perspicaces, vivos. Vestía con corrección, incluso con exceso de elegancia dada la temperatura, porque llevaba una chaqueta de lino por encima de su camisa abotonada hasta el cuello. La iluminó con una sonrisa antes de comenzar a hablar. —Señorita Mir. Joa dejó la taza y lo contempló sin ambages. Con una desaparición de por medio, el misterio y el registro de su casa de Barcelona o las cosas de su padre allí, simplemente estaba en guardia. Cualquier noticia podía ser buena, o mala. Lo único que hizo fue esperar. —¿Puedo sentarme? —¿Quién es usted? —Permítame que me presente —le tendió una mano flácida—. Me llamo Nicolás Mayoral. Quería hablarle de Julián Mir —pronunció el nombre con respeto. No parecía mexicano, hablaba un español correcto, sin acentos, neutro. Era la primera persona que quería hablarle de su padre. Intentó no transmitir emoción alguna. —¿Le conoce? —¿Puedo? —insistió el aparecido. Joa asintió y esperó a que se acomodara. No se quitó la chaqueta, pero sí dejó el bastón apoyado en la mesa, cerca de su mano derecha. La empuñadura tenía forma de cabeza de león, melena incluida. Un simple detalle. El personal del hotel volvía a mirarla, pero sus rostros tampoco le dijeron mucho. —¿Cómo sabía que estaba aquí? —Palenque es un pueblecito muy pequeño. —¿Le avisó alguien del hotel? Nicolás Mayoral exhibió una sonrisa de complicidad. —¿Qué importa eso, señorita? Lo único que sí cuenta es que está aquí, buscándole. —¿Sabe dónde está? —No —le mostró las palmas de las manos abiertas—. Lo siento. —Entonces... —Necesito su ayuda, y usted la mía. —¿Por qué? —Porque usted no sabe lo que está ocurriendo y yo sí —fue sincero a la par que contundente. —¿Y qué está ocurriendo, señor Mayoral? —¿Puedo hacerle unas pocas preguntas primero? Después responderé a todas las suyas. Lo evaluó. —Adelante —dijo sin que trasluciera su nerviosismo, controlando cada gesto y la entonación de cada palabra. —¿Trabaja usted mucho con su padre? —Tengo mis estudios. Cuando puedo le acompaño, en verano, Navidad... —Así que últimamente... —El curso académico en España arranca en septiembre. Desde entonces apenas si le había visto. —¿Sabe qué estaba haciendo en México? —No. El hombre arqueó una ceja. Más que duda reveló sorpresa. —Mi padre siempre estaba excavando o investigando en algún lugar. Es un enamorado de su profesión, una persona que vive en el presente buscando las respuestas del pasado. —Y no le dijo que buscaba ahora —no fue una pregunta, sino una aseveración. —Palenque es un tesoro con mucho por desenterrar y descubrir. No era la primera vez que estaba aquí. Me hablaron en la Embajada de unas nuevas tumbas recién abiertas, la veinticinco, la veintiséis y la veintisiete. —Entiendo —suspiró el hombre acariciando con una mano la cabeza de su bastón, igual que si le rascara la melena al león. Joa se movió con inquietud. —¿Qué es lo que entiende? —¿Qué sabe de su madre, señorita? Era lo último que esperaba, que el recién llegado le hablara de su madre. —¿Perdone? —no le ocultó su incredulidad. —Responda, por favor. —¿Qué tiene que ver mi madre con todo esto? —Se lo diré. Pero primero le toca usted. Es lo que hemos convenido. —Mi madre desapareció hace años, el 15 de septiembre de 1999, siendo yo una niña. Han pasado trece años. —¿Y? —Nada más, eso es todo —intentó no encolerizarse, aunque no sabía por qué se sentía furiosa. —¿Conoce su origen? —¿Qué tiene que ver...? —Respóndame, se lo ruego. —Fue encontrada en la tierra de los huicholes. La adoptó mi abuela y vivió allí hasta la llegada de mi padre. Se enamoraron, se casaron y vivió en Barcelona hasta su desaparición. —¿Eso es todo? —¡Sí! —¿Y no le extraña que ahora sea su padre el que haya desaparecido? Tuvo la sensación de que el hombre era un gato y ella un ratón. Como si jugara antes de decidir zampársela. Nada de lo que acababa de decirle le era desconocido, estaba segura. —¿Por qué no me cuenta su historia, señor Mayoral? —se cruzó de brazos y apoyó la espalda en el respaldo de su silla. —Es justo —asintió él—. Adelante. ¿Qué quiere saber? No sabía ni por donde empezar. Volvía el recuerdo de su madre en medio de la desaparición de su padre, y se mantenía la incertidumbre, la tensión, la duda acerca de quién era su visitante... Así que, ante todo, buscó la forma de serenarse. No permitir que él llevara la iniciativa. A fin de cuentas, si aquel hombre estaba allí era por algo. —¿Quién es usted? —fue su primera pregunta.
EL POEMA DE MARZO
Las puertas del cielo
Soy mitad ángel mitad demonio Soy el hombre que perturba tus sueños Soy el ser al que has dado la vida Llamando a las puertas del cielo Mientras cierro la del infierno Soy el día y soy la noche, pero más el amanecer Y más aún el crepúsculo de fuego Ardiendo en tu horizonte desnudo Porque estoy en todos tus anocheceres Metido en tu cama de luces
Soy calor, soy luz, soy rayo de tormenta Soy tu fuerza teñida de Arco Iris Soy la mano que te da la compañía Gritando a las puertas del cielo Mientras escapo silencioso del infierno Soy una parte de agua y otra de tierra Una de aire y el resto de brasas vivas Calentando tu espíritu en secreto Nunca volveremos a temblar de frío Con el amor quemándonos el alma
Soy el tiempo que nos queda Soy tu amor hecho frontera Soy polvo de mil estrellas Viniendo a las puertas del cielo Mientras me olvido para siempre del infierno Soy tu carne y tu ansiedad El placer que nos palpita Y los sentimientos que nos han despertado Justo a tiempo para saber Que nos queda un infinito por vivir y conocer
Las puertas del cielo La puerta del infierno Extremos de una misma cuerda He transitado tantas veces por ella Funámbulo desesperado Que ya no sabía si iba o venía Hasta que me diste tu mano
EL POEMA DE FEBRERO
Soy
Soy un hombre escondido en mi sombra, quieta espera Atravesado por vacíos silenciosos, noche entera Soy un hombre de paciencias infinitas, corazón de plata Desbordado de ternuras vivas, que el tiempo mata
Soy un hombre plantado en una maceta, que mira Volando sin alas muy alto, por lo que aspira Soy un hombre que camina de espaldas, el payaso Buscando horizontes nuevos y soñando, por si acaso
Soy un hombre cargado de emociones, sin gastar Viviré mil años y después caeré, volviendo a empezar Soy un hombre de esperanzas eternas, mientras exista No dejaré que me alcancen nunca, será mi conquista
EL CUENTO-POEMA DE DICIEMBRE Y ENERO
CON LO SENCILLO QUE ES
Gynzpfy llegó en su plateada cápsula de metal Traía consigo todas las estrellas del infinito Y la luz de mil soles incrustada en sus cinco retinas —Ha sido un viaje fantástico —dijo—. Un viaje alucinante. Zompftze se fundió suavemente con él Tuvieron una inmediata descarga erótica —¿Dónde has estado? ¿Qué has visto? —preguntó ella. Sus antenas vibraban con emociones abiertas —He estado en Himzbwy, en RK-9 y en Aaz, y también en un lugar llamado Tierra. Allí había personas como nosotros, como tú y yo. Zompftze penetró en su ordenador mental Allí vio los recuerdos y las imágenes —Qué extrañas criaturas —suspiró divertida. —Quería traerte una como regalo, pero lo dejé Son seres químicamente inestables, ¿y sabes lo peor? La nave se enfriaba en el jardín de plástico El hogar era confortable y desprendía volutas de paz Gynzpfy esparció sus moléculas por el espacio —¿Qué es lo peor? —quiso saber Zompftze Tocó un rayo de luz. Se bañó en un fragmento de tiempo —Son unos locos primitivos —dijo él—, se pasan la vida buscando la felicidad. Ella cambió de color, se deshizo y volvió a reconstruirse Mientras sus generadores la hacían reír —¿Y qué hacen cuando no la encuentran? —Se mueren y desaparecen, ¿no es estúpido? Zompftze lo envolvió y tuvieron otra descarga —¿Así que todavía no lo han descubierto? —No —dijo él relajándose en un azul intenso. —Debe de ser triste, ¿no te parece, cariño? —Comenzaron a vivir al revés, eso es todo. Dejaron lo más importante para lo último. Zompftze movió sus terminaciones elásticas Abrió una alacena de cristal y cogió las píldoras —Con lo sencillo que es —pensó reflexiva. Y le dijo a Gynzpfy—: ¿De qué color la quieres? Él sonrió con su cavidad ventral, un momento —Hoy la quiero verde —escogió. —Yo la tomaré rosada —prefirió ella. Tomaron las píldoras. Afuera se había hecho la oscuridad La felicidad comenzó a hacer su efecto maravilloso —Ven —dijo Gynzpfy—. Tengamos una descarga más Y pasaron la larga noche de un millón de tiempos Haciendo el amor llenos de felicidad.
EL POEMA DE NOVIEMBRE
SUITE DE LOS PUENTES (Una historia de amor de cada día)
Primer Puente
Fíjate, le dije a mi imagen en el espejo. Todos tenemos dos ojos pero no son iguales. Uno de nuestros ojos ríe mientras el otro llora. Uno de nuestros ojos miente mientras el otro le canta a la verdad. Uno es feliz y el otro parece preocupado. Basta con poner un papel vertical sobre la fotografía. O separar las dos partes de una cara. Fíjate, le dije a mi imagen en el espejo. Si pongo otro espejo la mitad de mi cara es distinta de la otra mitad. Entonces, ¿quién soy yo? Y mi espejo no me contestó. Así que levanté el puente, el puente que separa mis dos ojos, mis dos mitades, mis dos aspectos, y volví a ser yo mismo. Ningún puente te permite llegar. Ningún puente te cruza a un lado desconocido. No hay puentes para unir risas y lágrimas. Ni siquiera los hay entre tus ojos Tú eres el horizonte y yo quien necesita llegar hasta ti.
Segundo Puente
Al bajar a la calle estabas en mí. En mi pensamiento, mi gravedad, mi miedo. Seguí pensando en el espejo, pero también en tu llamada. Los extraños mensajes de nuestra conversación. ¿Por qué será que le temo al amor? Alguien dijo que la pasión destruye. Es posible que te conociera. Hay una gran distancia entre los dos y ningún puente capaz de salvarla, a menos que juntos nos encontremos a mitad de la corriente y dejemos que sea ella quien nos arrastre hacia lo más profundo. Pedimos la paz en mitad de cada guerra. Buscamos la guerra en el aburrimiento de la paz. Dime, sombra inquieta en mi pensamiento, ¿puedes darme más amor que lágrimas? ¿Valdrá la pena desafiar al tiempo y jugar al filo de lo imposible? Hay muchos puentes por salvar pero el primero siempre es el primero. El más importante, el más duro. ¿Dónde podemos encontrarnos tú y yo? ¿Construimos el puente o nos perdemos olvidando la tentación de tenernos? Te quiero porque eres prohibida, pero mis manos ya han construido demasiados puentes y siguen estando vacías.
Tercer Puente
Había tanta luz en nuestro primer día. Aquella mirada. Aquella atracción, suspendida en el tiempo. Supimos que era inevitable. Dimos el primer paso. Quedamos flotando en una esfera. No hizo falta un puente. Dimos un salto. Nos encontramos empujados por el miedo. Luego, el amor nos hizo concebir la distancia. ¿Es un sueño? Quisiera tener aquel puente hecho canción. ¿Recuerdas? Un puente sobre aguas turbulentas. ¿Pero cuál de mis ojos miras? ¿Que mitad de mi cara ves? ¿Es la que ríe o es la que llora? Necesitaríamos mil puentes para salvar todas las distancias, y es tan duro el primer paso. Vamos, pon un cristal, un espejo en mitad de mi cara. Deja que te dé mi sonrisa a cambio de tu corazón.
Cuarto Puente
¿Y tú? También ríes y lloras. Hay un largo, largo puente, llamado edad, recelo, nostalgia. Siempre cogido a contratiempo. En el momento de tocarte por primera vez, de sentirte y acariciarte, el puente se hizo quebradizo. Hoy temo que se convierta en vacío. Mi paz hace todos los caminos, pero tu guerra abate todos los puentes. ¿Por qué son siempre destruidos? Escucha. Bastaría con trenzar una senda en el cielo, que fuera sólo tuya y mía. Encerrarnos en una urna de cristal. Parece tan estúpido hablar de amor. Parece tan ridículo permitir que los sentimientos nos conmuevan. Necesitaríamos mil vidas y la esperanza de poder compartir una sola. Hay demasiados laberintos y muy pocos puentes. Si pudieras recorrer los caminos de mi soledad, llegarías hasta el último puente. El último paso. La última esperanza. Si pudieras venir hacia mí no haría falta ningún puente. Si pudiera llegar a tenerte no haría falta soñar.
Quinto Puente
Todo ha sido hermoso. He vuelto a casa navegando por calles oscuras y mundos cerrados. Paso a paso. Puente a puente. Recordando. Vivir es la quimera de toda ilusión. Nunca sabemos si es bastante, si es suficiente. Amar sigue doliendo. Esta es nuestra historia. Este es nuestro sueño. Espera, deja ese recuerdo quieto antes de que me asome al espejo y descubra que mis dos ojos mis dos mitades, están llorando, o sonriendo, o ambas cosas, o... Mañana volveré a buscar otro puente para decirte que te quiero.
EL POEMA DE OCTUBRE
Volveremos
Volveremos a creer Volveremos a luchar Volveremos a saber Volveremos a confiar Sólo es un poco de tiempo, vida mía Un poco de tiempo que se nos va Perdido entre toda la fantasía En este camino hacia el Más Allá Volveremos si deseamos existir Y moriremos si no nos importa morir
Volveremos a pensar Volveremos a querer Volveremos a ganar Volveremos a entender Sólo es una idea feliz, dulce amor Una idea feliz que nos lo pone fácil Esquiva entre todo este rencor Que hace de nosotros algo tan frágil Volveremos si deseamos resistir Y moriremos si no nos importa morir
Volveremos a tener Volveremos a esperar Volveremos a correr Volveremos a dar Sólo es una esperanza, corazón Una esperanza que nos permite la grandeza Flotando entre cielos de ilusión Y con las manos llenas de entereza Volveremos si deseamos vivir Y moriremos si no nos importa morir
EL POEMA DE SEPTIEMBRE
Debido al éxito del poema en catalán “T’estimo”, este mes publicamos otro poema de Jordi en esta lengua, "Estic fet de mitges llunes" (Estoy hecho de medias lunas). Hay traducción en el foro de Jordi: <http://elforo.de/foroficialjsif/viewtopic.php?p=3072#3072>.
ESTIC FET DE MITGES LLUNES
Estic fet de mitges llunes i voldria estar fet de llunes plenes per omplir la joia de la vida del meu vell i vençut cos ple de bocins de mitges llàgrimes. Em sento incomplert Moltes vegades desert Tinc un cel ple de mitjos estels i una ànima plena de mitges esperances Floten mil imatges que em donen mitges realitats perdudes però, en canvi, tinc tots els dubtes Estic cobert de mitges ones i mitges pluges em banyen la cara Tinc mitges nits per omplir després de mitjos dies blancs Tantes meitats em fan sentir nu i altres tantes em fan perseguir mil possibilitats de mitges felicitats Em sento mig buit, mai mig ple Em tremolen mitges ànsies amagades darrere els colors de mitjos desitjos frustrats He tingut massa mitjos amors per fer un sol amor complert i he perdut en mitges morts les hores de la meva soledat M´han robar una mitja vida uns i m´han censurat mitja vida altres Tinc totes les meitats de mi mateix tancadas dins la meitat del meu cor i tinc massa ànsies que em dolen flotant a l'altra meitat Estic sempre perseguint la llum i la perdo encegat per ella Podria morir després de mig camí i viure després de mig exili I podria estar i tot content Podria ésser inmensament ric Però tantes meitats em fan petit ridícul, quasi estrany Dec ser mig home buscant mitjos somnis dins d'un món que flota al mig del meu infnit? Tinc completes coses que no vull: La por, l'egoisme, la mort i em falten totes les meitats que voldria per ser del tot feliç Estic mig cansat Estic mig despert Estic mig perdut I a mig camí de mi mateix Estic fet de mitges llunes i voldría estar fet de llunes plenes.
EL POEMA DE JULIO Y AGOSTO
Cantos del Tiempo en el Día y la Noche
I - Tiempo
Tiempo, Tiempo que me atas me persigues me atrapas me vences me dominas y me olvidas en la estela de tus Días y tus Noches
II - Día
Hoy quisiera que el Día fueras tú Amanecer en tu parpadeo y creer que los soles de tus ojos me dan el calor Despertar en tus brazos y saber que las nubes de tu cielo están pintadas Y quisiera ser tu cama y tu almohada tu mañana y tu sonrisa Cada gota de tu ducha lamiéndote la piel formando senderos húmedos en ti y saltando en el vacío de tu paz Después mirarías por la ventana y verías el mundo a tus pies mientras un "te quiero" y un beso te devolvían a la realidad de mi deseo Cada Día es una puerta Cada Día abre una esperanza Hoy quisiera volar hasta la tuya porque la mía es un anuncio por palabras impreso en el periódico de mi voz Hoy, mañana, todos los Días Contando el Tiempo hasta el momento en que volvamos a tender nuestro puente a través de la distancia Pero hoy es hoy, por las horas de sus horas, amén y quisiera que cada hora fuese una Juntos, a la espera de un milagro De Día soñamos la Noche De Noche perdemos el Día Como condenados por falta de delito Mis Días están llenos de palabras Los tuyos de lluvias de otoño Mis Noche son muy largas Las tuyas saben a leche y miel Pero hoy quisiera que el Día fueras tú Pintada de primavera y vestida de amor Con el viento en tus cabellos y la tormenta en tus sentidos Mano suave, labio rojo, pecho en calma, sexo abierto Mía a través del imposible que rechazas Tuyo por la fuerza del deseo Si cada Día es vida y vivir es pasión ¿que nos detiene al filo de la calma? Si cada Noche es promesa y prometer es dar ¿que nos impide el calor de esa fantasía con la que poblar nuestra sorpresa de luces? Escucha, ¿no oyes cantar al Día? Atiende, ¿no sientes la locura de tu sangre corriendo como un cometa en tu ser? Hoy es el Día y todos los Días Esperame, aunque llegue mañana Hoy es el Día y la hora y el todo en el que aguardaremos la Noche Nuestra Noche cantada de estrellas con una cama en la Luna y el amor tras la ventana El último Día para la primera Noche Coge mi mano, espera Tiendo mi cuerpo, aguarda Mi siento como un niño el 6 de enero descubriendo que el todo está en mis manos Hoy quisiera que el Día fueras tú pero más que fueras la Noche llamándome, buscándome, teniéndome hasta romper con la catarsis del recelo Es de Día y canto Anochece y me sobrecoge el murmullo De Día la Noche es quimera De Noche el Día es olvido Dime, forma suave de mi ansiedad ¿esperamos un primer paso o nos encontramos en mitad de ese destino? Quizá el Día sea yo y tú la Noche poblada de sueños Daría mi voz para que mi grito te alcanzara Pero sólo soy un susurro ¿Podrás oirme? ¿Querrás oirme? Acaba el Día y comienzan los temores Te siento y me sientes al llegar la hora Te quiero Y quisiera que la Noche fueras tú Dormir en tus ojos y creer que los soles de tu paz están abiertos Mecerme en tus brazos y saber que las nubes de tu cielo son la vida De Noche, de Noche Justo al morir el Día
III - Noche
De Noche los sentidos son turbios y las distancias largas Cualquier distancia Hay un millón de emociones en mis manos pero sólo una sensación en mi espíritu Un millón de posibilidades y esperanzas pero sólo un camino me lleva a ti Necesito un minuto para tocarte una eternidad para tenerte Besar la esquina del Tiempo por el que te alejas Necesito llegar a saber mi horizonte mientras conozco tu presencia o tu ausencia, llena de mi Si estoy en tu pensamiento la próxima vez llena mi esencia Una hora no basta al final, sino al comienzo Una hora no basta nunca, pero vive Masticaremos el miedo despacio Para los dos siempre será un misterio Vamos, mujer de claroscuros Si has arrancado de mi ser la paz dame la guerra que me haga romper Y si has puesto en ti la ilusión deja que cubra tu alma de estrellas Los dos temblaremos pero así es el amor Todas las veces son una primera vez Vamos, niña de soles y luces de las lunas y sombras vengo tendiendo una mano de armonía Tengo la huella de tus labios en mi piel y el calor de tu mirada en mis huesos Si bastara no te pediría más Si fuera necesario te daría mi aliento Pero hoy te grito y te busco confundiendo el deseo con tu imagen El tiempo no se detiene, empuja Nos hace burlas y sonríe Empezamos una y otra vez Nos encontramos de Día, suaves y nos despedimos de Noche, turbulentos Vivimos cortas vidas de horas y momentos llenos de presencias que nos mantienen La próxima vez no vamos a soñar ni a esperar ni a ver ni a temer Llevamos un Amanecer en cada vibración Por la luz de tu rostro o el calor de tu sexo el rojo de tu orgullo o el eterno confín de tus ojos de Arco Iris en los ilimitados límites de los sentidos Nos basta con mirar a la Luna Siempre está llena para nosotros Desde cualquier rincón de nuestro Universo Vamos, mujer de fuerzas y enigmas la ansiedad pone frenos en tu camino Detente y déjame cruzar tu puerta ahora que tu ya estás en mi umbral No es mi miedo, sino tu frontera lo que nos aprisiona en la tormenta Tengo demasiados recuerdos pintados en blanco para hacer del tuyo uno más No es tu promesa, sino mi valor lo que deberías liberar Tienes demasiadas voces baldías en tu memoria para olvidar que la mía es sincera Cuando subas a mi quisiera que tiembles Cuando baje a ti me verás llorar Cuando nos encontremos bastará una vez Sólo necesitaremos saber y comprender Saciarnos de respuestas cómplices Porque algún Día será todo lo que tendremos La llave de nuestra historia infinita No quiero que el tiempo nos alcance sin haber abierto todas las puertas y cruzado todos los puentes Aunque nos basta sólo una puerta aquella que es tuya y es mía abierta con la llave de nuestros sentidos colgando del alma Lo intentamos, ¿recuerdas? Pero perdimos la voluntad sin resistencia Ya no basta con pensar que fue un sueño Porque somos inmortales dentro de él Esta Noche y todas las Noches llena de turbios sentidos y largas distancias cruzaremos todos los márgenes y haremos el amor Mañana será otro Día, o tal vez no Eso será lo primero que discutiremos al despertar y lo primero que sabremos al recordar a través del Tiempo.
EL POEMA DE JUNIO (A petición de muchas fans de esta página, este mes presentamos un poema de Jordi en catalán: "T'estimo" (Te amo). Podéis jugar a interpretarlo pero hay traducción en el Foro de Jordi, <http://www.elforo.de/foroficialjsif/viewtopic.php?t=474>)
T’estimo
T´estimo T´estimo, petita i dolça T´estimo, cor de roure despullat T´estimo, per tot el que ets T´estimo, pero el que m´has donat T´estimo, per que soc teu T´estimo, per que et sento meva T´estimo, per la teva veu T´estimo, cuan em dius que m´estimas T´estimo, amb les mans plenas T´estimo, per la vida que sents T´estimo, per el somnis que em cerquen T´estimo, per cada segón de tendresa T´estimo, ángel del meu cel T´estimo, carregat de paraules encesas T´estimo, per una vida sencera T´estimo, per totes les emocions T´estimo, joia de la meva pau T´estimo, esclat de la meva guerra T´estimo, cridant de sensacions T´estimo, per totes les caricies T´estimo, per tots els teus petons T´estimo, ulls de ametlla plens de sucre T´estimo, mans de plomas delicadas T´estimo, llavis de seda bermella T´estimo, estel de la meva nit T´estimo, llum del meu día T´ estimo ¿Que mes et puc dir? ¿Que mes que no sapigues? ¿Que mes que no hagis vist ja en mi? Que t´estimo I t´estimo, i t´estimo, i t´estimo T´estimo, per tot i mes T´estimo, nomes aixo T´estimo, t´estimo, t´estimo No es masa, pero per a mi ho es tot El que tinc El que et puc donar Si en tinguesis prou... T´estimo
EL POEMA DE MAYO
EN SOLEDAD
A veces digo tu nombre en voz alta y es como si gritara A veces digo tu nombre en voz baja y es como una oración A veces digo tu nombre hablando y es como si despertara A veces digo tu nombre en sueños y se convierte en canción
A veces, a veces, tantas veces Eres como una melodía a flor de piel A veces, a veces, tantas veces tu dulce nombre me sabe a miel
A veces veo tu rostro en el cine y es como si me llamara A veces veo tu imagen por la calle y es una burla del destino A veces veo tus ojos en una puesta de sol y es como si flotara A veces veo tu cuerpo hecho música y sé que eres mi sino
A veces, a veces, tantas veces Eres como un deseo hecho realidad A veces, a veces, tantas veces en tu frontera se pierde mi edad
A veces siento tus labios en los míos y sé lo que es tocar la gloria A veces siento tus manos en mi mente y es como si fuera inmortal A veces siento tu alma en mi ser y se me desvanece la memoria A veces siento tu amor junto a mi y todo se hace real
A veces, a veces, tantas veces Eres como una quimera de bondad A veces, a veces, tantas veces te digo que te quiero en soledad
En soledad
EL POEMA DE ABRIL
En una noche tranquila
Esta es una noche tranquila Una de esas noches Ya sabes Rodeado de gentes extrañas En una ciudad perdida Acabo de hablar contigo Tu voz Caricias en mi mente Tus manos en mi alma Una noche más Atados por nuestra cuerda Extremos que se tocan Bueno, es una noche apacible Podría escribir una canción Aunque no sé quien la cantaría No sería Springsteen, ni Cohen No sería Celine, ni Mariah Podría escribir una canción Para cantarla en el silencio Sin música Tu voz está en mi Pero no recuerdo tu aroma Tanto tiempo y sigo ciego Mis sentidos amputados Por la llama del deseo Pareces una ilusión Claro, no existes Estás en mi imaginación En mi última novela Así que esta es una noche tranquila Y a mi me toca dormir Tal vez soñar Soñaré que hablo contigo Para que acaricies mi mente Y tus manos atrapen mi alma Una noche más Un sueño más Esta es mi canción Silencio
EL POEMA DE MARZO
CREO
Creo que me iré a Vallirana a buscar un poco de paz Creo que me iré a Vallirana a buscar un poco de amor Creo que necesito un minuto para tenerme de nuevo a mí mismo Creo que todo cuanto creo está en mi tranquila montaña
Creo que mi espíritu pide esa huella que me habla en susurros Creo que mi voz se alza apretando silencios que huyen Creo que he ganado el premio para hacerle un guiño a la suerte Creo que todo cuanto creo me arropa y me hace camino
Creo que cogeré mi maleta llena de cálidas soledades Creo que escaparé callado porque hoy mi fiebre me empuja Creo que este es el día para probar fortuna de nuevo Creo que todo cuanto creo lo tengo en mi casa del cielo
Creo que me iré a Vallirana a buscar un poco de lluvia Creo que me iré a Vallirana a buscar un poco de viento Creo que necesito un minuto para encontrarme otra vez a mí mismo Creo que todo cuanto creo está en mi tranquila cabaña
EL POEMA DE FEBRERO
Fuego
Padre, las flores están ardiendo Algo les sucede a los campos de la vida Puedo escuchar su rugido gimiendo Agonizan llamando a muerte compartida Son la sentencia de un adiós dolorido Que viene para llevársenos a todos Me enseñaste a no caer en el olvido Tiemblo por el amor que barrerán los lodos
Padre, el cielo se está abrasando Sobre nuestras cabeza las hordas rugen Mientras las nubes se funden llorando Bajo la roja carga los vientos crujen Es el mismo sol quien teme y se agota Nos quema los segundos en su violencia La furia quiebra esta tierra rota Y ya no hay espada que pida clemencia
Padre, mi cuerpo se está quemando No me hace daño, sólo es amargura Es mi origen que se va olvidando Con el silencio final de tanta locura Cada mañana que ya no veré Mata los ayeres que aún me duelen Cada futuro que hoy perderé Se burla de tantos sueños que me hieren
Padre, el universo está en llamas Ya no habrá más luces ni primaveras La mano oscura barrerá nuestras camas Segando de fríos aquellas quimeras Ni flores ni cielos, ni vida ni muerte Si pudieras decirme que todo es mentira Esperaría del destino una mejor suerte Hasta que volvieran las paces ausentes de ira
EL POEMA DE ENERO
Todas las mañanas abro la ventana del mundo Todas las mañanas me pongo los zapatos de la ilusión Todas las mañanas me lavo con el agua de la vida No importa que anoche estuviera nublado, o lloviendo A veces me duele que te acostaras sin decirme «te quiero» Pero yo también estaba muy cansado para soñar Todas las mañanas pienso que hoy el día será mejor Todas las mañanas te acaricio con mi mente y beso tu aliento Todas las mañanas deseo que al anochecer me des tu calor Y sin embargo las sábanas se enfrían rápido al levantarnos La vida ha dado muchas vueltas dentro y fuera de nosotros Mientras el amor se llenaba de paz y nos cerraba los ojos Todas las mañanas son días llenos de preguntas Todas las mañanas son respuestas llenas de dudas Todas las mañanas están llenas de suspiros tras los silencios de la noche Y aún tenemos la esperanza de que todo lo que fuimos vuelva Aún nos queda ese cariño que el tiempo no borrará jamás Aún reímos sabiendo que los dos somos uno más allá de la razón
CUENTO DE NAVIDAD PARA DICIEMBRE 2006 (INEDITO)
La presencia de Jaime en la entrada del salón, quieto, silencioso, hizo que sus padres dirigieran toda su atención hacia él. Estaba muy serio. —Yo creía que la Navidad se celebraba en todo el Universo —dijo. Papá y mamá parpadearon. Jaime les tenía siempre alucinados. Apenas si alzaba dos palmos del suelo pero era inquietantemente lúcido, despierto, vivo, y con una imaginación... Cuando preguntaba algo o se interesaba por un tema, era porque le estaba dando vueltas a la cabeza. —Bueno... —carraspeó papá—. A fin de cuentas... —Es una festividad de todo el mundo, sí —intentó ayudarlo mamá. Jaime les dirigió una de sus miradas de “Vaya-pues-sí-que-ayudáis”. No se quedó nada convencido. Optó por dar media vuelta y volver a retirarse en silencio. Papá y mamá no supieron muy bien qué hacer. —Está en la edad —mencionó él. —Es increíble la de cosas que pregunta —suspiró ella. Continuaron leyendo el periódico uno y arreglando los regalos de Navidad otra, bajo el gran árbol que dominaba el salón con su inequívoca presencia. La casa respiraba paz. Tanta, que dejaron de hacer lo que hacían, inquietos, llenos de paternal desazón, a los pocos instantes. —Este último mes... —frunció el ceño mamá. —Sí, desde que se inventó todo eso de los slu... slugr... Primero, la palabreja no le salía. Pero a continuación se quedó mudo de pronto porque Jaime volvía a estar allí, en la puerta de la sala, con su misma carita seria y concentrada. —Slurgis —le ayudó el aparecido. —¡Oh, sí, claro! —sonrió él. —Y no saben lo que es la Navidad. Hubo un leve silencio. —¿Qué? —preguntaron casi al unísono. —Que los slurgis no saben lo que es la Navidad. En su planeta no la conocen. ¿No es asombroso? —Vaya con los slugr... slurgs... slurgis —logró decir papá. Jaime seguía serio, más aún, preocupado. —Vosotros decís que nadie debe quedarse sin celebrar la Navidad, ¿verdad? —Pues claro, hijo —dijo ella llena de dulzura. —Es la fiesta más hermosa de todas las fiestas —aseguró él. —Todo el mundo debe vivirla en paz y amor, con la familia o los amigos —concluyó su mamá. —Siempre ha sido así —concluyó su papá. —Vale —pareció aliviado Jaime—. ¿Puedo invitarles? —¿A los...? —ya no intentaron decir el nombre. —Por favor... —era algo más que una súplica, el tono se revestía de mucha intensidad emocional. —Claro, Jaime —estuvo al quite mamá al ver su carita de pena—. Invítalos, hijo. Faltaría más. El niño salió a la carrera, feliz. —Que cosas se le ocurren —reflexionó su padre, impresionado. —Seguro que nos sienta a la mesa a unos muñecos. Continuaron con sus cosas, el periódico, los regalos de la familia. En alguna parte se escuchaba música. Villancicos, claro. Se respiraba el ambiente de paz y amor propio de las fechas. Tanta paz... —Voy a ver —mamá se dirigió a la puerta, incapaz de concentrarse. —Te acompaño —la apoyó su esposo. Para algo eran padres. Sentían una extraña desazón. Abandonaron la sala, caminaron por el pasillo, entraron en la habitación de Jaime. No estaba allí. —El desván —indicó ella—. Estos últimos días se pasa el tiempo ahí arriba. Subieron la escalerita, en silencio. Se oían unas voces curiosas. Asomaron la cabeza a ras de suelo, primero una, luego el otro. Ya no pudieron continuar la ascensión. Se quedaron paralizados. En medio del lugar, apoyado sobre su base, vieron el platillo volante, no muy grande, como de medio metro de diámetro y abollado en un punto de su circunferencia. El agujero por el que parecía haberse colado quedaba justo a un lado de la pared. Y no era reciente. Pero el platillo volante no era lo más sorprendente. Lo más sorprendente era la pareja de bichos, o lo que fueran, que estaban sentados en el suelo, con unos cascos llenos de antenitas que vibraban y emitían ondas de colores. Medían poco menos de un palmo, tenían tres piernas y cinco manos, dos ojos y una boca enorme en relación a la cabeza. Eran incluso originales y cómicos. Por lo visto los cascos servían para traducir idiomas, porque su español era muy fluido. —...así que los dos soles y las tres lunas de Slurgia son muy bonitos —decía uno de ellos en ese instante. La presencia de los aparecidos no pasó desapercibida. Los extraterrestres dejaron de hablar. Jaime miró hacia sus padres. Nada se alteró en él. Ni siquiera le sorprendió verlos allí. Sonrió feliz y, con una enorme sonrisa, se limitó a decirles: —Papá, mamá, ellos son slupif y slupan. Y no sabes lo contentos y emocionados que están de pasar su primera Navidad en la Tierra después de que les haya explicado su significado. En lo primero que pensó su madre fue en si a los slu... lo que fuera, les gustaría el pollo.
© Jordi Sierra i Fabra 2004/2006
EL POEMA DE NOVIEMBRE
IMPARIDADES SENTIMENTALES (Numerario romántico para una cita)
Un poema para una primera cena Tres horas de un tiempo nunca suficiente Cinco roces que te robaré en silencio Siete miradas prendidas de tu alma Nueve besos aunque algunos ni los sientas
Una noche para soñar a tu lado Tres te quieros para arrancarte un "tal vez" Cinco suspiros cargados de sueños rojos Siete caricias jugando a mil quimeras Nueve abrazos para sentirte muy adentro
Una esperanza llena de futuro Tres promesas como pactos en el tiempo Cinco gritos si te rompieras al amarme Siete vidas las que necesitaría para darte Nueve canciones cantadas en tu Paraíso
Un amor sin que el tiempo nos alcance Tres deseos aunque bastara con uno Cinco sueños para cubrirte de estrellas Siete pasiones desbordadas en la cima Nueve poemas tan desnudos como este
PROLOGO DE "LA PÁGINA ESCRITA", EDITADA POR EDICIONES SM EN SEPTIEMBRE DE 2006 (MÉTODO SIERRA I FABRA PARA JÓVENES ESCRITORES)
PROLOGO DIFÍCIL, PERO CLARO Y CONTUNDENTE, PARA UNA EXPERIENCIA VITAL
No hay un método para escribir. No existe un manual. Cada escritor, en sí mismo, es un mundo aparte, un ente único, diferente, que se guía por instintos, fuerzas incontrolables, pasiones, fiebres y arrebatos mientras se alumbra con el sol de su propio universo. Y hablo de escribir, no de ser profesional o aficionado. Sólo escribir. Pasar horas, días, semanas, meses y años delante de un folio, pluma en mano, o sentado frente a un ordenador, es algo difícil de explicar y analizar, algo que va más allá del placer o la vocación. Escribir es la soledad máxima, y por contra, la compañía global. Tú y tus personajes. Es la libertad. Y la libertad no admite métodos ni manuales. Entonces, te preguntarás qué diablos tienes en las manos. Es una buena pregunta. No lo sé. O por lo menos no estoy seguro de saberlo. No he querido escribir un método o un manual. Sólo intento explicar lo que pienso, lo que siento, y lo que creo que es para mí mismo el arte de escribir. Alejandro Jodorowsky dice que si eres (o te sientes) afortunado, si la vida te ha bendecido con un don (o crees tenerlo), debes compartirlo con los demás, y regalar incluso parte de ello sin esperar nada a cambio. Supongo que yo lo hago a través de mis novelas, pero durante años de charlas en colegios, escuelas superiores o universidades en España y Latinoamérica, hablando de este tema y respondiendo a las inquietudes de quienes sienten de alguna forma esa llama en su ser, me he dado cuenta de que lo que más les interesa de mí es saber cómo escribo. Y responder a ese “cómo” no es fácil. Por esta razón me he arriesgado a ponerlo todo aquí, es decir, a responder esa pregunta y “escribir de cómo escribo”. Compartir mi experiencia con otros candidatos a plumífero también es una forma de llevar aquello que más amo hasta las últimas consecuencias, habida cuenta de que no soy, ni me siento, un maestro, profesor, erudito o intelectual capaz de disertar sobre lo divino y lo humano de la literatura. Cuanto sigue es mi propio universo creativo puesto en solfa, la forma en que trabajo, la manera como funcionan mi sistema y mis neuronas, lo que pienso, lo que me parece importante, lo que siento al plantearme o escribir una novela, un relato o un cuento, y con ello tratar de ayudar, echar una mano para que tú, lector, y tú, lectora, deshagas el nudo gordiano que puedas tener. Y he dicho novela, relato o cuento. Aquí no voy a hablar de poesía, porque esa es otra página con palabras mayúsculas. Más que un "escritor", siempre me he sentido un novelista, un narrador. A veces digo que hay una energía flotando y un público esperando, y que yo estoy en medio, la capto, la convierto en palabras y la conduzco a ese público, a modo de filtro u ordenador capaz de haber dado con su piedra filosofal. Voy a tratar de explicar cómo resolver problemas, cómo crear personajes, como elaborar diálogos, y por supuesto hablaré de la forma en que yo escribo, que es la mía, no la de García Márquez ni la de Saramago o Delibes. Sólo la mía. Técnica, estilo, ritmo, estructura... y guión. Muchos amigos míos me repiten que ellos no podrían escribir con mi manera de trabajar. Y lo mismo me sucede a mí con relación a la suya. Estos escritores (hablando en términos mayoritarios) son los que tienen una idea, unos personajes, y con esto inician una historia. Los dejan actuar y moverse libremente, de manera que ellos conducen el relato y el escritor les sigue mientras va tecleando y tecleando. Y es un método tan bueno como cualquier otro sí les funciona y se sienten cómodos con él. Mi sistema no puede ser más opuesto: hago un guión lo más elaborado posible, y no comienzo a escribir la novela en su versión definitiva hasta que ese guión es un bloque homogéneo y sin fisuras. Elaborando el guión lo pruebo todo, diez, veinte caminos, me detengo, sigo, pienso, corto, tacho, investigo, imagino cada escena como si fuera una película que tengo en la mente. El resultado es que al escribir el libro tengo su control, conozco a los personajes porque soy su padre y su madre, yo los he parido, sé cuántas páginas de extensión me alcanzará la historia, conozco su ritmo, sus secretos, he creado el estilo más adecuado. “Sólo” hay que escribirlo. Por lo tanto, este es MI sistema (Sistema es una palabra más lógica que Método), ni mejor ni peor. Una forma de trabajar tan propia como lo es la suya para cada autor. No voy a dar fórmulas mágicas ni a desvelar nada que cualquiera, con tranquilidad y tiempo, podría hallar por sí mismo. No voy a descubrir nada nuevo, tenlo por seguro. Hablaré de lo que sé y de la manera en que sé explicarlo, con honradez y respeto. Si al terminar de leerlo todo he conseguido aclararte algo, me sentiré satisfecho y honrado. Si puedes aprovechar en tu beneficio aunque sólo sea un pequeño tanto por ciento de lo que sigue, sonreiré feliz. Alguien me dijo al hablarle de escribir este libro: “Los magos no revelan sus trucos al público”. Pero yo no soy un mago. Todos los libros citados en esta obra (así como los fragmentos y/o capítulos reproducidos a lo largo de sus páginas, títulos o meros ejemplos literarios), han sido escritos por mí en los últimos años, desde mi debú profesional en 1972. No hay pues referencias a otros autores o novelas atendiendo a lo expuesto hasta ahora. Sólo puedo explicar lo hecho por mi mismo según ese sistema del que he hablado. Y me consta que algunas de mis teorías son muy opuestas a las mayoritarias y muchas de mis normas son objeto de debate (cuando no de enfrentamiento directo). Así que creo que esto las hace únicas. Una última advertencia para navegantes: voy a hablar del “escritor” en abstracto, en neutro, como queráis llamarlo, refiriéndome tanto a masculino como a femenino, para evitar pasarme todo el libro diciendo el/la escritor/a o buscando construcciones afines. Y esto es una demostración de las muchas decisiones que el escritor debe tomar al encarar cada una de sus obras. Hay muchas preguntas y ha de encontrar la respuesta adecuada para cada una, y si no la encuentra, ha de arriesgarse y lanzarse con la que mejor le parezca de acuerdo con su instinto. ¡Ah, el instinto! (ya salió la palabra). Gracias a todos los chicos y chicas (y no tan chicos ni tan chicas) que en estos años me ha obligado-impulsado a escribir este libro. Feliz viaje.
Jordi Sierra i Fabra, 2006
EL POEMA DE VERANO
ELEGIA # 1
No importa por qué estás vivo: estás vivo No importa por qué vives: vives No te preguntes qué haces aquí: haz algo No importa lo que tienes, sino en qué lo empleas
No importa quién eres, sino qué eres No Importa cuanto hagas, sino por qué lo haces No te preguntes si lo mereces, gánalo No importa cuanto vales, sino si vales algo
No importa de dónde vienes, sino a dónde vas No importa a dónde vas, sino ir a alguna parte No importa a qué parte llegues, sino llegar No importa llegar, sino hacerlo bien
El mundo está lleno de gentes sin rostro Caminando a ciegas al margen del camino Todos deberíamos romper los espejos En los que buscamos reflejarnos desesperadamente
¿Que se siente al poseer el alma de un hombre? ¿Puedes ver el el límite de su frontera? ¿Cuantas veces deberás repetirte que tú eres tú Y que todo el universo está en tu mente?
Todas tus distancias están en mi Pero quisiera que la mía fuese proximidad Cierra la puerta del adiós para darme tu bienvenida Vende una ilusión para comprar un sueño
¿Cuantos amores hacen falta en tu piel Para que sepas qué es el amor? Las manos del viento arrancan destellos En el cuenco de plata abierto en tu sima.
Si los pájaros no están libres de las cadenas del cielo, ¿Cómo huir nosotros de la cárcel de la tierra? Todos los amores del mundo brillan como cien mil soles Y tú tienes la edad de la dulce esperanza
He vivido dentro y fuera de la felicidad Y sé muy bien de qué color es Mis alas nunca me han hecho volar bastante alto Que las tuyas no lleguen a quemarse con el sol
Este es un largo, muy largo camino Sin veredas, sin descansos, sólo horizonte Despegamos hacia la muerte al nacer Sin vuelta atrás, todo hacia adelante
Sigue moviéndote con el mundo, no te pares El tiempo que se pierde es el peor olvido El ordenador grita todos tus sueños Y yo soy el punto de partida, no la Gran Meta
Métete en mis zapatos y verás mis caminos Mira a través de mis ojos y verás mis sueños Siente con mis manos y conocerás mis orgasmos Vive en mi mente y cantarás mi vida
Quitaos las máscaras del genocidio Esta es nuestra tierra común Gritad por los muertos desaparecidos Cantad por los inocentes que ignoran
¿Has oído hablar de la palabra Libertad? ¿Has oído el sonido de las cadenas? ¿Has creído que todo es mentira? La verdad no es más que un soplo de vida
Creo que todos debemos rompernos Que nadie llegue entero al final del camino Una vida por gastar es tan poco Siente que le has dado algo al mundo
Experiencia es como llamamos a nuestros errores Intenta ser libre y nunca mires atrás Dylan dijo: Que permanezcas siempre joven Yo os digo: Que llegueis a viejos colmados
Amame cuando estemos juntos Olvídame cuando me vaya Siénteme cuando hagamos el amor Mátame cuando me muera
Se siempre fuerte, pero cede Se siempre grande, pero aprende a empequeñecer Se siempre dulce, pero déjate un punto amargo Se siempre hermosa, pero sobre todo por dentro
No vueles en círculos sino en linea recta No cedas bajo ningún viento No te rindas antes de la eternidad No camines por calles sin esquinas
Que la vida te dé sus dones Que la muerte llegue muy tarde Que la vida te dé la paz Que la muerte no sea una guerra
El amor es un fantasma transparente Envuélvete en él y escúpele al odio Perdona siempre a quien hayas amado Y no olvides que un día fue tuyo
Vas de camino, hay muchas paradas Nunca llegues al final sin recordar Aunque tus manos un día se quiebren Que tu corazón mantenga tu norte
No deberías envejecer nunca Pero tu piel no es más que una envoltura Ten siempre la edad de tu risa Dejaste semillas que siempre crecerán
Busca tus cielos dentro de la tierra Nada en mares eternos Vuela sobre fronteras invisibles Camina mirando las estrellas
Enciende tus pasiones cada día Descubre quien eres cada noche Amanece como si fuera la última vez Acuéstate libre de odios
Vive por detrás de la desesperanza Vive por encima del rencor Vive por debajo de la vanidad Vive por delante de tu libertad
Vive por todos los que te han amado Vive por aquellos que te despreciaron Vive por cuantos te ignoran Vive por delante de tu libertad
Vive siempre con una sonrisa Vive antes de que te olvides Vive después de haberte dado Vive por delante de tu libertad
Vive siempre en este Universo Vive al límite de la Frontera Vive sabiendo que estás vivo Y escápate del Gran Desfile
(Extraido del libro "Buscando a Bob", editado en castellano por Anaya y en catalán por Barcanova)
EL POEMA DE JUNIO
HAIKUS
Sé más ahora que antes, cuando era viejo Me siento joven.
Extraterrestre: pido asilo político. He de marcharme
La soledad. Su frío viento azul. Nadie se escapa.
EL POEMA DE ABRIL
POSITIVO
Voy a ponerme esta camisa que huele tanto a ti Y a guardar tu cepillo de dientes en mi baño Todos los icebergs se derriten al llegar a mares cálidos Voy a abrazarte eternamente el resto de mi noche Enmarcaré esa foto que nos hicimos en la playa Piensa en mi al saber que me amas Voy a cerrar la puerta y a hundirme en la almohada Cambiaré el mando a distancia de mi vida sólo para ti Cuando llegues al final del camino estaré a tu lado
Todos los corazones se agitan al crecer Todos los corazones sueñan al encontrarse Todos los corazones viven al renacer
Voy a pedir que renueven para siempre la suscripción de tu amor Aún llevo tu perfume prendido en mi olfato Cuando grites mi nombre canta y ríe con toda tu pasión Voy a imprimir tu huella en el fondo de mi alma Y a grabar y copiar el vídeo de nuestra joven película Todas nuestras lunas llenas nos estallan en los ojos Voy a leer la última carta que me enviaste Ahora los días son eternos más allá de ti Nadie cantará por nosotros porque es nuestro secreto
Todos los corazones rien al vivir Todos los corazones cantan al saber Todos los corazones gritan al ser uno
Voy a devorar los libros que son nuestra historia Arrancaré las páginas de todo el calendario Volaré en círculos por el universo para regresar Voy a abrazar tu voz al decirme “para siempre” Pediré una renovación en mi trabajo de ser Si buscas mi rostro entre la multitud siempre lo encontrarás Voy a besar el espejo en el que te reflejaste Y a esperar por todas las noches que usaremos Todos los corazones existen para el amor
EL POEMA DE ABRIL
NEGATIVO
Voy a lavar esta camisa que huele tanto a ti Y a quitar tu cepillo de dientes de mi baño Todos los icebergs se derriten al llegar a mares cálidos Voy a echarte de menos el resto de mi noche Romperé esa foto que nunca nos hicimos Piensa en mi al olvidar que me amaste Voy a abrir la ventana y a limpiar esa almohada Cambiaré el mando a distancia de mi vida Cuando llegues al final del camino no des la vuelta
Todos los corazones se rompen al crecer Todos los corazones sangran al perderse Todos los corazones mueren al despertar
Voy a pedir que borren la suscripción de tu amor Aún llevo tu perfume perdido en mi olfato Cuando grites mi nombre no te tragues las lágrimas Voy a quitar tu huella del fondo de mi alma Y a borrar el vídeo de nuestra vieja película Todas nuestras lunas llenas caben en un cubo Voy a leer la última carta que no me enviaste Ahora los días son eternos más allá de ti Nadie llorará por nosotros porque nunca lo dijimos
Todos los corazones se rompen al vivir Todos los corazones sangran al saber Todos los corazones mueren al olvidarse
Voy a quemar los libros que no leímos Arrancaré las páginas de todo el calendario Volaré en línea recta por el universo para no volver Voy a fingir que no te oí al decirme “para siempre” Pediré una exención en mi trabajo de ser Si buscas mi rostro entre la multitud lo encontrarás Voy a romper el espejo en el que te reflejaste Y a tirar todas las noches que no usamos Todos los corazones existen para el amor
EL POEMA DE MARZO
Dormido sobre los espejos
Hoy, dormido sobre los espejos he soñado que abrazaba tu cuerpo y le hacia el amor a tu alma Hoy, acariciado por el reflejo de tu ser he recordado todas las noches de mi vida en las que fuiste mía y te diste a mi Hoy, callado y silencioso sobre la luz te he dicho que te quiero en soledad deseando despertar al otro lado
Hoy, dormido sobre los espejos quería que ellos fueran nuestra cama mecido por el reflejo de mis sueños Hoy, susurrando tu nombre en un rezo he sentido todo el dolor de tu ausencia perdido de nubes y esperanzas marchitas Hoy, al despertar de este pasado he visto mi sombra transparente caminando descalza hacia la muerte
EL POEMA DE FEBRERO
Inventaré el Día de la Esperanza
Inventaré un cuchillo blando Una bala de lluvia Un cañón de agua y una bomba de miel Inventaré una pistola de pan Una tortura de amor Una mina de papel y un avión de juguete
Inventaré el alma, los sueños y la paz Inventaré tus manos, tu sonrisa y tu piel Inventaré el Día de la Esperanza
Inventaré un hijo lleno de sol Una madre solitaria Un padre sonriente y una hermana luminosa Inventare un país libre Una rebeldía utópica Un viaje a las estrellas y una vida eterna
Inventaré la furia, el cielo y la luna Inventaré tu sexo, tus ojos y tu espíritu Inventaré el Día de la Esperanza
Inventaré un águila real roja Una ballena verde Un elefante blanco y un delfín azul Inventaré un hombre bueno Una mujer que me quiera Un misterio de mentira y una mentira de verdad
Inventaré un libro, la palabra y leer Inventaré tu corazón, tu mente y tu sí Inventaré el Día de la Esperanza
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